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Archive for Diciembre, 2009

FIN DE AÑO (SIN MARGEN PARA BALANCES)

Miércoles, Diciembre 30th, 2009

Por Gabriela Pousa

 

Final de Año
Ni el pormenor simbólico de reemplazar un tres por un dos
ni esa metáfora baldía que convoca un lapso que muere y otro que surge 
ni el cumplimiento de un proceso astronómico
aturden y socavan la altiplanicie de esta noche
y nos obligan a esperar las doce irreparables campanadas.
La causa verdadera es la sospecha general y borrosa
del enigma del Tiempo; es el asombro ante el milagro
de que a despecho de infinitos azares,
de que a despecho de que somos  las gotas del río de Heráclito, perdure algo en nosotros: inmóvil.  Jorge Luis Borges

No es simple escribir una nota a fin de año. En primer lugar porque los balances en la Argentina actual carecen de sentido, y en segunda instancia porque la misma nota escrita en diciembre de 2008 podría volver a publicarse hoy, acá, sin alterar un ápice. ¿Qué indica ello? Doce meses de perdida de tiempo, desperdicio de oportunidades y retroceso.

Comenzado el verano 2009, un análisis de mi autoría, en este mismo sitio, avizoraba una carrera proselitista que ofrecería matices más que interesantes. Hoy, paradójicamente, sin año electoral delante, se observa idéntica escenografía.

Copiando textualmente sostenía: “ Es la primera vez que puede dejarse de lado el actuar kirchnerista. De hecho, el matrimonio presidencial no hará sino lo que ha venido haciendo desde su asunción al poder. Fracasada la transversalidad y sólo lograda la obsecuencia ‘necesaria’ para poder morder algo de la caja oficial, Néstor Kirchner se dedicará a la reconstrucción de lo que ya le falló. Para ese fin, todos los medios serán legitimados, hasta el más ruin. En 6 años han mostrado ser capaces de lo impensable. Se ha violado la Constitución Nacional, se avasallaron instituciones, se construyó una suerte de revisionismo histórico que les fuera funcional para reemplazar la historia local, y se ha mentido en forma descarada.”

El párrafo del informe remitido a fines de 2008 nos deja el sabor amargo de su cumplimiento a pie juntillas. Durante el 2009 se han “legitimado” las formas más precarias de hacer política y la “cooptación”, compra y venta de voluntades ha mostrado hasta qué punto llega la crisis moral y ética en la Argentina.

Lo grave en este final de 2009, que se presagia casi como la meteorología: de grises plomizos a tormentas torrenciales con mejoramientos temporales, es la reiteración maniquea de situaciones e incluso de oratorias harto conocidas, proclamadas por actores cuyos ‘dones’ tampoco escapan al dominio público.

Nuevamente es Eduardo Duhalde versus Néstor Kirchner, y esa “cosa ezquizoide” en que se ha convertido el justicialismo (al decir del jeque bonaerense). Junto a ello, cuarenta millones de argentinos rehenes de esa situación. Todo inútil y poco productivo. Nada conducente con el sueño de un país que merezca, simplemente, ser vivido.

Terminar el año con una batalla campal entre intereses espúreos por demás es tan triste como presagiar un 2010 donde las oportunidades se vuelvan a perder y el descontrol, la anomia y el hastío vuelva a ganar al pueblo argentino. Hay una alarma que suena previendo que pueda regresar esa maledicencia de “tregua” que suele darle, sobre todo la clase media, a la dirigencia y cuya explicación requiere más que un análisis político, un exahustivo estudio del “ser argentino”.

Si bien, la derrota de los Kirchner es perenne, y hasta me atrevo a decir que de la misma no se vuelve, hay posibilidad aún de caer en una apatía que nos ciegue nuevamente gracias a otro receso veraniego o verano recesivo, mejor dicho.

Es como si el calor nos sumiera en un vaho de olvidos, o como si el organismo no pudiera ya acumular más decepciones y azotes. Por eso se permite quizás que, sin estar resueltos los problemas perentorios de la gente, se escuche debatir gabinetes absurdos, o mismo se trencen en una guerra singular una jueza de la Corte Suprema de Justicia con el Jefe de Gabinete Nacional.

Insensateces que sólo pueden tener cabida en un país a la deriva donde ni los principios básicos de convivencia, ni el respeto por la ciudadanía tienen vigencia ni mucho menos supremacía.

Se seguirá esperando providencias como sucediera en el año que termina: del mismo modo como se aguardó el 28 de junio creyendo que sería un punto de inflexión, y luego se esperó el 10 de diciembre como clave de un cambio todavía demasiado verde, se ha de añorar la llegada de Marzo como mes emblemático, y así sucesivamente. Pareciera que la paciencia de quienes habitan estas geografías es infinita. Sólo se conoce una metodología de protesta que apunta a cortar rutas, calles y pasos en detrimento de otros ciudadanos.

Mientras eso sucede, el gobierno sigue desestabilizándose a sí mismo a fin de apelar, en cada uno de sus fracasos, a la conspiración inexistente, a los “golpistas” sepultados hace años, a las “oligarquías” diezmadas por fraudulentas administraciones capaces de convertir al granero del mundo en tierra saqueada.

Pese a tanta incertidumbre de futuro y de salida, ¡qué predecible se vuelve la Argentina! Los diarios de los doce meses venideros pueden redactarse con tristísima anticipación aunque la esperanza sea lo último que se pierde.

Probablemente quienes tengan el mayor desafío en esta nueva etapa que se inicia sean los medios de comunicación. Ya los políticos, lamentablemente, han perdido su crédito y el cheque en blanco no les es más otrorgado. En cambio, el periodismo si recobra el rumbo, es decir su función y rol de servicio, tiene en sus manos la opción de reivindicar cierto pasado turbio, cómplice, poco claro. Si en cambio, decide dedicarse a mostrar las modas del verano, las playas top, o adentrarse en los escándalos de vedettes y amantes despechados, la posibilidad de caer nuevamente en la estupidez magnánima surge como la peor de las amenazas.

Los problemas que acechaban al país hace doce meses no más, siguen acechando, y aunque haya que apostar a la ilusión, es muy difícil que eso cambie si tenemos en cuenta quienes son los protagonistas que dicen tener el poder de revertir tamaña situación. ¡Son los mismos que la crearon!

Qué cada argentino, en este brindis de fin de año, recree sus sueños y expectativas poniendo el eje de atención en lo esencial que es aquello qué cada uno puede – de una u otra manera – realmente manejar: sus afectos, sus amigos, su quehacer individual para sumar a la sociedad. En una de esas, cambiando cada uno, el efecto se multiplique y a la larga se pueda escribir un balance final donde lo sembrado no derive en malezas ni dependa de “los sospechosos de siempre” como titula una afamada película hollywoodense.

Mientras tanto, asumamos que pasamos doce meses siendo actores de reparto pero en un teatro de tercer mundo, en celuloide barato, demasiado barato.

¡Qué el 2010 sea lo que debe ser…, teniendo en cuenta que los fines no justifican los medios pero los medios sí, determinan la naturaleza del fin a obtener!

diarios-argentinos-mediacomunicacion
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BRINDAR POR EL “DARSE CUENTA”

Lunes, Diciembre 21st, 2009

Por Gabriela Pousa
 
Se va el 2009 y con él un año más desperdiciado lastimosamente para la Argentina. En rigor, poco importan los almanaques cuando el presente es el único tiempo verbal que puede utilizarse. Ningún habitante de estos pagos está seguro de lo que puede depararle el futuro, y al hablar de futuro no hacemos mención a medianos ni largos plazos sino tan sólo a la próxima semana, a los próximos pasos.

¿Acaso los argentinos sabemos si en las horas que siguen podremos transitar por la ciudad, sobrevivir a un atraco, o comprar con la misma plata lo que ayer comprábamos en el supermercado?

Ni siquiera tenemos la certeza de quién gobierna, si acaso hay alguien que gobierna… Ya da lo mismo si es Néstor o Cristina, lo cierto es que ambos carecen de soluciones para las demandas perentorias de la gente, y aún así se enfrascan en una osadía donde el riesgo no es de ellos sino de toda la ciudadanía.

A lo largo de seis años saquearon los sueños, y con ellos, se ve a pie juntillas: adiós también al clima navideño. El ceño fruncido de los argentinos es la radiografía más exacta de lo que han hecho (o deshecho) los Kirchner con este pueblo.

Se va el 2009 y se lleva mucho más que un sinfín de víctimas de la inseguridad: un eufemismo más si se tiene en cuenta que son víctimas sí, pero de una dirigencia sumida en la desidia, cuya ignorancia es más peligrosa que la malevolencia de tantos gobiernos pasados. Porque una cosa es un gobierno cuya gestión se resume en fracaso, y otra muy distinta es una sociedad conyugal dagnina por demás, que goza haciendo daño.

Hemos pasado de administraciones fraudulentas o poco efectivas, a estar en manos de un matrimonio que, en verdad, no ejerce ningún cargo sino que se arma de poder para comprar inexcrupulosamente impunidad cuyo precio, por suerte, parece comenzar a inflacionar. Lastiman, despertaron recelos y odios en una sociedad que había logrado deshacerse de resentimientos y cerrado heridas.

De allí que intentar un balance de gestión es inútil y poco conducente para sacar alguna suerte de conclusión. ¿De qué sirve enumerar los errores cometidos, las mentiras proclamadas, el desdén hacia la gente, el desprecio por la vida?

Hay una sed de venganza enfermiza que ataca sin razón. Ni Néstor ni Cristina Kirchner han sido personajes signados por la malaria de épocas críticas, ni mucho menos militantes de bandos que se han enfrentado en la manoseada década de los setenta. No han sido perseguidos por una lógica en extremo sencilla: jamás se han jugado el pellejo por ninguna ideología. Sus intereses estuvieron y están monopolizados en un erario cuyas arcas están llenas, y aún así, el afán de hacer con ello un escudo de impunidad eterna se les esfuma de las manos.

La definición de la causa sobre enriquecimiento ilícito que el juez Norberto Oyarbide negoció en Olivos hubiera podido ser una bisagra que sumara a la esperanza. Queda la apelación de quienes aún pueden ejercer el sentido común.

Se va el 2009, un año más en que los Kirchner han abusado de la izquierda y la derecha por igual. A una le ursurparon discursos añejados y se la bastardeó con una oratoria de equidad que no se corresponde en la realidad; a la otra la cuestionan y juzgan como si ellos no pudiesen, según sus actos, formar parte de sus filas aunque también estas están bastante desdibujadas, al menos en los países civilizados.

Se va el 2009, otro año en que hemos estado viviendo en el pasado.

Las ideas no han muerto, es cierto. Pero sí han escapado a las mentes inquietas que alguna vez se interesaron por la política como una herramienta para darle grandeza a la Argentina. ¿Qué nos proponen, sin ir más lejos, los supuestos aspirantes a “candidatos”?

Cualquier balance expondría temas tan banales que avergüenzan en demasía. ¿Qué sentido tiene hablar de Ciro James o del mentado Jorge “Fino” Palacios si no son más que personajes recreados por el mismísimo matrimonio presidencial para que las hojas del calendario cayeran más rápido? Y esta cita arbitraria de dos “encumbrados” protagonistas de los últimos días podría abarcar a tantos otros, que también han ocupado primeras planas, haciendo creer que revestían gravedad extrema, y luego con el mismo repentino sino que surgieron, desparecieron. Todo es efímero, furtivo, pasajero…

Lo único constante son los problemas sin resolver que van apilándose impidiendo, a esta altura, que no se los pueda ver. No ha cambiado un ápice la metodología política en la Argentina. Los Kirchner han sido fieles a sí mismos desde el primer día. Así como pagaron al Fondo Monetario con las reservas, anunciando ese dato en un acto magnánimo, hoy dicen que han de pagar otros compromisos foráneos de la misma manera.

No se reaccionó cuando el pago fue al FMI a pesar de que ello implicara endeudarse con Hugo Chávez, y costear intereses mucho más elevados. Hoy, sin embargo, la reacción a este nuevo manotazo a las reservas genera sospechas, denuncias y hay miradas atentas.

La percepción de las “maravillas” que obran los Kirchner es lo que se ha alterado sustancialmente, y permite despedir el año con alguna sutil esperanza en un 2010 donde, por sobre todas las cosas, la Justicia vuelva a ser aquello que sin eufemismos definiera Ulpiano: “Dar a cada uno lo suyo”. Lo demás es anécdota o ya es pasado.

FELICES FIESTAS, y mis sinceros deseos de brindar por un real y concreto “darse cuenta”.

cristina-kirchner-brindan-contentos

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VIVIR EN ‘TRUCHOLANDIA’

Lunes, Diciembre 14th, 2009

Por Gabriela Pousa

trucho, cha. 1. adj. coloq. Arg. y Ur. Falso, fraudulento. (*)

No hay imagen más gráfica para ilustrar la Argentina actual que alguna tomada en la afamada feria de “La Salada”. Ese lugar donde es posible hallar adulteradas todas las marcas, y ver un sinfín de ciudadanos comprándolas por el sólo hecho de ostentarlas. Somos apariencia no realidad.

En términos más sencillos podría decirse que estamos asistiendo a la “Argentina trucha” o truchada. Nada es lo que parece, y mucho menos lo que debería ser. Hay un abismo entre copia y original que espanta. Basta observar qué sucede con los espías, los “rastrillajes” o los remedios… ¿En qué confiar?

Aquellos años del Rolex falso, quizás superada -no por madurez de la sociedad sino más bien por el temor a que la delincuencia se confunda y el atraco se produzca igual-, hoy adquiere ribetes de gravedad magnánima. La simulación ha alcanzado todos los órdenes de la vida cotidiana, y en ese trance, el relato se contradice sustancialmente con la verdad.

El tragedia de la familia Pomar pasará a la historia como un caso emblemático de la ineficacia nacional. Pero pasará. Hete ahí la gravedad. Como todo tiende a profundizarse, las consecuencias de la adulteración de la realidad son ahora, muchísimo más trágicas. Ya no se trata de un reloj falso o una remera con un logo falsificado. La vida y hasta la muerte pasaron a tener sus propias versiones vulgarizadas. La moral es falsa.

La dirigencia no dirige nada, los políticos – con excepciones claro – no se dedican al mentado “arte de lo posible” sino que surgen como bandas o individualidades tendientes a “trabajar” no por el bien general sino por el interés personal o particular. La policía es puesta en tela de juicio, sin diferenciar, porque es digno admitir que hay un sinfín de uniformados que entregan, a diario, su vida por extraños. A ellos sólo se les conoce cuando caen “en cumplimiento de su deber” a causa de la violencia negada o vendida como conspiración contra tal o cual inepto que dice estar “trabajando” para erradicarla. Mientras ello sucede, vamos de luto en luto, y cada uno dura lo que un castillo de arena en la orilla de un mar convulsionado por los manotazos de ahogado de un gobierno fracasado.

Y es que eso es precisamente la Argentina: un mar embravecido, indomable. Nadie se atreve, ni muestra demasiado interés en domesticarlo. Los surfistas que antaño se le animaban, hoy clavaron sus tablas en la arena a la espera de alguna providencia capaz de calmar aquello que debe ser calmado a través de la acción del ser humano. Hay que sacar del agua a quienes agitan la marea por no saber nadar ni conducir el barco.

Por ósmosis no hay mi habrá normalidad. A lo sumo aparecerá una “normalidad” que será también copia inexacta de lo normal, hasta hacernos creer que vivimos bien porque aún no enterramos a un familiar agujereado por las balas. Cualquier tregua o aparente calma es tomada como si fuera paz sin que se advierta que detrás vuelve la tempestad.

Nada se soluciona, todo pasa a ser debate y polémica de entre casa. En la mesa familiar la palabra no se disfraza, puertas afuera, el eufemismo gana.
Es por eso que las declaraciones del titular de la Sociedad Rural, Hugo Luis Biolcatti aparecen cuestionadas como si su contundente pedido de cambiar al gobernador de la provincia de Buenos Aires no fuese acaso un pensamiento (o deseo quizás) popular. Bastaría un plebiscito para corroborar que, aquello que ahora causa estupor y es considerado como un “golpe” o un llamado a la “destitución”, es voluntad mancomunada de un pueblo que de su principal respresentante no ha recibido absolutamente nada.

Daniel Scioli no es víctima de ninguna conspiración a no ser que entendamos por ésta el propio auto-boicot. ¿A cuáles de los problemas perentorios de la gente ha dado respuesta concreta el gobernador? ¿De quién depende en primera instancia la seguridad de los bonaerenses?

Está claro que para el gobierno central, las provincias sólo le incumben cuando se trata de recaudar. El mismísimo Jefe de Gabinete y vocero presidencial ha sostenido sin titubeos que “la inseguridad del conurbano no le incumbe” a ellos. ¿Qué más agregar?

El Ejecutivo es ya un círculo cerrado donde sólo se negocia la impunidad. Es inútil esperar respuestas de quién, durante más de seis años, se ha ocupado de disipar las preguntas, através de la sistematización de la mentira, de artilugios impensados y de un grado de desidia sin igual.

Debatir hoy si Daniel Scioli es víctima de Néstor Kirchner, si Alberto Balestrini está sacando rédito político de tanta calamidad, si el auto de los Pomar los halló un comisario o un baqueano, y si acaso alguna comisión bicameral queda en manos de la oposición es perder lastimosamente el tiempo una vez más. Podemos depositar toda esperanza en un Congreso que cambió de caras, pero con eso no se consigue un país normal.

La República se sostiene en tres pilares fundamentales: Poder Ejecutivo, Poder Legislativo y Poder Judicial. En tanto el primero y el último sigan desviando el verdadero foco de atención, y no sea, sobre todo la Justicia, el blanco donde agudicen su mirada tanto los medios de comunicación como la sociedad, no hay esperanza que valga.

En un recinto pueden sancionarse leyes de toda índole pero si después, las mismas no son ejecutadas, y penados quienes hacen caso omiso de aquellas, de nada servirá que el Legislativo funcione a pie juntillas con mayorías opositoras furtivas, casuales u oportunistas. Lo mismo da.

Discutir los posibles vetos presidenciales es también quedarse en la superficie donde nunca pasa nada. Es en el fondo del mar donde se originan los maremotos y tsunamis. Si acaso la ciudadanía ya aprendió a nadar o se armó de salvavidas, en un claro síntoma de resignación malsana, las copias falsificadas de la realidad seguirán haciéndonos creer que estamos frente a un país real.

Sin embargo, hasta la novela que protagonizamos u observamos desde tribunas o palcos, también se vende en “La Salada”, fotocopiada claro pero a precio de la original. Y así la estamos pagando… Cara, demasiado cara.

(*) Diccionario de la RealAcademia

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EL PELIGRO DE LA CATALEPSIA

Lunes, Diciembre 7th, 2009

Por Gabriela Pousa

catalepsia. (Del lat. catalepsis, y este del gr. κατάληψις, acción de coger, sorprender).      1. f. Med. Accidente nervioso repentino, de índole histérica, que suspende las  sensaciones e inmoviliza el cuerpo en cualquier postura en que se le coloque. (*)

El canal oficial, aquel que todos los argentinos solventan con sus impuestos, transmitía un partido de fútbol. No habría nada más importante… “Fútbol gratis”, para “todos y todas” como diría la Presidente en su obsesión por la inclusión de género. A propósito de ello, habrá sentido (o debería haber sentido) satisfacción al observar – calculo que por televisión – a dos mujeres de la política tomando las riendas de un recinto con “hinchada” más parecido a la famosa Bombonera cuando se está jugando la previa, que a una Cámara de Diputados de un país civilizado.

 

La tarde palidecía. Las horas en la Argentina son siempre arbitrarias: no las determina ninguna cronología básica sino los imponderables con los cuales cada ciudadano se topa día tras día. Si acaso la jura estaba anunciada para las 17 horas, ¿qué importancia tenía que comenzara una hora y media más tarde? El tiempo de los argentinos es, para los gobernantes, algo deshechable, y ya se había dispuesto que esa tarde -quienes trabajan en el microcentro-, tendrían vedado los accesos. La obsesión de Néstor Kirchner por la calle. No comprenden o prefieren ignorar aquello del tiempo como recurso no renovable. Al anecdotario puede sumarse dos cuartos intermedios también más largos de lo anunciado. Desprolijidades que en el conjunto pasaron desapercibidas, tampoco eso es novedad en la Argentina.

 

No hace falta ser analista político para imaginarse qué pasaba fuera del recinto. El capricho del ex mandatario pesaba sobre los acuerdos logrados por sus propios funcionarios. Y hete aquí el verdadero eje del problema. Si bien la oposición, entendiendo por ésta la sumatoria de individualidades que se oponen a la metodología kirchnerista, logró dar un paso adelante, el mayor obstáculo que le espera al oficialismo en el recinto se centra en sí mismo.

 

El modus operandi del ex mandatario es en extremo sanguíneo. Todo cuanto puede ser acordado a las 4 de la tarde por el bloque en su conjunto, a las 5 puede toparse con un repentino cambio de humor que exiga que aquello que se pidiera blanco termine siendo amarillo o incluso negro. Kirchner es impredecible en su agonía. Como la lombríz, aún partido al medio, es capaz de mover las piezas. Su futuro político está muerto es cierto; no así su capacidad de daño presente.

 

El error político del jefe del Justicialismo no hizo sino poner en evidencia el momento de debilidad en que se encuentra. En otras circunstancias, no hubiese cometido semejante desatino. Enfrentar un acuerdo que costó demasiado, minutos antes de bajar al recinto con medio país observando el espectáculo, tendría un costo alto. Kichner no logró soportarlo. En el segundo pedido de cuarto intermedio se fue, con pena y sin gloria, casi huyendo de un escenario que le incomodó demasiado. ¿Volverá? Posiblemente menos de lo esperado.

 

El quórum en la Cámara Baja está perdido, eso no implica, sin embargo que se quede de brazos cruzados. No olvidemos un detalle: no se trata de un dirigente político más. Hablamos de un ex mandatario que sigue mandando y un candidato presidencial reincidente. El dato no es menor porque no será en las internas partidarias donde se defina su suerte y candidatura. La definición se habrá de gestar, a partir de Marzo del año próximo, en ese preciso sitio de su incomodidad.

 

Ante toda derrota, Néstor Kirchner reaccionó de manera similar: guardó silencio por algunas horas y contra atacó sin sutilezas. Lo hizo cuando perdió Carlos Rovira en la provincia de Misiones. Aquello que significaba en apariencia el fin de las reelecciones derivó en la postulación de Cristina como candidata a Presidente de la Nación. Situación semejante se vivió cuando al “voto no positivo” de Julio César Cobos se lo tomó como un punto de inflexión. Se abrieron hasta foros de comunicación pidiendo instaurar al 17 de junio como día del Congreso Nacional, pues la derrota al pretender sancionar la llamada 125 hizo creer que culminaba la etapa de un Parlamento émulo de una escribanía, apéndice de un Ejecutivo.

 

Al tiempo, allí se aprobó la estatización de las AFJP, la ley de Medios, se prorrogaron los superpoderes, se avaló el presupuesto, la extracción compulsiva de muestras de ADN, y hasta la reforma política salió sin anestesia como una orden explícita emanada de Olivos y Balcarce 50. El exitismo argentino y demasiados años de opresión y mentiras lograron, sin embargo, que la tarde-noche del pasado jueves 3 de diciembre se viviera como un respiro.

 

Lo paradójico es que el mismísimo Kirchner fue el artífice del derrotero, y de la trascendencia que se le diera posteriormente. Incluso fue él quién propició una alianza – frágil o no – entre figuras con ideologías sustancialmente distintas.  

 

“La esperanza es lo último que se pierde”. Nunca esa frase se ha repetido tanto como en estos últimos tiempos.  No la ha perdido el pueblo pero tampoco se perdió en el seno íntimo del kirchnerismo. Allí analizan las herramientas que pueden torcer el control de las fuerzas capaces de aliarse no ad eternum pero sí llegada la ocasión. El veto es la amenza primera, pero ¿hasta qué punto la sociedad toleraría una “vetocracia” indiscriminada? Sería la anulación misma de la institución parlamentaria. Posiblemente muchos hicieran caso omiso, pero hay custodias severas que no se callan cuando el atropello es intensivo.

 

Otro dato a tener en consideración: la mayoría alcanzada solamente por un voto en las comisiones es un arma de doble filo. No todos los diputados electos tienen precio, pero hay muchos que, gracias a las listas sábana que la reforma sancionada no contempla siquiera, son ignotos personajes sombríos, capaces de darse vuelta de la noche a la mañana. Todo pende de un hilo. Nada está definitivamente dicho.

 

Si acaso la danza de candidaturas presidenciales se cuela en medio de un año en que el Congreso debería tener el protagonismo, o las miserias del individualismo pesan más que la representación popular que fue, en definitiva, la que ganó la primer pulseada la semana pasada, es factible que la historia se repita, y Graciela Caamaño, Lidia Satragno (Pinky), y la mismísima alianza de la “oposición” terminen sumando a la lista de providenciales en las que la sociedad ha confiado aparentes cambios que no fueron tales.

 

Suele decirse que una imagen vale más que mil palabras: basta pues con observar el “rigor mortis” de Néstor Kirchner sentado en su banca. Claro que la catalepsia existe, y si no se cierra el cajón a tiempo, es factible que la “resurrección” nos surta otra bofetada antes que vuelva a sonar la campana en el escenario donde se depositó, probablemente, la última esperanza.

 

(*) Diccionario de la Real Academia Española

 tapa

       

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EL ‘RELATIVISMO’ KIRCHNERISTA

Martes, Diciembre 1st, 2009

Por Gabriela Pousa

 

“Lo único absoluto es que todo es relativo”

A esta altura no parece posible tomarse muy en serio a la Argentina. Aún cuando los hechos son de una gravedad extrema, sin humor no es factible digerir el acontecer de la política. Será por ello que podemos decir que Hugo Moyano -uno de los más fieles exponentes de la clase dirigente argentina- acompañó a Cristina Fernández al Vaticano, quizás con el firme propósito de afiliar al Sumo Pontífice al gremio, teniendo en cuenta que el Papa-Móvil es un medio de transporte, y consecuentemente pertenece a camioneros. De lo contrario, ¿qué hacía el líder cegetista integrando la comitiva? ¿Habrá pensado en bloquear el acceso a la Capilla Sixtina?

A sabiendas de esto, Papa Noel tiembla en su guarida donde recibe cartas de todas partes del mundo menos de la Argentina. Y es que los argentinos ya no piden bicicletas, pelotas, muñecas, patines, ni Barbies, ni Blackberry siquiera: ¡Piden parcelas!

Y es que la muerte está protegida por un poder político sin respuesta, y por extraños ‘derechos humanos’ garantistas que justifican la delincuencia enmarcándola en un sinfín de carencias, reales pero poco admisibles a la hora de dejar que los asesinos entren y salgan por la misma puerta.

Y decimos que Papa Noel tiembla porque su trineo también es un medio de transporte, y los vástagos de Moyano puede bloquear la salida de los renos en Nochebuena.

Entre realidades e insensateces se mueve la política.

Así como los primeros párrafos responden a un sarcasmo poco sútil, algo burdo y menos elaborado debido a que mi pericia no es la sátira sino el análisis del escenario donde nos toca sobrevivir, lo que sigue dista de ser cómico aunque suene igualmente cínico. Pero ese cinismo sí es un reflejo cabal de lo que sucede a diario en un país que carece de políticas preventivas, y donde los funcionarios apenas balbucean cuando los hechos fueron consumados.

En conferencia de prensa, el gobernador bonaerense dijo “hacerse cargo” pero no decretó ninguna medida sino que habló de discutirla… ¿Y mientras tanto? Mientras tanto nadie sabe cuántos más serán enterrados.

Para que cualquier lector entienda qué es lo que pasa sin sutilezas, no hace falta adentrarse en los acontecimientos como si fueran actos aislados, ni mucho menos indagar en estadísticas que se vulneran con una deslealtad extrema. Una triste enumeración, seguramente incompleta, expone a las claras el panorama donde, quienes no figuran a continuación, están a la espera como si se los hubiese condenado por un Ejecutivo cuyo mandato finaliza en el 2011 aunque aún no su gobierno no ha comenzado.

Maximiliano Robak, Daniel Capristo, Santiago Urbani, Irene de Rosa, Enzo Galeano, Juan Pedalino, Gonzalo Etcharrán, Renata Toscano, Sandra Almirón, Sandra Brikman y tantos más…, junto a los 23 policías también asesinados en lo que va del año, no deberían ser nombres olvidados, pero es tan vasta la lista que ni los archivos logran que el recuerdo se despierte. El ritmo es vertiginoso en exceso y así se pierde tristemente la cuenta y la conciencia.

Mientras los asesinatos son ya moneda corriente, el matrimonio presidencial avanza en su juego sin modificar un ápice la metodología. Esta reiteración de atropellos no admite sorpresa si se tiene en cuenta que el “estilo K” se mantiene inalterable desde el primer día. Esto invalida de alguna manera la apuesta ciega a esa irrupción “oportuna” de “arrepentidos” que descubren de la noche a la mañana las trampas del oficialismo. La ex arrepentida María del Carmen Alarcón es quizás el ejemplo más emblemático por su ida y vuelta, a un costo ruín y bajo en demasía.

Desde luego que es hora de sumar para contrarrestar un poder hegemónico sin apoyo popular pero con inalterable capacidad de dañar. Poco grata es la razón por la cual debe hacerse caso omiso a ciertos “pasados” viciados por conductas dúctiles y patéticas. De ese modo es como se explica que un Felipe Solá, por citar solo un ejemplo, irrumpa al frente de una bancada disidente.

Ahora bien, la pregunta del millón apunta a desentrañar hasta dónde llega la disidencia y cuánto puede durar. La jurisprudencia ha dado vastas pruebas de la compra-venta de voluntades a precios que no jaquean tan sólo la sanción de una ley sino que hacen tambalear la estructura institucional de un país a la deriva, y de una dirigencia sumida en la más vil hipocresía.

El modus operandi del kirchnerismo ha logrado que hasta lo más simple y sencillo se ponga en tela de jucio: todo cuanto acontece en la Argentina parece embebido de una dosis de misterio, y hasta el hecho más insignificante parece tener un ingrediente político. Si acaso el recambio legislativo implica un verdadero cambio, este será neutralizado con artilugios espurios como se nos tiene acostumbrados. Y es que la crisis ha calado profundo. Ya no son los problemas actuales los mismos que se han venido sorteando a lo largo de tantos años.

Hoy, el pueblo no aguarda un cambio en el Ministerio de Economía como sucedía cuando se hablaba de crisis en Argentina. Poco importa a esta altura quién ocupa cada cargo o que Guillermo Moreno o el mismísimo Aníbal Fernández den un paso al costado. El problema es mucho más profundo, y no se agota con maquillaje barato como antaño se intentó acallar tantos reclamos. Hoy la crisis es moral: la “cooptación” de funcionarios, senadores, diputados es un dato inexpugnable que deja al descubierto cuán diferente es el conflicto que ahora enfrentamos comparado a aquellos a los que quizás estabamos acostumbrados.

No es la inflación que no cesa aquello que jaquea con más fuerza, ni son -aunque molesten soberanamente, los paros o cortes de calles aquello que genera mayor hartazgo. El problema raíz se centra en la indignidad que caracteriza a la dirigencia y el relativismo moral que ha hecho mella. ¿Quién pone las manos en el fuego o se juega su honor por alguno de los nuevos “representantes” que conformarán en breve el Congreso de la Nación?

Los argentinos hemos vivido de esperanzas vanas, apostamos férreamente a providenciales que terminaron defraudando. Sin ir más lejos, se ha creído que el Obispo Piña -venciendo en la provincia de Misiones a Carlos Rovira-, marcaba un antes y un después en lo que respecta a reelecciones indefinidas. La trama culminó con el Obispo fotografiado en Balcarce 50 y un silencio de radio que continúa hasta estos días.

Posteriormente, Julio César Cobos con su voto “no positivo” hizo creer que en la resurrección del Parlamento, y en el final de su actuación a modo de escribanía. Pero los hechos que siguieron demostraron con creces hasta qué punto nos confundimos.

Similar situación se experimentó con la arenga popular de un liderazgo repentino como el que representara Alfredo De Angeli, y posteriormente la mesa de enlace. Hoy por hoy, no hay certeza absoluta de cómo se han manejado los temas relativos al campo, y por el contrario, hasta se han ‘pasado de bando’ grupos que se pensaba eran férreos defensores de las necesidades de los productores agropecuarios.

En el ámbito del sindicalismo pasa exactamente lo mismo. Apostar a la alianza Kirchner-Moyano es como apostar que Racing Club gana el campeonato. Néstor Segovia-sin la firma que reclamaba para oficializar su propio espacio-, apareció “tranzando” una tregua que debe extenderse más allá de un año. Esta negociación no es sólo un dato aislado en tanto conlleva implícita la duda acerca de la conflictividad que ha de estallar cuando los Kirchner tengan que dar un paso al costado.

Lo cierto es que los providenciales no han sido tales, el escenario no ha variado en los últimos años, y el protagonismo sigue intacto en la figura del ex mandatario. De aquí en más la fórmula no es difícil de desentrañar: se intentará mantener el grado de impunidad para las conductas afines al matrimonio presidencial mientras que se “liberará” (valgan las comillas) al Poder Judicial para que el peso de la ley recaiga sobre aquellos que no cumplan con su deber.

Es el modelo de “equidad” al que alude en sus oratorias la Presidente. Sin prolegómenos la ecuación se sintetiza en un “para los amigos impunidad, para los enemigos dos armas: la Constitución y los códigos”. Esto se evidencia claramente en la denuncia por “coacción agravada” que hiciera la Policía Federal, por orden del jefe de Gabinete para evitar que el líder piquetero de la Corriente Clasista y Combativa, Juan Carlos Alderete bloqueara los accesos a la ciudad.

¿Qué hubiera pasado si tal bloqueo lo anunciara Luis D’Elía por ejemplo? Posiblemente la denuncia la habría hecho el gobierno de la Ciudad y consecuentemente, la “Justicia” hubiera absuelto al piquetero oficial.

Estamos sobreviviendo a las balas en un país donde la igualdad ante la ley es un anatema, de ahí que poco parece servir toda reforma propuesta para intentar porner freno a la delincuencia. Las leyes están, cumplirlas es la tarea y está visto que ese cumplimiento cabe únicamente a aquellos que disienten con el gobierno.

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Nota para www.economiaparatodos.com.ar

Posted in Gabriela Pousa, General | No Comments »

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