ACERCA DE LA PARALISIS DE LA SOCIEDAD ARGENTINA FRENTE A TANTO ATROPELLO
Octubre 6th, 2009
Por Gabriela Pousa
Exclusivo para Perspectivas Políticas.Info
Quienes tuvimos la suerte de poder viajar sabemos que no existen paraísos terrenales, y hasta es dable admitir que, para muchos, no es fácil vivir en un lugar distinto del cual se ha nacido. Quién sabe si son las costumbres, los afectos, los miedos o quizás una mezcla de todo aquello lo que nos mantiene con un lazo impoluto de este lado del universo…
Ahora bien, aún reconociendo que la vida perfecta no parece tener existencia en ningún país del planeta, es justo reconocer que hay lugares donde se logra un equilibrio exquisito. Por algún vértice que no funciona del todo bien, hay otros que no admiten crítica y de esa manera se sustenta aquello que comúnmente llamamos “calidad de vida”.
El problema se presenta cuando uno habita en la Argentina. No hay forma de equilibrar algo, porque todo falla al unísono por los cuatros costados. Salud, educación, justicia, seguridad, servicios, trabajo, gobierno…
En esta era de la tecnología que no da tregua, ¿cuántas veces hijos, sobrinos o nietos nos preguntan cómo hacíamos para vivir cuando no había PC, notebooks o Play Station?
Y sí, ciertamente, pese a esas carencias, vivíamos. Cómo vivimos también sin teléfono – ya sea por no tenerlo o por tenerlo descompuesto -, sin posibilidad de cambiar el canal desde la cama o de elegir quién estuviera al frente del gobierno, por poner apenas unos ejemplos.
La pregunta que surge ahora es si acaso, por esa melancolía malsana que caracteriza a la idiosincrasia argentina, hay una añoranza supina de aquellos años de supervivencia sin servicios, sin tecnología, y hasta sin derechos. De lo contrario no es fácil explicar cómo es que podemos estar tolerando lo intolerable como inhertes figuras de mármol a las que no las sorprende siquiera, ni el sol de la tarde.
‘Vivimos’ ya sin lo indispensable…
Recientemente, Elisa Carrió habló de “una resignación histórica, brutal de las clases medias, pobres y altas” de la sociedad. “Una resignación histórica a una Argentina de valores, civilizada, justa, desarrollada”.
Personalmente creo que hay algo más que eso. Se trata de un individualismo extremo donde sólo importa el propio ombligo, y donde Narciso perdería hasta la categoría de mito.
Si a ello se le suma la ignorancia, fruto de años de destrucción masiva y sistemática de la educación y la cultura, la fórmula deriva en esto que nos sucede aquí y ahora. Nada pasa cuando todo está pasando…
La población en general, no alcanza a percibir la gravedad de los acontecimientos. Una ley de Medios se limita para una amplia mayoría, a un proyecto que incumbe al gobierno, a los periodistas y a los dueños de canales, radios o revistas.
Ese 40 % de la sociedad sumido en condiciones de pobreza no puede movilizarse en pro de la libertad por cuánto ésta le fue vedada hace tiempo. Ya son esclavos, concientes o no de ello. Necesitan las fuerzas para sobrevivir de sol a sol, no para entender hasta qué punto una ley de ese tenor puede diezmar sus derechos.
En definitiva, el interrogante será: ¿Qué derechos? Cualquiera que hayan sido, les fueron compensados en el mejor (o en el peor) de los casos con planes sociales que terminaron oficiando como mordazas, mucho antes de abrirse el debate sobre los monopolios mediáticos.
Probablemente sería oportuno indagar qué han hecho las clases ilustradas para evitar que se censuraran tantas voces ya. Pero esto es apenas un esbozo de análisis, y aún no he logrado adentrarme en el tema de lleno.
Retomando aquel planteo de los ¿buenos? ‘viejos tiempos’, cabe indagar acerca de esas ganas que parece haber, de regresar a ellos. Volver a vivir sin servicios, sin tecnología, sin derechos…
La gran diferencia radica en que antaño, todo ello, se podía sobrellevar con entereza porque no existía. No teníamos noción alguna de lo que significaba vivir con teléfono, comunicados con el mundo, o habiendo elegido en las urnas al encargado de conducir la administración de la república.
Vendría a hacer algo así como pretender que hoy nos angustiemos por no tener solución a los problemas de estacionamiento porque dentro de X cantidad de años habrá espacios subterráneos magnánimos donde hacerlo sin obstáculo.
La preocupación (en lugar del proyecto) por este tipo de futurología es tan absurda como lo es también despreocuparse por un retroceso que salta a la vista.
Los argentinos nos hemos convertido en cangrejos, vamos hacia atrás, retrocedemos. El “darse cuenta” de las causas es siempre tardío, y sólo llega si somos víctimas directas de alguna afrenta.
El sentido de pertenencia a un todo ha quedado deshecho. Somos piezas aisladas de un juego que otros manipulan sin que tengamos posibilidades de evitarlo, y lo que es más grave aún, sin que querramos frenarlo.
Quizás no estemos preparados para vivir sin problemas. Nuestra propia existencia se torna en exceso nimia sino estamos rodeados de espinas y piedras. Sólo tendríamos que ocuparnos de lo que se es, sin vueltas… Y eso no es algo que pueda hacerlo cualquiera.
No encuentro, hoy en día, otra explicación para “justificar” que estemos presenciando sin titubeo, el secuestro de la vida. Porque, ¿qué es la libertad sino la esencia misma de aquella?
Hoy este es mi humilde razonamiento. Mañana quizás tenga otro, pero, en este trance, lo más factible es que carezca de la posibilidad para exponerlo.
© www.perspectivaspoliticas.info
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3 Comments
Add your own1. Guilermo San Martín | Octubre 7th, 2009 at 9:32
Estimada Gabriela: Dividamos tu discurso. Una cosa es resignarse a vivir sin comunicación y sin tecnología -porque no los teníamos- y otra es subsistir sin derechos.
No hay duda que esto último es muchísimo más grave. Conseguimos la comunicación (a costa de tener dividido el negocio entre dos empresas -que tal vez sea una sola- cuyos clientes son los que más se quejan como consumidores), conseguimos la tecnología (aunque con el atraso que siempre nos caracteriza). Y también conseguimos los derechos (no podemos decir, como Kirchner, que antes de él nadie hizo nada por los derechos humanos). La cuestión es saber conservarlos (o recuperar algunos que este gobierno autoritario nos ha sacado). Y allí viene la segunda parte. A tu mensaje lo veo pesimista. No todo está perdido. En la oposición hay gente de valía. El asunto es que se unan, pero no con una alianza puramente electoralista como la de 1999 que terminó en un fracaso, sino en base a una serie de cuestiones de estado. Creo que todavía estamos a tiempo y que personas con tu mente y tus medios pueden ayudar para ello.
Un abrazo.
Guillermo David San Martín.
2. patricio Oscae Kieran | Octubre 7th, 2009 at 13:44
El punto de la pobreza es un punto critico en una sociedad libre, ya que el pobre solo busca llenar el estomago y olvidar las penas con alcohol o un pako.
Esta en nosotros movilizar cada uno de los instrumentos que nos lleven a ser de verdad libres, pero no es algo espontáneo.
Atentos al grito de MALON!!!
3. Jorge A. Rodriguez | Octubre 24th, 2009 at 15:30
Coincido con Guillermo (post 1) en que el artículo está algo sesgado hacia lo depre.
Justamente hace 2 o 3 días charlábamos con mi esposa que en la Argentina tenemos un muy bajo nivel de socialización. Para decirlo mas claro carecemos de los espacios sociales que en otra época (ejemplo: el Club del Progreso a fines del siglo XIX y comienzos del XX) funcionaban como ámbitos de discusión cívica. Observamos también que hasta la organización social mas básica, que es el la asociación vecinal, está en extinción.
Si esto es consecuencia del individualismo que menciona Gabriela o si es la causa de ese individualismo es un tema abstracto que no me interesa discutir. Pero también es cierto que en el 2002 aparecieron las asambleas barriales, que tuvieron una duración fugaz porque estaban plagadas de gente de una orientación ideológica definida que terminaron por expulsar a la gente común a fuerza de discusiones ideologizadas que no convocaban a nadie.
Nada demuestra que no se puedan reconstruir organizaciones de esta naturaleza que permitan un compromiso mayor de todos nosotros con la cosa pública, yendo desde lo mas simple (el barrio, sus problemas de seguridad, higiene, etc) hacia lo mas complejo: la ciudad, el departamento o condado, la provincia, la nación.
Como toda construcción social, requiere tiempo y esfuerzo. También fe, convicción, compromiso.
Vale la pena.
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