DEL TREN BALA AL SUBMARINO NUCLEAR
Junio 7th, 2010
Por Jorge Brinsek
El anuncio hecho por la ministra de Defensa Nilda Garré, en el sentido de que quizás en 15 o 20 años, nuestra marina de guerra podrá contar con un submarino nuclear no deja de constituir una muy lejana utopía ante la realidad de una fuerza naval obligada permanecer en tierra prácticamente todo el año por falta de presupuesto incluso para cumplir funciones mínimas de mantenimiento.
Además no está claro para que se necesita un sumergible de propulsión atómica, en una nación como la nuestra, ubicada en las antípodas de las potencias mundiales que requieren de unidades estratégicas con capacidad de lanzar misiles de destrucción masiva desde cualquier punto del planeta luego de estar meses sin salir a la superficie navegando por los mares y océanos del mundo.
El pasado jueves 03 , y en la proximidad de celebrarse el 7 de junio el Día del Periodista, Garre reunió en un brindis a los acreditados ante su cartera para deslizar el rimbombante anuncio. Quizás no fue su intención, pero la especie fue lo suficientemente tentadora como para dejarla pasar. Y ocurrió lo que tenía que ocurrir: el tema salió publicado… y se armó la polémica.
En rigor de verdad, la Argentina no necesita un submarino atómico, sino una flota de superficie y submarina continental que por lo menos navegue.
Hay un extenso litoral marítimo que controlar, como apoyo de fuerza al accionar de los guardacostas de la Prefectura Naval , una superficie cada vez más codiciada por voraces aves de rapiña que andan de aquí para allá tratando de alzarse con todo lo que se tiene a mano.
En un mundo donde los peces se agotan por la sobrecaptura, flotillas enteras, ciudades flotantes, convergen sobre nuestras latitudes para hacer los estragos más increíbles que pueda uno imaginarse. Ocurre que los barcos llenan sus bodegas con un tipo de pescado, pero descubren, por ejemplo, calamar que es más rentable, y tiran toneladas de lo capturado al mar para hacerse del nuevo producto.
Frente a la inmensidad del océano hay dos tipos de controles. El policial, legislado internacionalmente, que obligatoriamente debe cumplir la Prefectura con sus guardacostas debidamente identificados.
Y el punitivo que, en caso de salirse las cosas de madre, debe estar a cargo de unidades navales que, con un par de cañonazos – uno a proa y otro a popa - pongan en claro que con los bienes de Argentina y de los argentinos no se juega.
Para una explicación mejor. Las flotillas pesqueras piratas son lo más parecido a un caserío precario donde da miedo meterse. Es como que un patrullero policial, solitario, penetre en esas bocas de lobo flotantes donde los buques se cierran sobre su presa, la embisten e inclusive hasta tratan de hundirla para evitar ser abordados y requisados y luego huyen mar afuera internándose en aguas internacionales.
Pues bien, si no hay un destructor, una corbeta o una fragata cerca, con capacidad operativa para perseguir al agresor hasta donde sea, todo lo demás resulta irrisorio para estos verdaderos forajidos del mar que todo lo tienen previsto hasta el hundir sus propios barcos si es necesario.
Y sin embargo la imposibilidad de la Armada de navegar en tiempo y forma impide desplegar – siempre en coordinación con Prefectura - un plan preventivo eficaz y sistemático que ahuyente de los incursores. Ese es el principal problema que se afronta en estos momentos… y que por ahora no tiene visos de solución, salvo lo que se pueda hacer más con esfuerzo, iniciativa y sacrificio que con la plenitud operativa que tienen que dar las políticas adecuadas en la materia.
Es como la historia del tren bala. Todos los días, un millón de personas que fatigan los trenes metropolitanos pasan las de Caín para ir o volver a sus hogares de sus tareas, obligaciones o estudios.
Cuando se los observa colgados de los estribos de los vagones, arriesgando sus vidas, o subidos a los techos de los convoyes, no puede dejar de pensarse en que fácil es hablar para este Gobierno y qué difícil hallar indicios de sentido común a muchas cosas que libremente se dicen.
Jorge Brinsek es director de la Productora de Servicios Periodísticos SA www.prosep.com.ar. Ex Director de la agencia DyN
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