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Archive for Febrero, 2010

LLUEVE SOBRE MOJADO

Domingo, Febrero 28th, 2010

Por Gabriela Pousa

Siempre es alentador empezar con una buena noticia. Y es que, finalmente, después de unos cuantos días, y por obra y gracia de la “claustrofobia” presidencial más que por cualquier esbozo de política internacional, parece que Julio César Cobos dejó de ser “destituyente” (o “cuasi golpista”) Eso explica que Cristina Fernández de Kirchner –después de haber desdeñado el viaje a China - haya decidido viajar a México sin que se sancionara siquiera el inefable proyecto de la diputada Diana Conti según el cuál se inhibe, sin eufemismos, al vicepresidente. Lo deja literalmente como un jarrón chino.

Hecha a un lado la teoría de la conspiración, al menos por un rato, el gobierno sin embargo, sigue adentrándose en caminos sinuosos, consecuencia de su propia elección a la hora de decidir cómo encarar la gestión. La diferencia es que está vez no se trata simplemente de un auto-boicot como los que experimentaron cada vez que se enredaron con algún obstáculo en estos últimos seis años, sino que ahora se enfrentan a esa oposición -un tanto maniquea- pero aglutinada, aunque más no sea, en el Congreso de la Nación.

Es por ello que el horizonte se vislumbra como el clima que ha estado azotando a los porteños. Los conflictos de la política esta vez desembocan en la economía, y las consecuencias se están haciendo sentir en el órgano más sensible de la ciudadanía: el bolsillo. Con estos vacios, la “jurisprudencia” muestra que la paciencia es escasa, y el humor se hace trizas.

En ese sentido, ya no son dos los “adversarios” que los Kirchner hallan en el camino de la supervivencia. A la Corte Suprema y al Poder Legislativo deben sumar el sino de una población que ha demostrado soportar la mentira y el mal trato pero que no está dispuesta a ajustarse, nuevamente, el cinturón.

La sociedad argentina, en ese sentido, puede dividirse claramente en dos: aquellos interesados por la política, y aquellos que viven el día a día alejados de los detalles aunque deriven en complicaciones para sus propios planes. Los primeros atenderán una semana donde el protagonismo ya no pasará por el Ejecutivo sino que estará dominado por los dos poderes restantes. Los segundos seguirán a pie juntillas los datos de las góndolas y las carnicerías. Ese es el “diario” que ellos leen día a día.

Ahora bien, la reacción de ambos sectores puede unificarse sin que importen las diferencias. Los Kirchner no quieren la gente en la calle. Y las calles han dejado de ser propiedad indiscutida del matrimonio presidencial. Las fuerzas de choque que supieron construir creando las famosas “contra-marchas” cuando se movilizaba en pro de la seguridad, etc., no logran sumar a la hora de contrarrestar el mal humor general.

Si como ejemplo basta un botón, obsérvese las primeras reacciones a los cortes de energía provocados por la última inundación. No importó que la medida haya sido para preservar la integridad física. La furia de los damnificados se hizo sentir en los diferentes barrios. Es un dato.

El malestar ya está. No es sólo contra el gobierno de la ciudad sino contra los políticos en general. Se ha esperado demasiado la reacción de aquellos que resultaron electos el pasado 28 de junio. Hay cansancio y desgano, pero el momento parece haber llegado.

Esta es pues, una semana decisiva para que la representatividad del sistema demuestre que la democracia no ha pasado del todo a ser un anatema. Pero no todo pasa por el Fondo del Bicentenario y las reservas. Hay más problemas en agenda, todos los que se dejaron de lado durante más de seis años.

Así las cosas, la negociación con los gremios, con los grupos sociales, y con los empresarios será más ardua de lo que ha sido antaño. Frente a un gobierno debilitado, todos son guapos. El liderazgo de Néstor Kirchner no ha desaparecido pero ha menguado, no sólo por la sinrazón de crear enemigos por todos lados, sino también por el mal trago sufrido semanas atrás con el colapso de la carótida. El ex mandatario aparece en escena como un hombre vulnerable, antes parecía que no lo era. No es un detalle.

Si algo ha influido en la política argentina de los últimos años ha sido el carácter y la personalidad del ahora diputado. No es dificil prever que su retorno será con una mayor demostración de poder. La ecuación sin embargo es simple: el alarde que se hace de este es proporcional a la carencia que se tiene.

Una última observación: No hay duda, llueve sobre mojado, y la baraja no tiene más que cuatro ases para sacar de la manga. Kirchner, sin embargo, ha salido airoso de un sinfín de obstáculos. Ahora se enfrenta a un brete harto complicado, mas no hay un dato fidedigno ni una oposición con proyección de país y liderazgo que haga pensar que esta batalla, que comienza con la semana, es definitiva. Es cierto que el tablero muestra una pérdida de piezas sin parangón, y los movimientos difusos del gran jugador hacen que el “jaque mate” asome, en cualquier momento, como única opción.

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¿Y SI LLAMAMOS A UN MÉDICO?

Lunes, Febrero 15th, 2010

Por Gabriela Pousa

Ella se había enfermado en el transcurso del fin de semana, quizás antes, posiblemente la mañana del lunes. Un dato sin gran trascendencia para el propósito de esta historia. Los síntomas no eran al comienzo fácilmente observables, al menos a simple vista. Sus padres estaban separados o algo semejante. Había pasado el último domingo en compañía de su progenitor, esos acuerdos un tanto peculiares pero tan comunes en estos ‘tiempos modernos’. Al regresarla al hogar materno, la rutina se hizo palpable. Esas ideas y venidas eran moneda corriente, costumbre que ciega de alguna manera.

Para mediados de semana, entre miércoles y jueves -no altera el sentido de esta trama definir con plena exactitud la fecha-, la fiebre comenzó a subirle sin tregua. El viernes, la temperatura ascendía a 40 grados y allí seguía ella, en su dormitorio, tendida en una cama sin que nadie la atendiera. Los padres estaban concentrados en ver quién ganaba la puja por ocupar el sitial del culpable.

Mientras la enfermedad avanzaba, en el living, los ex cónyugues discutían. Se echaban mutumanete la culpa. La madre sostenía que había pasado frío el domingo durante la salida. El hombre aseguraba enfáticamente que la había devuelto en perfecto estado de salud. Gritaban, peleaban, matizaban la cuestión con otros conflictos anteriores que había tenido la pareja. Así, pasaban los minutos, las horas, los días…

Lo cierto es que no se llamó al médico. En el fragor de la discusión no había tiempo para ello. Lo que era una simple gripe derivó en neumonía. No es necesario darle un final trágico a este relato. Cada lector sabrá interpretar qué hubiese sido mejor ante la irrupción del primer síntoma.

¿Qué tiene que ver esto con la realidad política argentina? Si aún no se adivinó, esa niña agonizante puede ser metaforizada como el país donde se habita. ¿Tiene trascendencia cuándo comenzaron los primeros signos de inflación si tenemos en cuenta que quienes ocupan el Ejecutivo están allí desde hace casi dos períodos? Si el alza de precios se evidenció en el 2007, o se percibió en el 2009 no altera en demasía el actual estado de la doméstica economía.

La enfermedad estaba y está, pero se sigue discutiendo quién tiene responsabilidad sin llamar a un especialista que diagnostique y emprenda un tratamiento que redima.

Los países no se mueren, es cierto… pero tampoco estemos tan seguros de estar vivos aunque respiremos. Hay un sinfín de variables que establecen qué es esa suerte de slogan que usan los gobiernos cuando refieren a “la calidad de vida”. En Argentina, aquello es apenas una frase hecha, una utopía.

Si acaso para algunos, haber viajado a la costa un par de días es sinónimo de bienestar y paz, aquello que falla no es sólo la autoridad sino también quién erra es ese grueso social que se queda sumido en nimiedades pasajeras. Antes o después, la playa se queda vacía y el mar se lleva la mentada “calidad de vida” de esos escasos días que se nos han vendido como eufemismo de “turismo”. Si encima se lo analiza: turismo gasolero o berreta en demasía…

Observar cómo se discute, hoy por hoy, el alza de la carne y escuhar teorías tan insólitas como ficticias que van desde el enriquecimiento de productores oligarcas “cuasi golpistas”, a almaceneros que especulan, o hasta un pueblo que, de tanta plata que atesora, no hace sino consumir a toda hora elevando el precio en las góndolas, no deja margen para un final feliz de la historia. La gripe puede devenir neumonía.

Uno de los voceros presidenciales osó decir que el gobierno nada tiene que ver en el alza de precios. Un ministro directamente negó que tal cosa esté sucediendo, y habló de “reacomodamiento”.

Posiblemente este reemplazo tan maniqueo de términos explique el por qué, esa misma gente, habla de democracia como si ésta, actualmente, tuviera existencia en esta geografía …

El grado de orfandad del pueblo en materia política es tan grande que, de la noche a la mañana, cualquiera que emita un epíteto en contra del gobierno puede convertirse en candidato a la banda y el cetro. No interesa que esboce ningún plan de gestión. Puede ser un un hombre probo o el más ignorante y necio. En síntesis: cualquiera.

A ese punto se ha llegado en la Argentina. Basta con que se anime a emitir una crítica después de un lapso demasiado extenso de miedo traducido en silencio ( y cómplice en muchos de ellos)

Se dirá que es estrategia pero en realidad responde a la necesidad acuciante de una ciudadanía que requiere urgentemente un referente político para poder hallarle sentido a aquel slogan al que aludíamos: “Calidad de vida”, y mantener la ilusión aunque sea por unos días.

De ese modo, ayer fue Julio Cobos, hoy es Carlos Reutemann. Uno vió limitar sus intenciones, sus planes y objetivos para sacar a la Argentina de la gripe (si es que puede evitarse la neumonía) con cinco palabras: “Mi voto no es positivo”. El otro, poco sutil, aumentó su imagen positiva por decir lo que muchos piensan pero aún no se atreven a esgrimir: “Vamos a estar contentos si en el 2011 no se ‘afanaron’ la Casa Rosada y la Plaza de Mayo”.

(En cierto sentido, a esa Plaza se la han apropiado hace tiempo aunque ya se haya olvidado el episodio de los bolivianos echados de allí cuando intentaban hacer un reclamo)

Si mañana amanecemos con algún iluminado esbozando otra teoría sobre la escalada de precios que no refiera necesariamente a la vaca, a su dueño o a quién nos la vende detrás de un mostrador, es posible que adquiera su segundo de fama para transformarse furtivamente en el redentor de la Patria. Puede ser: cualquiera. La demanda del pueblo ya es en extremo conformista.

Tanta discusión previa por las ideologías (muchas de ellas sin ideas), tanta división del país en derechas e izquierdas obsoletas, no dieron fruto a juzgar por los “requisitos” que se le solicitan o que ofertan quienes se suben a la carrera proselitista como si la elección presidencial estuviese cerca. El conformismo más simplón ganó la calle, y posiblemente gane también dicha elección.

Los países serios demuestran que lo primero es atender la gripe sin que interese demasiado cuándo se han enfermado, ni quién es el chancho, ni quién lo alimentó. Lo importante es que no avancen los síntomas. El llamado al médico y al más probo de los especialistas, sin urgar inútilmente si firma la receta con mano izquierda o derecha, es lo prioritario en sociedades donde la salud que desvela y pone en jaque a un gobierno completo no es la de un ex mandatario sino la del pueblo. Nada sutil la diferencia…

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REDENTORES SIN REDENCIONES

Lunes, Febrero 8th, 2010

Por Gabriela Pousa

(Análisis Pre-Quirúrgico)

Es muy dificil analizar el escenario político cuando todo lo esencial termina siendo más de lo mismo. Pocas son las novedades aún cuando el vertiginoso ritmo de las noticias parezca demostrar lo contrario. Todo cuanto acontece en los últimos días, incluso meses, no es sino un reflejo cabal de aquello que sucedía antaño cuando el matrimonio presidencial desembarcaba en Balcarce 50, y establecía el mentado doble comando.

El episodio del Banco Central con sus protagonistas convertidos en héroes o villanos, no hace más que referir a otros casos en lo que pudimos evidenciar idéntico atropello institucional. ¿O qué fue acaso la irrupción de Roberto Bendini al frente del Ejército? Un atropello a las Fuerzas Armadas, ni más ni menos. Tiempo después, debió partir sin que nada se supiera siquiera de aquella causa donde se le acusaba por comprar regalos para casamientos con fondos del Estado. Ese personaje gris pasó sin que se recuerde su significado.

Del mismo modo pasó también Felisa Micelli por el Ministerio de Economía con su bolsa dentro de un armario, en el cuarto de baño: un préstamo que le hiciera su hermano… A su vez, Ricardo Jaime sigue viajando, y nadie sabe a ciencia cierta qué fue de aquel avión tan enigmático capaz de ocupar durante semanas la portada de todos los diarios.

Así, un sinfín de funcionarios han dejado despachos sin que la Patria les demandara un ápice. Es cierto que la Justicia tienen sus tiempos, y es posible que todos o algunos de ellos deban recorrer los pasillos de tribunales en algún momento. Pero los calendarios, en este aspecto, se hacen demasiado largos y densos…

Mientras, los argentinos se detienen en las cuestiones más insólitas, creídos que se han de convertir en puntos de inflexión o en bisagras de la historia. Sin embargo, todo pasa y la costumbre amansa aún más a un pueblo que nunca termina de reaccionar. Y no se trata de revoluciones ni mucho menos. Se trata de exigir acciones democráticas a un gobierno que ha dejado de lado a la democracia hace ya mucho tiempo. No es suficiente con que la ciudadanía los haya votado si tras ello, se ha ido de atropello en atropello, devastando las instituciones, y reemplazando escándalos como si estos fueran capítulos de una novela que protagonizan ajenos o extraños…   

Se les ha perdonado tanto durante seis años que parece insignificante, de repente, esta acusación que se le hace a Néstor Kirchner por la compra de dos millones de dólares. Hay que sincerarse: pretender una conducta ética de parte de quienes han socavado todos los valores, y trastocado la moral a punto tal de sumirnos en una crisis de principios sin envergadura, resulta ingenuo por demás. Sin embargo, quizás reconforta pensar que Al Capone no cayó por sus crímenes sino por evasión impositiva… 

Ahora bien, admitamos que este episodio de los dólares puede pasar en breve como ha pasado Skanska, Grecco, la valija de Antonini, el enriquecimiento magnánimo de los secretarios del matrimonio Kirchner -y de ellos mismos-, considerado incluso como “lícito”. Lamentablemente el ritmo de los escándalos es tan veloz que mañana podemos estar preocupados por un tema sustancialmente distinto al que nos ocupa hoy. Sin embargo, el fondo sigue siendo el mismo aunque a la superficie asomen temas que nada parecen tener que ver unos con otros.

En primer lugar, el epicentro donde se han originado todos los horrores y errores que han sacudido al país en los últimos años tiene dirección en el mismo lugar donde se halla el Poder Ejecutivo. No es un detalle menor. Desde allí se tejen y destejen los problemas sin que a ninguno se les de cabal solución. Por otra parte, la ciudadanía se aferra a providenciales que se erigen héroes apenas unos días.

Así es como Alfredo De Angeli figurara primero en todas las encuestas de imagen positiva cuando estallara la crisis del campo, crisis que hoy en día se evidencia en góndolas y en la imposibilidad de comprar aquello que en la Argentina fuera prácticamente el plato del día.

Posteriormente, Julio César Cobos irrumpió como el salvador por su “voto no positivo”. Hoy ya resulta traidor por haber avalado el desplazamiento de Martín Redrado en comunión con el oficialismo, sin conocer los fundamentos de su escrito donde esgrime que debería aceptarse la renuncia – en concordancia a lo sugerido por la UCR-, pero destacando que la defensa de las reservas fue correcta.

En fin,  ¡cuán furtivos son los ‘redentores’ de un país que se ha quedado sin héroes y sin próceres gracias a los “revisionismos” fatídicos de seudo historiadores!

Hace unos años, el Obispo Joaquín Piña marcaba –ilusoriamente- lo que sería el ocaso de la reelección. Hoy es apenas un recuerdo de otra vana providencia que se ensalzó como bendición. Idéntico rol lo tuvo el juez Manuel Blanco cuando irrumpieron las “candidaturas testimoniales”, un eufemismo de estafa sin parangón. Al tiempo, resultaba electo legislador Daniel Scioli, Nacha Guevara, Sergio Massa, etc., etc.… 

Meses atrás, la sociedad entera fijaba su mirada en otro providencial que duró lo que dura un castillo de naipes cuando sopla el viento. El senador Guillermo Jenefes (Jujuy)  tuvo en sus manos la libertad de expresión. En él se depositó toda la esperanza, y así terminó. Otro desfalco a la ilusión.

Hoy por hoy, frente a la necesidad de limitar el uso de decretos de necesidad y urgencia, y sobre todo ante la defensa de las reservas, puede que aparezca otro senador como Carlos Verna (La Pampa) asumiendo el papel de redentor sin redención. Otro personaje capaz de convertirse en el ‘Jenefes’ actual aunque ese rol sea ilusorio, y diste de ser realmente una solución. Pruebas al cántaro.

Posiblemente no pueda pedirsele más a una oposición que no comprende demasiado cuál es su función. En ese caso, no debe asombrar que de aquí al 2011 sólo haya un protagonismo indiscutido: el de los Kirchner ganando la iniciativa y encabezando el saqueo final de la Argentina.

Si la sociedad no aprende a distinguir quién es quién, y sigue conformándose con “salvadores” mediáticos, furtivos y vanos, la certeza de un verdadero cambio en la política nacional se convierte en una utopía muy dificil de alcanzar.

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UN MES MENOS Y ONCE MESES MÁS…

Lunes, Febrero 1st, 2010

Por Gabriela Pousa

Terminó el primer mes del  año y del mismo se desprende claramente como seguirán los próximos once meses. Ese dato no emerge de prestidigitación alguna sino de la concepción política de los Kirchner, corroborada una vez más en estos últimos 30 días. En rigor, su metodología siendo la misma que  han aplicado desde su asunción al poder en el año 2003, aunque también puedan observarse idénticos lineamientos instrumentados tiempo atrás en los pagos santacruceños.

Así como enero se caracterizó por un nuevo atropello de la Presidente hacia una institución como el Banco Central, mediante el uso de un decreto de necesidad y urgencia (paradójicamente innecesario y con premura inexistente si consideramos que los fondos para el pago de la deuda le fueron aprobados con anterioridad en el Presupuesto para este año), febrero y los meses consiguientes seguirán enfatizando el “modelo”. Es decir, el modelo del atropello, con actitudes irreverentes, contrarias a la ética, y alejadas sustancialmente de la letra preclara de la Carta Magna.

No se trata de una descripción caprichosa sino de los calificativos que encuadran los actos del matrimonio presidencial con una rigurosidad que, muchas veces, espanta.

Si bien la costumbre aplaca el asombro, un buen síntoma que se evidencia – aunque con bastante irregularidad – es precisamente la reacción de esa suerte de conglomerado amorfo que conforma aquello que con un exceso de voluntarismo se da en llamar “oposición”. Esta reacción de dicha heterogeneidad que surge en el escenario nacional, aglutinada en un Congreso en transición, no se observaba meses atrás cuando los Kirchner actuaban de idéntica manera, sin respeto por la ciudadanía y mucho menos por la institucionalidad. Las complicidades fueron muchas y el silencio fue, sin lugar a dudas, una forma de apañar conductas contrarias al espíritu de una verdadera democracia.

Ahora bien, considerando las aspiraciones y ambiciones individuales que convergen en el renovado recinto, es difícil afirmar si estas reacciones que hoy surgen con la intención de frenar más atropellos y saqueos por parte del Ejecutivo Nacional se continuarán en lo sucesivo o terminarán fagocitándose y diezmándose a sí mismas, menguando la limitación que se pretende imponer al desenfreno de la hegemonía oficial.

Es menester no olvidar que no se ha logrado unidad de bloques más allá de lo meramente circunstancial, justamente por esos intereses particulares en cuanto a cargos futuros que suelen primar frente al interés general. Esta realidad se presenta como el talón de Aquiles, y es lógicamente el centro dónde Néstor Kirchner apuntará de aquí en más.

A su vez, la crisis financiera de las provincias que requiere en sí misma un estudio mucho más profundo para entender su causal, parece ser el próximo objetivo del gobierno. Lo cierto es que el matrimonio presidencial no está dispuesto a seguir adelante con un poder legislativo que le sea obstáculo para su principal finalidad. Es posible que esta ya no pase por la perpetuidad en Balcarce 50 sino más bien por la consagración garantida de alguna suerte de impunidad que le permita esperar el fracaso de otra administración, a sabiendas que le dejarán un escenario devastado y en extremo complejo de gobernar.

Si acaso los Kirchner consideran que pueden ganar la futura elección presidencial, el análisis debería realizarlo un especialista en salud mental.

La peculiar estrategia para cambiar su imagen que en estos días esgrime la Presidente modificando su manera de hablar e incursionando en fábulas un tanto fantásticas, no aportan un ápice a la negativa concepción de su persona que ya se arraigó con fuerza en el grueso de la sociedad.

Este dato tampoco debería menoscabarse si se recuerda el desapego de la pareja presidencial hacia los cánones democráticos, y más aún hacia la constitucionalidad. No se puede descartar que uno de los propósitos del mentado Fondo del Bicentenario apunte en forma directa a la persecusión de “clientes” que desvirtúen el voto popular. Y uno de los pilares de la democracia es el libre albedrío del elector. El hecho de concurrir a votar casi compulsivamente no implica la vigencia o continuidad de un régimen democrático ni legitima a un gobierno como tal.

Pero retornando al calendario político que nos depara el año, está claro que él mismo responde a las necesidades particulares del Ejecutivo Nacional mucho más que a las necesidades intrínsecas de la sociedad.
El gobierno necesita ganar tiempo. La carencia de políticas de Estado que den solución a los problemas reales que hay, y de un modelo económico concreto (hasta ahora sólo se han observado medidas improvisadas tendientes a tapar agujeros con consecuencias que van más allá de los índices de crecimiento) dejan ver que el tiempo es el recurso que tenderán a dilapidar los Kirchner casi como lo han hecho con los recursos fácticos.

En ese sentido, los escándalos, los problemas que ellos mismos originan aunque echen culpas afuera a diestra y siniestra, las denuncias de conspiraciones inexistentes, de complot o de crisis foráneas que, paradójicamente, afectan más a la Argentina que a los países donde se suceden estarán a la orden del día. Todos los sectores que conforman la vida cívica y política están pues en la mira. Eso debería generar alguna suerte de ‘solidaridad’ para que no sea necesario luego recordar los versos de Bertol Bretch con melancolía tardía.

Así las cosas, el año se presenta turbulento por decisión oficial. Néstor Kirchner necesita de la crispación para su subsistencia. No sabe moverse en la convivencia civilizada basada en el diálogo y la negociación parlamentaria. De allí que hasta la última constitución de la bicameral para analizar el tema del Banco Central resulte inútil aunque sirva para retornar al mundo de las formas, usos y costumbres que el matrimonio también hizo colapsar. 

El gobierno seguirá en rumbo de colisión planificada, es decir saliendo de un obstáculo artificialmente pergeñado para entrar en otro sin solución de continuidad. Nada peor podría pasarle a Néstor y Cristina Kirchner que hallarse, de repente, frente a un escenario donde tengan el paso liberado, el camino allanado, y deban demostrar una gestión que no esté viciada de fracaso.

Por esta misma razón no cabe ya demasiado asombro frente a los desatinos que seguirán sucediéndose de aquí en más. Esas crisis casi enhebradas unas a otras responden y responderán  a la metodología y al ya conocido “estilo K”.

A través de la distracción con infortunios como el del Banco Central y la instauración de enemigos elegidos repentinamente, es cómo los actuales inquilinos de Balcarce 50 se aseguran llegar al 2011 donde, en el mejor de los casos, modificarían nuevamente las reglas para adelantar un comicio que no los deje sin residencia a perpetuidad, aunque deban mudarse durante un periodo o más, en el cual deberían dar explicaciones de tanta pudredumbre que ha de asomar cuando se abandone el relato y se imponga la realidad.

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