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Archive for Noviembre, 2009

SILENCIO SEPULCRAL

Lunes, Noviembre 23rd, 2009

Por Gabriela Pousa
 
Extraño país la Argentina. En menos de una semana, desaparece una familia, aparece un video, echan al jefe de la SIGEN -no por ‘incumplimiento de funcionario público’ sino todo lo contrario: cumplimiento de su deber-; el juez Oyarbide le quita el protagonismo a Mario Segovia en las tapas de diarios, los subterráneos funcionan, los Fraticelli de Ramallo pasan de una perpetua por asesinato agravado a ser absueltos poniendo en evidencia como funciona la Justicia, etc., etc., etc.

Y es que la lista no culmina: también en ese lapso se sanciona la ley para la extracción por medios ‘no ortodoxos’ de muestras de ADN, la Cámara de Diputados aprueba la reforma política con algunas modificaciones que no hacen a lo sustancial, obtiene luz verde el canje de deuda, el ex jefe de la Policía Metropolitana, Jorge “fino” Palacio termina encarcelado, Ciro James le cede el paso a Osvaldo Chamorro, Kirchner reaparece en escena, se desata una guerra de Side’s paralelas, y la inseguridad no da tregua.

Ciertamente es demasiado para cualquiera. A esta altura de las circunstancias seguir a pie juntillas lo que sucede en la Argentina se ha tornado una tarea malsana. Nadie entiende nada, no hay coherencia ni parámetros que muestren o esbocen una salida a un estado de semi anarquía y anomia generalizada.

Hay una frase que ha surgido con mayor énfasis en los últimos años de vida política y que, muy posiblemente, sea la que vayamos a experimentar en lo sucesivo hasta que toda esta maraña de insensateces e ignominia termine jaqueada por una nueva fecha electoral: “hacer la plancha”. Entonces comenzará la etapa de reconstruir una sociedad saqueada.

Es dable esperar, aunque suene pesimista o no sea quizás lo que la mayoría de ciudadanos quisieran escuchar, que nada va a variar sustancialmente en el país en los próximos meses. Y al decir ‘nada’, las noticias son ciertamente malas. Porque si acaso hay alguna estabilidad en materia de economía (no traducida a la realidad de los ciudadanos comunes que sufren la inflación cotidiana), los vaivenes de la política obscena no permitirán sacar ventaja, ni experimentar un crecimiento real.

Todo es furtivo y efímero menos la decadencia. Sin embargo, pese a esa especie de espiral en que se halla la Argentina, siempre girando en torno de los mismos problemas, sin respuestas concretas, hay un dato del comportamiento social que merece la pena destacarse. El matrimonio presidencial ha logrado romper con las opciones lógicas que generan en el mundo entero las figuras de los jefes de Estado. Estos cosechan adhesiones o rechazos, nunca ha habido otra alternativa, a no ser algún desdén de quienes no se sienten afectados por la política.

Hoy por hoy, en esta geografía, ha surgido por obra y gracia del mismísimo kirchnerismo un sentimiento pocas veces experimentado en torno a las figuras de los mandatarios: se ha instalado en la sociedad una suerte de rabia o bronca, hasta por ahí no más contenida, que avanza incluso hacia sentimientos o emociones más tristes todavía. No es exagerado aducir que hay cierto odio plasmado en un pueblo que se siente denostado, burlado y hasta estafado. La triste imagen de la gente golpeando las puertas de los bancos en el año 2001, hoy se observa apenas con diferencia de escenografía. Y es que las entidades financieras fueron desplazadas por las comisarias.

Ya no se trata de criticar al gobierno por la mentira sistemática, ni por el avance sobre otros poderes o el afán de apropiarse de lo que no debe. No hay ideología cuando se trata, ni más ni menos, que de preservar la vida. Y al gobierno no se le perdona su pasividad frente a la violencia que acecha sin pausa en todos los órdenes, y se expande hacia los cuatro puntos cardinales de todas las provincias. Violencia que, por otra parte, es generada y fomentada desde Balcarce 50 cuando, frente a los hechos que son de dominio público, reina un inexplicable silencio, o cuando las contradicciones y las acciones de quienes merodean esos despachos tienden a alentar el estado de crispación en que nos movemos a diario.

En todos estos años, el tema de la seguridad no pasó de ser eso: tema. Despertó varias polémicas, a punto tal de discutirse la pena de muerte perdiendo lastimosamente el tiempo y la coherencia. Se crearon comisiones en la materia pero nada se ha hecho en concreto. Las soluciones, las propuestas brillan por su ausencia. En rigor, no se trata de discutir las penas sino de establecer una política de prevención que evite convertir a la Argentina en un cementerio como viene suciendo. Leyes hay pero no se aplican.

Siempre la cuestión se enfrentó a la polémica de los derechos humanos sin asidero, se apeló a artilugios y discursos adornados que pueden explicar tal o cual situación pero no darle solución. ¿Para qué sirven las cifras que hablan de equis cantidad de chicos en situación de pobreza, sin trabajo y sin educación si nada se hace al respecto?. Pareciera que los argentinos estamos en una especie de paidocracia, es decir bajo dominio de los menores que se imponen mientras los adultos no atinan a hacer nada. Y quizás, en realidad, no hay interés en hacer algo para producir el cambio.

Desde la violencia estudiantil que halla su origen en la falta de autoridad, hasta en las tomas de colegios, cortes de calles y centros de estudiantes rebelados se evidencia un marcado crecimiento del imperio de los “infantes”. Frente a ellos, no hay gobierno. Los derechos de todos no cuentan porque terminan avasallados por los derechos de ellos. La realidad es que esos chicos que andan armados, con prontuarios abultados, y no pueden consigo mismos por culpa de la droga y el abandono explícito, han dejado la niñez mucho antes de lo que debería ser. Les ha sido robada la infancia. No son niños, son adultos con menos años cumplidos. Sin duda, hay un responsable primero de esta calamidad, y quizás esa sea la razón por la cuál no pueden poner freno ni se encara esta realidad.

La maraña de circunstancias, que tratan de justificar por qué pasa lo que pasa, se pierde en la dialéctica, y el país sigue a merced de una delincuencia cada vez más siniestra. Lo que agrava este estado de cosas es la nafta que, a diario, echan al fuego los funcionarios. Decir que “son casos aislados” no sólo no resuelve nada sino que tiende a alterar aún más los ánimos. Sostener que las marchas o manifestaciones están viciadas de “infiltrados”, agiganta la desesperación ciudadana.

Los dirigentes, mientras tanto, no se atreven ya ni a dar la cara. Tal vez sea ese un primer paso hacia un reconocimiento expreso de la culpabilidad que abrigan quienes tienen la obligación de tomar el toro por las astas. Vendrán cambios de gabinete pero con eso sólo no hacemos nada.

Esta retórica que no es nueva, ni mucho menos original, puede que no sume ni cuente siquiera. La misma nota podrá volver a ser publicada como si fuera inédita dentro de seis meses, un año o más porque a la ignorancia de la dirigencia, se le une el desinterés absoluto del matrimonio presidencial por lo que pasa en la sociedad. Cuando la crisis es moral todo se dificulta más.

Si encima, los reclamos son espasmódicos y no tienen continuidad, observaremos que también en materia de seguridad, se seguirá “haciendo la plancha” aún cuando el silencio comience a ser sepulcral. No sólo por los muertos que arroja a diario la inseguridad, sino también por los moribundos que va arrojando la política nacional aunque todavía se los vea respirar.

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ENTRE DISTRACCIONES Y PROVIDENCIAS…

Lunes, Noviembre 16th, 2009

Por Gabriela Pousa

En China hicieron nevar derramando sobre las nubes, yoduro de plata. En la luna, la NASA encontró agua. En Chile, mucho más cerca sin duda, definen un plan educativo tendiente a “conectar programas de posgrado con las carreras universitarias”. En Guatemala, el presidente se reune con jóvenes generaciones en el marco del programa “Gobernando con la Gente de Mañana” que instaura políticas de Estado en materia de salud, seguridad y educación, y se inicia el TLC (Tratado de Libre Comercio) con países de la región. Perú, simultáneamente, avanza en ese tratado con Japón.

Europa se recupera, Asia lidera. América Latina mira hacia esas geografías con excepciones, claro. No hace falta mucha pericia para descubrir cuáles son las mismas.

En Cuba hay nueva “lista negra” de periodistas por pretender cubrir el “Foro Global de Investigación en Salud”. En Venezuela, Hugo Chávez pide prepararse para la guerra y bañarse en menos de 3 minutos con linterna. En Bolivia, Evo Morales acusa a la oposición de “crear clima de violencia y tensión”.

¿Dónde ubicar a la Argentina? En el pasado más que en una geografía. Acá la política pasa por las “carpetas” que prepara el gobierno para acallar a Mirtha Legrand, a Marcelo Tinelli y a Susana Giménez, por ejemplo. Mientras, Hugo Moyano y Luis D’Elía aparecen retratados como si fuesen Churchill y De Gaulle pactando. Simultáneamente, crecen las filas en las puertas del ANSES para conseguir el mentado subsidio “universal” a la niñez, que hasta la fecha se asemeja más a los créditos hipotecarios cuya cuota igualaría el precio del alquiler. Todo enigmático.

Pero lo cierto es que hay millones de familias que esperan con urgencia desmedida, la suma de 3 pesos por día (o 180 por mes)

Asesinatos, ajustes de cuentas, espías, estadísticas falsas y ministros que justifican lo injustificable con naderías también son moneda corriente. No faltan las internas, los rumores fundados e infundados, la irrupción de patrimonios en extremo abultados, y los jueces que aman las cámaras (televisivas claro) más que a la doctrina.

En ese contexto, diputados oficialistas y de izquierda evaluán un proyecto para declarar el Día Nacional del Hincha de Fútbol… Interesante percepción de la dirigencia acerca de los temas prioritarios para la ciudadanía. Y esto es apenas una muestra muy limitada de las distorsiones políticas.

Pasó una semana del paro de subterráneos que, paradójicamente, trajo a la superficie una conflictividad que se estanca en la nada. No hay solución sino espurios tratos e incertidumbre que permite dejar para mañana lo que se puede y debe hacer hoy. Confrontaciones sindicales cuyos antecedentes no son agradables.

Mario Segovia tuvo su cuarto de hora, y sin duda volverá a ser protagonista en pocos días, como lo fueran también Milagro Sala, Emilio Pérsico, Juan Carlos Alderete, Raúl Castells, Ciro James, o Néstor Leonardo. En rigor de verdad son “extras”, no protagonistas. Los único nombres que se repiten son los de Hugo Moyano y Néstor Kirchner.

Analizar declaraciones obscenas, carentes de sentido, y rayanas en lo grotesco no es (o no debería ser) metier de un analista politico, sin embargo en Argentina, la politica no sólo es grotesca y burda sino también hace alarde de ello. Se nutre de coyunturas que no aportan un ápice y distraen… Hete, en ese verbo, un arma que Néstor Kirchner supo usar de manera extraordinaria.

Los argentinos hemos estado distraídos durante muchos años. Compramos como si fuesen sinónimo de crecimiento y desarrollo, las falacias de “veranitos” económicos, vientos de cola y otros artilugios varios propiciados por la metodología poco ortodoxa de un Secretario de Comercio que oficia como “soldado”, entre otros tantos.

Si todo aquello hubiera representado un crecimiento real y no furtivo, cuasi mágico, no estaríamos presenciando la decadente imagen de los movimientos sociales cortando calles para asirse de planes sociales, ni habría filas para recibir un subsidio que en lugar de ser festejado debería avergonzarnos. Pero la “bonanza” kirchnerista se esfumó como se esfuma todo en la Argentina: desde las denuncias que surgen y desaparecen en pocos días sin que la Justicia se expida, hasta las crónicas de acontecimientos que parecieran jaquear al gobierno, y terminan luego como anécdotas, o se vuelve a saber de ellos cuando se roban los expedientes o los jueces se declaran incompetentes.

Resiste el sindicalismo. Dividido. Una amenza latente porque se nutre de las mismas fórmulas que manejaran sus ancestros cuando se liquidaban entre ellos. ¿Qué es lo que explica que pueda haber espacio para esos regresos? La respuesta es simple: el vacío es grande. Y es que, en la Argentina, lo primero que se ha esfumado ha sido el gobierno. La autoridad máxima brilla por su ausencia. Nadie implementa políticas concretas. Se limitan a puestas en escena para anunciar lo que luego no se hará.

La concepción política del kirchnerismo es la confrontación permanente y la creación de un relato inexacto. Así, la verdad y el escenario quedan vacíos, y nadie más veloz para ocuparlo que el sindicalismo.

El hartazgo está latente. No hay gestión de ningún tipo: hay apenas un balance de mesa chica para llevar las cuentas, y definir entonces, dónde apretar cuando los números no cierran. Hay “caja” y con eso basta, al menos por ahora. Si mengua, se apela a las conspiraciones inexistentes o autoprovocadas.

Toda la problemática actual se centra en esa realidad: la “caja”. Esta puede acallar reclamos, pero no gestionar cambios. De allí que en poco tiempo, el caos, la ciudad sitiada, el país cuasi anárquico, los enfrentamientos, los cortes de calles, los derechos vulnerados… volverán.

Cuando se termine la novela de los Macri, cuando Luis D´Elía sea nuevamente ninguneado por conveniencia del oficialismo que lo usa como a un títere, uno más…. Cuando las declaraciones de la farándula sean reemplazadas por las guerras de vedettes en temporada, la Argentina afianzará aún más su anomia -quizás sin que se perciba tanto como ahora-, y se verá que sentido tiene esa exigua esperanza depositada en un recambio de figuras parlamentarias.

La próxima batalla se perfila desde esas bancas casi como una puja de poderes entre Congreso y sindicatos. El Ejecutivo ha decidido alejarse de la realidad, y quedar a resguardo del poder sindical que suele traicionar. ¿Será esa la confrontación final?

De la misma manera como han pasado 6 años de esta ignominia, que fue desde el primer día igual -aunque dos pesos más en el bolsillo haya podido distraer de esa verdad-, pasarán los dos años restantes. No hay golpe de ningún tipo a no ser que en Balcarce 50 o en Olivos se sinceren los ánimos, y con el DNI renovado digan quién es quién en realidad.

Así como no ha habido solución a los problemas que acecharon desde el vamos (las pasteras y Uruguay, son un ejemplo claro), no habrá salida para este estado de “crispación” como gusta decirse hoy. No se trata de pesimismo sino de tiempos y actores de reparto. Sin duda esta vez, a Néstor Kirchner, se le alteró el reloj, razón por la cual la izquierda trasnochada, a la que alguna vez dominara, se le retoba complicándole el panorama. Pero para esos traspiés siempre hay alguna maniobra distractiva, aunque sea cada vez menos efectiva, cada vez más obvia.

Distracción en definitiva. ¿O qué es sino la telenovela de Sandra y Leonardo, o los cruces de Tinelli con D’Elía?

Para sellar su obra, el director eligió al jefe de la Central Obrera como principal actor. ¿Se equivocó?. Hay problemas de cartel, vedetismo en demasía. Las luces de neón encandilan, pero llegan las Navidades y la gente se distrae. Distraídos también están el matrimonio presidencial y sus ministros, aun cuando ellos se distraigan de otra manera y con otras consecuencias. Hacen la plancha, ensayan la supervivencia. ¡Como si eso pudiera frenar la inevitable suba de la marea!

Cuenta la leyenda que, previo a la última batalla del Rey Arturo contra Mordred, al ver ambos la dimensión de la lucha, pactaron para que “nadie saque su espada”. Fue la providencia la que ocasionó la desgracia. Cuando aún no estaban dispuestos para la guerra, una serpiente mordió la pata de un caballo y el jinete desvainó su sable para matarla. Esto fue entendido por el ejército contrario como una señal de guerra y se lanzaron todos ferozmente a la batalla. La mortandad fue increíble. Mordred y Arturo perdieron la vida.

Quizás, acá también, todo dependa de la providencia y de saber esquivar al reptil que merodea.

Nota para www.economiaparatodos.com.ar

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UN MUERTO…

Lunes, Noviembre 9th, 2009

¿Qué es la muerte sino un espantajo? Epícteto

Más allá de los hechos de coyuntura que suelen durar 48 ó 72 horas, y esfumarse sin que se pueda siquiera atinar a saber el cómo, el quién o el por qué se sucedieran, hay datos que marcan a las claras el estado de anomia en que se halla la Argentina. La ausencia de límites entre derechos de unos y deberes de otros abre paso a un sinfín de atropellos donde la gente queda absorta sin poder atinar a descifrar qué pasa en realidad.

En todos los sucesos que hemos estado soportando se ve claramente la presencia de dos o más bandos. Estas divisiones sociales no son casuales, fueron gestadas por el poder central como metodología de dominación intrínseca. Hoy, aquello que antes fue funcional comienza a darse vuelta y se convierte en problema. Problema circunstancial pero capaz de alterar agendas.

El gobierno no logra dar una respuesta cabal al desorden imperante en la sociedad, desorden que él mismo generara y estimulara a través de discursos de barricada como aquel que diera el mismísimo Néstor Kirchner convocando a boicotear las bocas de expendio de la petrolera Shell. Quienes acataron la orden hoy reciben absoluciones de la Justicia. Mientras, Juan José Aranguren, el titular en Argentina de la multinacional, posee 57 causas penales en su haber. Paradojas de la era kirchnerista… Y un ejemplo que ilustra cómo se vive en Argentina.

La ciudad se ha convertido en tierra de nadie, todos contra todos, ninguna fuerza de seguridad asomando siquiera como garante de paz o tranquilidad. El concepto de autoridad se ha hecho añicos, y con él, el respeto y la necesaria jerarquía de roles y funciones sin la cual la convivencia es utopía y se derriba la pirámide social.

Cada mañana hay que hacer una apuesta al azar. Ningún camino es seguro, ni hay certeza de poder transitarlo sin obstáculos. Los medios ofrecen cronogramas de rutas alternativas, horarios de paros, cortes, y demás insensateces con las cuales ya hemos aprendido a convivir a diario. Todo ello va gestando una rutina particular que sigue un circuito harto conocido: de la queja y la indignación se pasa irremediablemente a la resignación del rebaño.

Así es como vamos siendo acarreados a la ignominia de vivir a contramano del mundo civilizado. Lo que pasa ante nuestra vista se contradice con el relato que ofrece la supuesta autoridad. Hay dos Argentinas o más. Los mentados movimientos sociales ya no son lo que fueran o se suponen que serían: más que agrupaciones espontáneas dedicadas a fomentar la creación de fuentes de trabajo y paliar la miseria, se han convertido en bastiones de un gobierno que las usa para atrincherarse en el poder y defenderse de su propia ineficiencia.

Cuando se les escapan de las manos, comienza la angustia de no ser. Afloran erigidas en seudo fuerzas de choque que nadie sabe a ciencia cierta a quién responden, si acaso responden a alguna cabeza. Suposiciones hay muchas, certezas ninguna aunque este olor haya sido percibido en otras ocasiones.

Sintetizando lo que acontece puede decirse que se está jugando con fuego en un país donde el único miedo del gobierno es: “qué te tiren un muerto”. Esa patética reflexión hermana a todas las fuerzas sin distinción, es quizás el único denominador común. Ni el gobierno, ni los gremios, quieren cargar con el cajón. Tal vez la imagen de Herminio Iglesias pese todavía en algunas conciencias, tal vez sea el recuerdo de Kosteki y Santillán, lo cierto es que el único freno parece ser el temor al muerto. Todo el resto, aunque escape a la razón, puede soportarse casi con un estoicismo desmesurado.

A tal punto se ha desvirtuado todo que la sociedad hoy se siente más identificada con las expresiones de miembros de la farándula que por aquellos -que no hace mucho-, fueron electos para que la representen en el Congreso de la Nación. La búsqueda de consensos suena más a slogan o a eufemismo que a conducta fáctica. Se pierde tiempo y paciencia en esa construcción imaginaria de acuerdos que no se alcanzan. Ni siquiera con un tema que desvela a todos por igual -como lo es la inseguridad que no cesa-, hay unidad. Frente a los últimos acontecimientos delictivos no ha habido voz oficial capaz de dar una respuesta, tampoco surgió una idea concreta de parte de la “oposición”.

Las demandas perentorias de la gente se mantienen insatisfechas, los anuncios grandilocuentes se silencian llenos de incongruencias. Nadie sabe todavía de qué manera se ha de instrumentar el subsidio ‘universal’ a la niñez ya que una semana después de anunciarlo, la Presidente sale a buscar fondos en el Banco Mundial. ¿La plata está o no está? Hay más misterio que evidencia. Las filas de necesitados, mientras tanto, se suceden en la puerta de la ANSES: una fotografía triste de un país en decadencia. Si se suman las imágenes de los campamentos en pleno centro de la ciudad, y de las facciones sindicales provocándose en las vías del subterráneo se completa el rompecabezas de una destrucción sistemática de la dignidad humana.

Para esta oleada de caos e insurrección que se observa en los últimos meses, desde que aflorara el conflicto en Kraft, no hay solución a no ser que se comprenda que el decisición de terminar con tanto desorden debe emanar exclusivamente de Presidencia de la Nación. El gobierno está para gobernar no para denunciar, nada sutil diferencia en verdad.

Se trata de conflictos de intereses más que de necesidades irresueltas. Detrás de las aglomeraciones que protestan es posible hallar una miseria magnánima, pero delante está el puntero, el ladero, el gremio y alguna que otra veña.

Hay una institucionalización de la pobreza que convierte a ésta en una herramienta para el control. Los pobres han terminado por convertirse en escudos humanos, en meros utilitarios, y allí se sustenta la crisis que nos acecha.

Los verdaderos “revolucionarios” son aquellos que se atreven a ir contra la corriente. Cualquiera que pruebe instalar un comedor infantil sin el visto bueno de algún intendente o puntero político corre riesgo. La caridad, a diferencia de todo lo demás, sí halla freno, se topa con el negocio de la marginalidad. La vida en esos conglomerados donde reina la carencia cotiza barato, pero adquiere valor incalculable cuando se trata de exponerla como postal ante un escenario que vive otra realidad.

Una vez en el circo de la gran ciudad comienza la puja por el poder que se traduce comúnmente en un vocablo: “caja”, lo que antes se llamaba el “vil metal”. Si el kirchnerismo se acaba, nadie quiere quedar sin resguardo, menos aún sin garantía de impunidad. Hay que sacar tajada ya.

En el cemento, donde las luces no dejan esconder nada, un muerto es el límite de la irracionalidad. No hay políticas de Estado que valgan, ni prevención, ni interés alguno en modificar nada. Hay una sóla necesidad: que el muerto que se está buscando caiga del otro lado. “Si nos toca a nosotros, perdemos”, ese es el único miedo que paraliza el inexcrupuloso avance del gobierno nacional por sobre todo y todos sin lineamientos y a discrecionalidad.

Juan Carlos Alderete, líder piquetero que, recientemente se declarara maoísta, acaba de repetir la misma frase que acuñara durante el 2001: “Habrá muertos de ambos lados”. Si para evitar el cadáver es preciso negociar entonces se lo hará, y muy posiblemente, la próxima postal de la realidad, sea la del abrazo de los piqueteros “disidentes” regresando al Salón Blanco, donde se los supo fogonear para implementar el boicot y la extorsión, metodología por excelencia que el gobierno ha instaurado -sin miras de cambio- desde el mismísimo día de su asunción.

En la figura de Néstor Kichner se unen, inexorablemente, principio y fin de todo cuanto acontece.

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LAS RESPUESTAS QUE NO ESTAN

Jueves, Noviembre 5th, 2009

Por Gabriela Pousa
Exclusivo para Perspectivas Políticas.Info

Hay respuestas que ni el más avezado de los analistas políticos podría dar. Frente a la orfandad que experimenta el argentino medio que, día tras día, se descubre más aislado de cuanto sucede sin lógica capaz de explicarlo, no hay razonamiento que satisfaga. No asoma en el horizonte ninguna suerte de paternidad. Ni el Estado ya está para ofrecerle aquello que otrora supiera otorgar: beneficios aparentes, a cambio de una libertad que acarrea responsabilidades intrínsecas desdeñadas en la mayoría de los casos.

El ciudadano actual ve cercenado su tránsito, avasallados sus derechos, se halla ultrajado en sus deberes y experimenta la metamorfosis kafkiana descubriéndose una especie de Gregorio Samsa al convertirse en cucaracha. O ser tratado como tal. Frente a ello, el asombro irrumpe para tratar de hacerle sentir que aún está en su sano juicio, y que es el entorno el que se ha desbocado a niveles impensados.

Una vez lograda la certeza de no ser parte de la locura que impera, sobreviene la pregunta: ¿Qué podemos hacer para contrarrestar la insensatez que rodea? El silencio alimenta entonces la impotencia. Los diagnósticos abundan. Hay descripciones de la realidad que se adaptan en gran medida a lo que pasa.

Una ecuación casi matemática: cuánto mayor es la diferencia entre aquellas y el relato oficial, mayor el grado de certeza y consecuentemente de credibilidad.

Los Kirchner viven en otra geografía donde la sequía es utopía y la inclusión social se resume en 180 pesos bajo el eufemismo de “asignación universal por hijo”. Eso sí, principal requisito: no más de 5 hijos por matrimonio. La pareja presidencial desconoce que donde se aglutina la pobreza también abunda la ignorancia, y la maternidad adolescente es casi una plaga. Hay madres que arrastran decenas de hijos y los padres no siempre poseen libreta matrimonial, menos aún dan la cara. La duda que nadie ha podido saldar apunta a desentrañar qué se hará con los hijos “de más”…

Pero la perplejidad que caracteriza como nunca antes a la sociedad tiene sustento en un acontecimiento novedoso, máxime si se pretende hablar de democracia pese a todo. Es la primera vez que el arma legítima del pueblo para limitar el accionar de un gobierno no es efectiva ni eficiente. Es decir, el voto se ha convertido, insólitamente, en una herramienta obsoleta que sólo está para justificar un régimen que, si bien se mira, no es tal.

El reciente voto popular terminó siendo un boomerang. Se pidió un cambio y en contrapartida se reforzo un “modelo” de afrentas, enconos y ceguera. Ante esta ignominia, el desconcierto ciudadano es total. La pregunta incesante apunta a discernir: “¿Qué hacer?”

Las cacerolas se silencian, el hartazgo paraliza, y la mezquindad sin matices de la dirigencia conlleva una desesperanza funcional a lo que hay, y amenazante en demasía para el futuro que siempre descolla antes de llegar.

Si acaso alguien osa hablar de un juicio político – figura que por otra parte está establecida en la Constitución Nacional - , comienza la descalificación masiva: “Fuera del sistema nada”, y los émulos de la democracia que desconocen la mismísima Carta Magna increpan como si la opción fuese atentar contra un régimen que, limitado a un domingo de urnas cada cuatro años, pierde toda esencia y legitimidad.

Democracia es seguir a pie juntilla lo que sucede en cada uno de los poderes básicos: Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Porque el ciudadano es soberano pero no gobierna ni delibera sino a través de sus representantes. Si aquellos que están ocupando ese lugar no representan ni una sóla de las demandas perentorias del pueblo, ¿cómo hablar de legitimidad?

Fue justamente pensando en esta disociación entre legitimidad y legalidad cómo se forzó la cláusula que habilita el juicio por mal desempeño del funcionario público. Si un juez puede llegar a ser juzgado, ¿cómo no ha de serlo un mandatario? Y casi un 40% de argentinos sumidos en la pobreza y la indigencia hablan a las claras de una gestión malograda. Más aún, si durante la misma además, él o la titular del Ejecutivo Nacional, aumentaron ocho veces su patrimonio personal. Ni siquiera hace falta contabilizar otras variables que también ponen en tela de juicio el actuar de la jefe de Estado.

¿Cuál es la proclama destituyente en estas páginas? Nadie habla de instituir un poder que no sea consensuado por la mayoría del electorado. Nadie se excede un ápice de la letra preclara de la Carta Magna que debería ser el ABC de la vida ciudadana.

Es cierto, no puede exigírsele al “laburante”, que día tras día puja por llegar a su trabajo sin lograrlo con puntualidad, y que encima es ultrajado por la “naturaleza” autoritaria de un determinado gobernante que se haga cargo de lo que pasa cuando acaba de hacerlo a conciencia, sufragando. No se le puede exigir que llene una plaza ni que obre como aquellos que están fuera de la ley aunque ello no tenga consecuencias.

Los valores están trastocados: los premios son para los ‘marginales’, y los castigos para quienes cumplen las normas básicas de convivencia y urbanidad. En una nota que ya he esbozado y puede leerse incluso en este espacio, analicé lo que acontece con la opresión y los necesitados: se ha instaurado una suerte de reinado con una aristocracia del excluido. De ese modo, superarse es contraproducente, lo que cuenta y suma es hacer de las penurias una causa nacional.

Se trata de lamerse las heridas sin que lleguen a cicatrizar… Mostrarlas con orgullo, echarse ácido encima.

Hay una exposición obscena del dolor y la marginación y esto obedece a que el premio y el privilegio, hoy, se le otorga a quién mejor expone esas miserias. Aquel que se ha ocupado de ir más allá, y vencer las circunstancias ha perdido la ganancia. Esa casta es ahora la nueva excluida, pasó a formar parte de la “clase media”: maldita por haber logrado la supervivencia a fuerza del trabajo cotidiano, del esfuerzo y la superación personal.

Son tiempos en que la oligarquía no es vacuna sino ovina: el rebaño triunfa por sobre la individualidad que dista de ser el individualismo egoista.

Con este trastocamiento de valores, pretender una respuesta al qué hacer frente a esta sucesión de dislates y locura es tan fútil como pretender que se premie a quién se gana el pan con el sudor de su frente sin hacer daño y sin pisotear los derechos de los demás. Ese ‘pobre gil’ está condenado a soportar el atropello cotidiano, y a verse sumido en esta etapa prelectoral que se adelanta, en una nueva batalla campal entre Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner como si ese fuese el centro de gravedad de la argentinidad.

  
 © www.perspectivaspoliticas.info

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ESTADOS PARALELOS Y BIPOLARIDAD

Lunes, Noviembre 2nd, 2009

Por Gabriela Pousa

Si en economía se habla del modelo de sustitución de importaciones, en política debería hablarse del modelo de sustitución de anuncios y definiciones.

Al analizar el escenario político, se verá que la última semana estuvo signada por anuncios grandilocuentes del oficialismo en detrimento, una vez más, del intento de la oposición por consensuar una estrategia capaz de limitar el avance del matrimonio presidencial. Más allá de discutir los efectos de la asignación familiar por hijo, es interesante observar hasta qué punto la Argentina se halla sumida en una contradicción supina. El último anuncio de la Presidente, de todos modos, no hace sino reflejar la situación económica y social del país.

Festejar un subsidio es reconocer la ausencia misma de políticas públicas distinadas a paliar los problemas intrínsecos de la sociedad. A su vez, este “reconocimiento de la pobreza” que ha hecho a través de la cadena nacional de radiodifusión la Presidente, tiene vastos antecedentes. Recuérdese la visita a la ciudad de Tartagal que realizara Cristina Kirchner anunciando una ayuda oficial que aún no se ha plasmado en datos dela realidad.

Todo hace prever que este aporte para los menores, amén de no ser universal, sea entregado en forma discrecional a un limitado número de ciudadanos. Por otra parte, el delirio nacional lleva, de alguna manera, a asumir el amplio espectro del trabajo en negro o empleo informal no para desterrarlo sino para contenerlo de manera meramente circunstancial, oportunista claro, ¿o acaso busca generarlo?

Simultáneamente, las cifras del INDEC desmienten que tenga existencia tamaño caudal de trabajadores no registrados. ¿Cómo se entiende? El INDEC no sólo desvirtúa los datos de la realidad sino también los dichos de la propia Presidente. ¿Cuál es la lógica de la información oficial?

Por otra parte, es factible reconocer en la asignación universal por hijo, una herramienta paliativa que se torna urgente ante un avance significativo de la pobreza e indigencia que finalmente es reconocida.

Pero el problema real no radica en la herramienta sino en quién la instrumenta. La credibilidad del matrimonio presidencial hoy está muerta. Existían seis proyectos con “estado parlamentario” que el Congreso podría haber debatido y aprobado con la misma rapidez como se votó la Ley de Medios o el Presupuesto 2010, ¿por qué acudir a un decreto de esta naturaleza?

La respuesta es simple y apunta a dos necesidades cruciales: jerarquizar la imagen de la Presidente opacada por la influencia de su cónyuge, y seguir con el manejo de la “caja” para garantizarse un amplio espectro de voluntades “cooptadas”.

Esta última necesidad abre paso a la incertidumbre que dejó el anuncio de la Presidente el pasado jueves. Lo cierto es que la ayuda no estará dada por una ley ni por una política clara sino por un aparato burocáta y clientelar.

En menos de una semana se ha tirado por la borda, incluso, aquello que fuera votado en el Presupuesto Nacional.

A su vez, es interesante observar cómo se presentan súbitamente las “urgencias” presidenciales. Hasta hace dos meses, la pobreza no era un problema central para el oficialismo. Cristina Fernández había asegurado ello sosteniendo incluso que “el problema en la Argentina no es la pobreza, sino la inequidad”. Para esa misma fecha desdeñaba la instrumentación de una asignación universal a la niñez aduciendo que el Estado “no está para regalar cosas”.

Una cabal interpretación de lo que sucede hoy por hoy en la Argentina podría ir más allá, y sostener que el Estado directamente no está. No está ni en su concepción primaria para cumplir con sus funciones básicas: Salud, Educación, Seguridad.

El Estado ha pasado a ser una verdadera entelequia, un eufemismo capaz de justificar intereses particulares.

Ello explica que el modelo K más que apuntar en su totalidad al modelo venezolano de Hugo Chávez se centre en el modelo de la Rusia de Putin donde prevaleve el “capitalismo de amigos”, es decir el reemplazo de la estructura estatal por estructuras ligadas al poder urgando en todas las áreas.

Kichner concibe el Estado como sinónimo de propiedad. De ese modo, los fondos del mismo le pertenecen, y cree que lo avalan para hacer con ellos lo que le plazca. De algún modo hay una suerte de bipolaridad en lo que respecta a la definición estatal: desdén desde algunos ángulos, y apropiación desde otros tantos.

Otra demostración cabal de esta distorción en el concepto estatal radica en el fomento que hace el gobierno de ciertos “movimientos sociales”a los cuales apuntala, justamente, para cercenar el rol estatal y afianzar el poder central. Obsérvese lo que sucede en la provincia de Jujuy con el movimiento comandado por la polémica Milagro Sala.

El abrazo de la Presidente y la líder piquetera el pasado Jueves en Balcarce 50, no fue sólo un reconocimiento oficial a su figura sino también un guiño hacia este tipo de organizaciones que en rigor de verdad, lo que hacen es neutralizar – no sin intereses sectoriales – las funciones de los mismos estados provinciales.

Milgaro Sala es amada y odiada por razones claras. Por un lado ha promovido y logrado la construcción de viviendas para muchos jujeños, gracias al aporte del gobierno que muchos estiman alcanza a unos 8 millones de pesos mensuales o más. Pero por otro lado, ninguna de las viviendas fue titularizada a nombre de sus habitantes. Es decir, el movimiento que lidera Sala mantiene la propiedad sobre todas ellas. De ese modo, la amenaza del destierro obra como herramienta disciplinaria, adoctrina y manda.

La cooperativa de Sala obtiene un poder casi dictatorial sobre la totalidad del pueblo jujeño, anulando incluso el legítimo poder provincial devenido del voto popular. No hay una exaltación del Estado sino más bien un asesinato del mismo promovido, obviamente, desde el poder Ejecutivo Central. Quizás por esto, la mismísima jueza de la Corte Suprema, Carmen Argibay Molina, saliera hace pocas horas a pedir mayor federalismo, sosteniendo que “el gobierno central se apodera del interior”

Y es el concepto de “gobierno de caja” que se ha instaurado desde la asunción de Néstor Kirchner en el 2003, el que prevalece y sostiene este tipo ‘aniquilamiento’ de estados provinciales para concentrar el poder al tiempo que se garantiza aquello que hasta los partidos más tradicionales han perdido: el voto cautivo.

Podría decirse incluso que se trata de la instauración de una suerte de Estados paralelos aunque sea disimil en poder entre ellos. No en vano Kichner busca su reelección a través de los movimientos sociales en cuestión.

Hoy, es el clientelismo el único cautivo, y el gobierno lo sabe con creces. De allí que todos sus actos se centren en el armado de fuerzas capaces de asirse del aparato asistencialista cuyas redes más fuertes se hallan en el conurbano bonaerense. Si encima se neutralizan otras fuerzas en la provincia, mayor podría ser la injerencia del oficialismo.

Esta es la lógica que acuña la Reforma Política promovida por el Ejecutivo. Al respecto, puede decirse, una vez más, que el problema no radica en la herramienta sino en quién la ha de instrumentar.

Y es que los fines del kirchnerismo son espúreos por demás. De allí que los medios empleados no puedan librarse de toda sospecha, y hallársele ese matíz de suciedad que ya parece ser inerente al quehacer oficial.

Ni el fin justifica los medios, ni los medios empleados pueden liberarse de la naturaleza de los fines perseguidos. Y a esta altura de las circunstancias, está claro que los Kirchner apuntan a la permanencia en el poder, tal vez no como fin último dado que detrás de ese afán se halla la verdadera causa de su actuar: la necesidad de prorrogar ad eternum su impunidad.

Nota publicada en www.economiaparatodos.com.ar

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