Archive for Marzo, 2010
Martes, Marzo 30th, 2010
Por Gabriela Pousa
Hay veces en que todo esfuerzo por analizar el escenario político se torna obsoleto. Sin duda, este es uno de esos momentos. Los datos que ofreció un matutino porteño este fin de semana hablan a las claras, y cuánto se pueda agregar resulta una obviedad.
Nueve millones de niños pasan hambre en la Argentina. 2.920 mueren cada año por desnutrición… ¿De qué modelo habla la Presidente? ¿Dónde está la virtualidad en la mesa que revela los “platos vacíos” o en aquella otra mesa, una semana atrás en los jardines de Olivos?
Frente a la evidencia, el discurso político hace mella. Sin duda, hay imágenes que dicen mucho más que las palabras. La brecha entre dirigencia y pueblo alcanza niveles estrepitosos, y no vale ser simplistas y creer que ello se grafica en el lujo de unos frente a las carencias de otros. Es menester ir más allá, y advertir que la fatal distancia se halla en las preocupaciones cotidianas. Ahora bien, si son tan magnánimas las diferencias ¿cómo explicar entonces que los unos sean representantes de los otros y hasta electos a imagen y semejanza?
A la sociedad argentina se le cuestiona una pasividad excesiva frente a atropellos que saltan a la vista. Los sucesos acontecidos en la ciudad de Baradero, donde un hecho aislado en apariencia, generó una suerte de pueblada resumida en un grito de “BASTA”, abrió paso a especulaciones varias. ¿Hay un caldo de cultivo preocupante y extendido o el hastío es tan profundo que la reacción es utopía o deseo reprimido de algunos interesados como sucediera antaño?
Lo cierto es que saber qué le pasa al pueblo es el dato por antonomasia que se requiere hoy día para desentrañar hacia adónde va la Argentina. De nada sirve medir imágenes positivas o negativas, desentrañar internas -algunas de las cuáles si se consideran sus protagonistas causan risa-, ni tampoco descifrar cuál es el as que sacará de la manga Néstor Kirchner para ganar la próxima partida.
Hay una sociedad que calla o murmura en voz baja, que parece incongruente pero tiene aristas de coherencia hasta ahora poco analizadas.
Si convenimos que el problema actual es la inflación, se verá que la crítica pasa de boca en boca sin sutilezas, pero más potente que ésta es aún la resignación, y la deflación de las expectativas. Se habla de la política de boicot por no hablar de la resignación.
El argentino medio despotrica contra el aumento de precios pero simultáneamente prepara los homenajes para conmemorar el primer aniversario de la muerte de Raúl Alfonsín, que a esta altura de los acontecimientos se ha convertido en una suerte de estadista casi perfecto. En los benditos ochenta los argentinos, sin embargo, sufrieron una hiperinflación que derivó en una transición política de envergadura.
Este olvido o este hecho en apariencia aislado pone de manifiesto esa baja en las expectativas de una ciudadanía que cree ser o sentirse de primer mundo viviendo en el tercero o incluso quizás en algún subsuelo… Paradojas argentinas con explicaciones más psicológicas que políticas.
¿Por qué los Kirchner deberían preocuparse hoy por la inflación si, al unísono se está practicamente canonizando a quién se le fue la economía de las manos dejando al país con un índice inflacionario que, en el mes de junio de 1989 sin ir más lejos, llegaba al 115%? Podría decirse que el único error que cometió el líder del radicalismo fue no tener un Guillermo Moreno interviniendo el Instituto de Estadísticas y Censo…
En su afán de popularizar los “logros” ya sea el fútbol, la merluza en cuadrados, o el fin de semana largo con foto junto a los lobos de la Rambla con mar de fondo, el gobierno ha hecho lo propio con el ajuste. Hay ajuste para todos aunque diezme con más fuerza a los sectores más carenciados.
Ahora bien, en esos sectores, sin embargo, es dónde menos se rechaza la gestión del matrimonio presidencial. La explicación es clara: el clientelismo ha sido y es la única política económica del kirchnerismo desde su asunción. Eso explica también el afán por las reservas y la negativa a cualquier tipo de coparticipación.
Y no hay desconexión del tema. La sociedad, en gran medida rinde pleitesía a su propia parsimonia, y encuentra en la desidia y el aburrimiento que le proporciona la política la excusa perfecta, conciente o no de ella, para vivir en esa dualidad que mencionáramos al principio: como ciudadanos de primer mundo pero en circunstancias de subdesarrollo casi absoluto. Una manera de no tomar cartas en el asunto, a la espera que otro decida por uno.
Asimismo, la deflación de las expectativas permite que existan un sinfín de pre candidatos a más de un año de la elección y que, de muchos de ellos, no se sepa más que el nombre de pila. Si el pueblo acepta la dádiva oficialista, ¿por qué no ha de aceptar que sea la misma mano quién se la siga dando? Ese razonamiento agita la agenda de Balcarce 50 y propone, con irreverente afán oportunista, generalizar el ajuste de manera tal de aumentar la clientela.
Pascal Bruckner hablaba de la Europa del siglo XVIII como una etapa de llanto perpetuo. Rousseau describía la belleza del llanto liberador, y los enciclopedístas no experimentaban vergüenza a la hora de llorar en público. El siglo XXI, por el contrario parece haber desterrado las lágrimas abriendo paso a lo lacrimógeno: pocos estallidos tumultuosos de llantos desagarradores pero millones de ojos húmedos en una actitud de resignación y humildad frente a “los golpes del destino”.
En términos de Bruckner: “un paso del niño maltratado al animal abandonado”. Así pasan los náufragos desfilando como en una procesión, ávidos de desgracias porque lo que consumen, paradójicamente, son sus víctimas. Un día exhuma a dos chicos muertos por una persecusión de un inspector vial, y los destrona luego sustituyéndolos por un nuevo escándalo.
¿A qué viene esta consideración de índole sociológica si se quiere? Pues a que así funcionan “las misas solemnes de nuestras conmiseraciones”: los dolientes sirven para humedecer el pañuelo, conmueven. Esa conmoción los convierte en mediáticos: los chicos con el plato vacío en la tapa del matutino no insta a actuar sino a compadecerse. Su hambre nos interesa, pero en verdad no queremos ser informados sino emocionados: conducta pasiva que no incita a la reflexión ni a la solución. Se busca unirse al prójimo en un sentimiento característico de comunidad.
“En el espectáculo del dolor buscamos algo de ese calor de paria propio de los humillados”dice el citado autor. Según Hannah Arendt, se trata de una especie de comunicación epidérmica con los necesitados desde la atalaya de nuestros confort.
Del mismo modo como obra este mecanismo en los ciudadanos, obra en los políticos. Excepciones siempre las hay. La diferencia es que los políticos cuando llegan al gobierno se ven obligados por su rol a hacer algo más que emocionarse. Y aquí radica la gran trampa: la acción del kirchnerismo es siempre ratificatoria de un status quo que mantenga el orden de cosas sin alteraciones. Nada debe modificar el escenario afable a sus ambiciones personales. Cuando el gobierno instaura un sistema de subsidios, cuando manda bolsas de comida en época electoral, cuando fija precios máximos, etc., lo que hace es legitimar el aislamiento de esos sectores marginados y convalidar la inflación actual.
“Lo humanitario cuando ocupa el lugar de lo político, se transforma en la cara moderna de la abstención”, dice Bruckner.
Posiblemente así se explique hoy esta convivencia con la inflación que decidió la Presidente desde el mismo momento en que la negó. A mayor ajuste, mayor necesidad de asistencia gubernamental, y en medio de esta escena de conmoción, nada mejor que la mano de Néstor Kirchner ofreciendo la “Caja K”, quizás en una nueva versión de aquello que antes se llamara la “caja PAN”…
Platos Vacios
Platos Llenos
Nota en Economia Para Todos
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Domingo, Marzo 28th, 2010
Por Gabriela Pousa
Con una ferocidad inusitada y con absoluto desparpajo, el gobierno ratificó, una vez más, su modus operandi: la venganza y el apriete como esencia del mentado “estilo K”. Con el mismo uso y abuso que ha hecho de los “derechos humanos” desde su asunción, se valió de éstos para ‘advertir’ al Poder Judicial cuál es su intención. No están dispuestosa a perder. No lo aceptaron el pasado 28 de junio, y mucho menos lo harán por designio de un Congreso que en apariencia le es adverso. Nota para www.economiaparatodos.com.ar
La repentina aparición de una causa por delitos de lesa humanidad contra el padre de la jueza Sarmiento fue de una obviedad apabullante. Si acaso las acusaciones fuesen verdad, la manera que eligió el oficialismo para descubrirlas resultó un boomerang. El gobierno no termina de entender que las formas cuentan tanto como el fondo. Este hecho dejo en claro como serán los próximos pasos. En la Argentina actual, todos estamos en libertad condicional.
El almuerzo en la Quinta de Olivos sumó a ese desentendimiento. Si alguno de sus parlamentarios pensaba que podía debatir alguna orden que emane desde el seno del kirchnerismo está perdido. Las leyes que no sean afables al Ejecutivo tendrán su veto. Para los Kirchner no hay miseria, “los cines y los restaurants se llenan”, dice la Presidente con impunidad manifiesta, habla de “nosotros” como magnos héroes de una epopeya pero simultáneamente deben instrumentar puestos callejeros para que la merluza se venda a un precio capaz de ser solventado por el pueblo. Grotescas contradicciones que saltan a la vista e invalidan el discurso oficialista.
Los obstáculos se salvan con lo más bajo del kirchnerismo: un aparato comunicacional que, en gran medida sigue surtiendo efecto, la foto versus el relato, el amedrentamiento directo o indirecto y el vértigo en la polémica. Obsérvese que ya no se discuten las reservas sino la coparticipación.
Así quedó neutralizado el Congreso. A ese fin cooperó y coopera el hartazgo social que abandona la telenovela del Banco Central sin terminar de comprender quién es el bueno y quién es el malo. Hastío, cansancio. Los temas se prolongan demasiado o se reemplazan para hacer de cuenta que ‘aquí no ha pasado nada’. Esa manipulación cronológica es una habilidad inexpugnable del gobierno Nacional. No están para solucionar los problemas de la gente, están para resistirlos, desgastarlos y mantenerse en sus cargos.
La concepción política oficial sólo requiere del relato y la caja. Lo demás es parte de la guerra que encararon desde el vamos y a la cual, de una u otra manera, manejan a destajo. La base que los sostiene en escena está casi asegurada con las reservas y los dólares que dejará la cosecha sojera. Creen que así podrán respirar hasta fin de año, después se verá. La improvisación es constante, y hasta es fácil cuando del otro lado no hay evidencia clara de un proyecto o plan mancomunado que permita ganarles de mano.
Si acaso no pueden revertir una imagen letal, al menos logran incomodar al resto situándolos en escenarios de confrontación y escándalo. De ese modo todos se hallan cuesta abajo. Todo es funcional al desdén social que deja de prestar atención a una sucesión de imágenes que no terminan de cerrar en un guión. La película se torna insoportable y se impone la foto y la generalización.
Por momentos pareciera que el matrimonio presidencial ganó todas las batallas y no se va más. En otras ocasiones subsiste la creencia de que no lograrán culminar el mandato constitucional. Un año y medio resultan una eternidad, y simultáneamente es muy poco tiempo.
Son lapsos eternos para quienes deben presenciar desde afuera la violencia verbal de un gobierno que le da la espalda al pueblo. Son meses breves para aquellos que pretenden vestir la banda y tomar el cetro. Las ambiciones ciegan pero no tanto como para ocultar lo que ha de quedar cuando los Kirchner cumplan su mandato. Esa percepción paraliza aunque, de la boca para afuera, varios expresen sus afanes por el sillón.
En la sociedad hay cansancio por el exceso de vanidad pero no cabal percepción de una crisis final. Lo único constante es la confusión. La sanidad mental del ciudadano obliga a una retirada veloz de lo que pasa. Eso explica la abulia que caracteriza a los argentinos incapaces de reaccionar frente a tanto mal trato. La gran paradoja nacional hace que en el país se tenga al mismo tiempo un gobierno dictatorial y se esté en la antesala de una anarquía sin igual. ¿Quién gobierna? Nadie atina a dar respuesta.
En el silencio sepulcral de la incertidumbre que todo esto deja, la Justicia surge como redentora, pero la venda pasó de rodear el rostro a atar las manos de sus interlocutores. Los jueces saben que su rol no es decidir el contenido de la legislación. Frente a la amenza directa y las evidencias, se sobreactúa. Si acaso el Poder Judicial ya había visto menguado el prestigio que tuviera antaño, hoy está a un paso de quedar al borde de un mayor descrédito. La Corte deberá arbitrar sin actuar, no es sencilla la tarea.
Los Kirchner llevaron la política hasta la alcoba, la metieron en los cuarteles diezmando las Fuerzas Armadas cuando éstas estaban subordinadas a la Constitución Nacional. La Iglesia no quedó afuera: politizaron los sermones hasta quebrar la tradición del Tedéum en la Catedral. Hoy, la amenaza de un Poder Legislativo independiente de esa “politización matrimonial” abre un nuevo parte de guerra. Entran en alerta, y pretenden ir por el Poder Judicial antes que este avance en la dirección contraria. Contraria a los deseos de la dupla presidencial.
Nuevos frentes de batalla asoman en el horizonte. Los Kirchner están dispuestos a pelear hasta el final. A fin y a cabo, los escándalos, las denuncias, los atropellos que han dado los han traído hasta acá sin que se les exigiera rendir cuentas. Ciertamente están desgastados pero no mucho más de lo que lo están del otro lado. Una fórmula de suma cero.
El mayor peligro que acecha ya no es el autoritarismo de una pareja sino la anarquía de una ciudadanía que sumida en la apatía, autista y a la deriva, comience también a hacer lo que quiera hasta caer en la pesadilla del “sálvese quién pueda”

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Lunes, Marzo 15th, 2010
Por Gabriela Pousa
Para cualquier espectador medianamente desprevenido, la semana que pasó podría ser considerada como tumultosa en lo que respecta al escenario político. Sin embargo, y a pesar de las “victorias” y “derrotas”, tan efímeras las unas como las otras, nada se ha alterado sustancialmente. En rigor, no han variado los problemas que afectan la vida diaria de los ciudadanos. Es más, esos problemas, nuevamente, volvieron a quedar de lado.
Ni la inseguridad, ni la inflación, ni el desempleo han sido temas de debate ni mucho menos aflora en el horizonte políticas concretas capaces de revertir alguno de esos males. La violencia sigue cobrándose víctimas sin que interese en demasía si las mismas habitan countries o villas, los precios oscilan entre la “lógica” de cierta especulación y el “deja vu” de una administración cegada en la búsqueda de culpables, golpistas y personajes capaces de convertirse, de la noche a la mañana, en macabros estrategas de una destitución que sólo halla sostén en la saliva y la oración.
El Congreso de la Nación es el teatro donde se centra la noticia: ¿Treinta y siete senadores son o no son mayoría? Lo serán un día, dejarán de serlo al otro. Así, al menos, lo explican los mismos protagonistas. Oscilan. Lo grave de la situación no es la diferencia ideológica que debiera celebrarse si acaso hubiera democracia en la Argentina, sino la fragilidad moral y la crisis de principios en que se erigen sus conductas y valores. Algunos de ellos, han dejado de ser representantes de su provincia, se auto-representan, son apenas mercancía.
Las negociaciones no pasan por ideas ni convicciones sino por costos, aprietes y favores. ¿Cuánto cuesta una banca vacía? Depende de la hora y del día. La ingenuidad, la astucia, los acuerdos y hasta el concepto de bloque son palabras vacías. Nadie esta seguro de nada en la Argentina.
La oposición es una anatema, un eufemismo de impotencia frente a una hegemonía que se debilita a sí misma. El hartazgo de la sociedad es tan mediocre como lo es el ‘modus operandi’ de la clase política. La mismísima Jefe de Estado enfrenta a todos aquellos que no piensen como ella, pero nadie sabe a ciencia cierta qué es lo que piensa.
Todo tambalea y se escucha hablar de destitución, del adelantamiento electoral, de una huída anticipada sin que haya pruebas de nada. Oratorias sin argumentos generan un clima de ansiedad y desconcierto poco afable a una gestión que pretende perpetuarse hasta el 2020, pero al unísono sirven a un fin superior: la distracción.
Semanas enteras, desde que se inciara el año, hablando de las reservas, de Martín Redrado, de Marcó del Pont, del Banco Central, de los bonistas, de las deudas, del color parlamentario… Temas todos ajenos al común de los argentinos que sólo saben del esfuerzo inútil, el trabajo que peligra y la heladera que ya no llenan. Asuntos que no definen un proyecto de país ni mucho menos un futuro viable donde realizarse. La brecha entre ciudadanía y política se agiganta de esta manera.
El cansancio de la confrontación toca de forma directa al gobierno pero roza a toda la dirigencia. Se está a un paso del viejo slogan que condujo, paradójicamente, a este ‘ahora’. “Qué se vayan todos”: Una fórmula peligrosa para una sociedad que observa como se pelean quienes debieran rendir cuentas. Las mismas caras, la misma indiferencia. La clase media, que sigue como una telenovela esta comedia, descree de cada palabra que esbozan los protagonistas. Entonces se especula con un final de mandato y la versión eriza, en apariencia, al matrimonio que, si bien se mira, es ni más menos que aquel que origina y fomenta el comentario. Los Kirchner necesitan que se dude de su continuidad para hacer del rumor el correlato de lo que está pasando.
“A mar revuelto, ganancia de pescadores”. Y es Néstor Kirchner el único que está con caña en mano. Conoce a pie juntillas las encuestas, sabe que su imagen no tiene retorno pero ello no es obstáculo para asegurarse impunidad. No pretende la Presidencia. ¿Para qué peretenderla si hoy que no la tiene, la ejerce sin problema? El papel de titiritero le sienta y, guste o no, blanqueado el tema u opacado en un laberinto jurídico-parlamentario, llenó la caja con reservas.
El ‘gobierno de caja’ que se instauró cuando llegaron los Kirchner al gobierno es el que sigue rindiendo. Las evidencias son obvias. Del otro lado, la impotencia y la pelea interna no facilitan el cambio. Todos quieren la portada de los diarios pero ninguno es contundente a la hora de proponer una salida a todo esto.
La “oposición” no se equivoca cuando cree que su misión es limitar al gobierno, pero tampoco se equivoca el gobierno cuando sostiene que la “oposición” es un rejunte maniqueo. La disyuntiva para ellos es compleja: si juegan con las mismas armas dejan de ser políticos de la democracia. Si operan por derecha, como se dice vulgarmente, “los acuestan”. No está pues la respuesta.
En este desorden de cosas, las hojas del almanaque caen irremediablemente. Nadie lo advierte posiblemente, pero esa caída es festejada día tras día en Balcarce 50, y a ella apuestan todas las fichas. Ya se han ido tres meses discutiendo la cuadratura del círculo, apuestan a que pasen muchos más con temas de una envergadura similar: trascendentes para las noticias pero ajenos, muy ajenos al pueblo que no entiende.
Con la caja reciclada no compran imagen positiva en la ciudadanía pero se acercan al magro precio de un candidato capaz de representarlos en la próxima elección. La orfandad social en ese sentido es casi total. ¿Quién “enamora” hoy a la gente? La respuesta no está o no la ofrecen desde el arco opositor. La ambición existe en todos probablemente, pero ninguno está seguro de querer tomar el timón de un barco que se hunde.
Las ganas e intenciones no son suficientes y el internismo pone freno a la definción. En ese vacío del desconcierto es fácil advertir quién baraja las cartas buscando posicionar un as en la manga. Por si no quedase suficientemente claro, el personaje en cuestión tiene el mismo apellido que la Presidente de la Nación.

Nota www.economiaparatodos.com.ar
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Lunes, Marzo 1st, 2010
Por Gabriela Pousa
Si acaso es cierto que la vida da sorpresas, mucho más las da la política. Si encima se trata de la Argentina es factible sostener que no existen imposibles a la hora de prever el devenir político del país. En ese sentido, no hay demasiado margen para el asombro aunque parezca contradictorio: todos los que debieron irse por pedido del pueblo, a quien se supone representan, en el 2001 son paradójicamente los que protagonizan la escena y se proyectan a futuro.
De ese modo, Daniel Scioli piensa en la presidencia, y la imagen negativa de la gestión kirchnerista no es óbvice para impedir al matrimonio sus afanes de permanecer, más allá del 2011 en el poder. Eduardo Duhalde, Roberto Lavagna, Carlos Reutemann, Felipe Solá y tantos más son insólitamente, las “caras nuevas”…
Ahora bien, aquello que alteró el panorama la última semana presenta, sin embargo, aristas diferentes. No se trata de regresos aunque muchos así lo crean. Carlos Menem nunca se fue de la política. No sólo gobernó la Argentina durante diez años consecutivos, sino que ocupa la banca de senador por la provincia de La Rioja, y su voto en la Cámara Alta contabiliza. Se olvidaron cómo se hacen las cuentas. Y todo ello no son detalles menores a la hora de prever quién tiene el poder.
La ausencia del ex mandatario generó una serie de críticas, explicaciones y suspicacias que no pasan del rumor y consecuentemente, no aportan nada a lo trascendente del tema. La realidad es inexpugnable: Menem hizo valer el prefijo “ex”, pero más allá de ello puso al descubierto la endeble mayoría opositora en el Congreso. Aquello que se puede discutir es acaso el condimento ético de la banca vacía cuando se requería su presencia para limitar el poder hegemónico del oficialismo en el recinto, pero no mucho más. Y el dato, en el contexto en que se encuentra la Argentina, es anécdotico en demasía.
Del mismo modo lo es escuchar a Cristina Kirchner confesar su desilusión con Barack Obama, y creer que los Estados Unidos por ello, se hacen algún drama… Hace tiempo que estamos fuera del mapa. Y si de comparaciones se trata, escuchar a Michel Bachelet agradecer a los medios de comunicación y a las Fuerzas Armadas su labor ante la tragedia que los sacudió causa estupor en un país dónde la prédica oficial se basa en echar la culpa afuera, el mal trato y la agresión.
Lo cierto es que no puede hablarse de una oposición victoriosa cuando su superioridad pasa por un voto teñido de ideología sustancialmente distinta al resto. El error es festejar a destiempo.
Los tiempos en política no se rigen por la común cronología. Los días superan las 24 horas, y las ansiedades nunca son compartidas. Si hay alguien que en los últimos años ha demostrado manejar a pie juntillas los relojes de la política ha sido Néstor Kirchner. Se adelantó siempre aún cuando ciertas anticipaciones han sido de una amoralidad indiscutida.
La llamada ‘oposición’ no ha podido, hasta la fecha, ganar la partida. Hay una ingenuidad exacerbada en ella que se manifestó con notoriedad cuando el gobierno, tras la derrota electoral, convocó a un diálogo con intermediarios sin capacidad de definir un ápice para establecer una transición ordenada, pero también hay impericia.
El pasado miércoles, esa ingenuidad volvió a hacerse notar. Las traiciones no son novedad, lo son, en todo caso, las lealtades pues no las hubo ni las hay. Es tarde ya para rasgarse las vestiduras, y nadie está dispuesto a tirar la primera piedra a la hora de evaluar quién ha sido fiel a principios y liderazgos en los últimos años.
Más allá de condenas y quejas que no aportan nada al análisis, y sin que interese en definitiva si Menem hizo bien o hizo mal, lo rescatable del episodio vivido en el seno del Congreso Nacional debe dar una imagen cabal de cómo se ha de manejar el gobierno en lo sucesivo frente a un Poder Legislativo que le es, en apariencia más que en realidad, adverso.
El pedido de garantías que hiciera la líder de la Coalición Cívica, Elisa Carrió es un gesto más que no hallará correlato del otro lado del mostrador. Pueden prometer pero la palabra oficial es ya fábula sin ningún dejo de credibilidad.
El último atropello institucional que tuvo lugar en el Congreso es, en realidad, una continuidad de los tantos desdenes que se han hecho a las instituciones desde el mismo momento en que los Kirchner llegaron al gobierno. La metodología kirchnerista actúa en forma inversamente proporcional al poder del matrimonio presidencial: cuanto más debilidad ostentan éstos, mayor es la artillería que han de desplegar. Es de esperar que ahora se agudicen más todavía los aprietes, compra-venta de voluntades, planes alternativos por vías no legales, canje con provincias, carpetas de singular bajeza, etc., etc. Son las armas con que se valen en Balcarce 50. No hay otro plan.
Si se tiene en cuenta la apreciación pública que se hiciera de la figura de Carlos Menem a través de muchos medios de comunicación y adversarios a su política, es factible sostener que no ha defraudado en demasía. ¿Desde cuando se espera la salvación de parte de quién es considerado el hacedor de los males que acechan pese al tiempo que ha pasado desde que culminó su gestión? Menem no defraudó, pero tampoco lo ha hecho ni lo hará Néstor Kirchner: implementará los métodos más violentos del llamado “estilo K” harto conocidos en definitiva por la ciudadanía y la clase dirigente, sea o no política.
Verlo languidecer frente a una oposición débil como ya ha quedado demostrado que lo es, no es la mejor de las actitudes que se puede tener. La fragilidad del gobierno es grande pero también lo es su saña para dañar aún más a todo aquel que no piense igual.
La prevención en Argentina es una palabra eufemística pero bueno sería acatarla para saber que no habrá aceptación ciega de una derrota, y que se redoblarán apuestas aunque para el envido no se llegue a sumar siquiera.

Nota para www.economiaparatodos.com.ar
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