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Archive for Julio, 2009

LA CUADRATURA DEL CÍRCULO (en el que estamos)

Miércoles, Julio 29th, 2009

Por Gabriela Pousa

Está claro que la renovación política es una utopía desde hace muchos años en la Argentina. Los mismos personajes harto conocidos se mueven por el escenario sin que importe demasiado qué rol ocupan, ni si están capacitados para llevarlos a cabo. Cualquiera puede ser presidente o ministro. Los ciudadanos votamos a los emergentes del escándalo o del juego mediático.

No hay valorización del tiempo, de allí que aquel que se tome un descanso y esté ajeno al devenir de los temas que se suponen son los esenciales para estar “informados” , queda en desventaja por más que ese silencio haya servido para reflexionar, capacitarse y regresar un poco más sabio. Nadie pretende demasiado.

Si hay pueblo fácil de conformar ese es el argentino: con garantizar una mediana estabilidad o no erigirse en el centro de la escena con alaridos y mal trato parece bastar. Al menos lo parece en estos días en que los modos de Néstor Kirchner han sido repudiados en las urnas por la mayoría. Es cierto que, a juzgar por los acontecimientos que son de dominio público, nadie ha entendido demasiado qué se dijo o se quiso decir a través del sufragio. Ni siquiera quienes lo han emitido están actuando con plena conciencia de lo sucedido. De otra manera no se explica este desborde de paciencia que estamos presenciando frente a renovadas afrentas por parte de la dirigencia.

Si alguien hubiera hecho una lectura real del mensaje en las urnas, nada de lo acontecido en los últimos días hubiera sido noticia. ¿O habrá que aceptar que nos expresamos mal? ¿Cómo entender sino que Daniel Scioli surja, de repente, como un paladín de la negociación política o se le dé valía por una simple visita a la muestra del campo? ¿El mismo hombre que días atrás fuera rechazado por los votantes, es ahora el emblema del cambio? El absurdo puede llegar a extremos impensados, está claro.

Qué los medios se detengan a dilucidar por qué, el gobernador bonaerense, aparece en primer plano, es una demostración de lo banal y circunstancial que resulta el reclamo ciudadano. Al margen de ello, es necesario asumir que el oficialismo sigue haciendo y deshaciendo a sus anchas lo que queda de país, y sigue también manejando las marionetas que él mismo ha creado para matizar el decorado.

Ha impuesto el “diálogo” como sofisma para dilatar respuestas a planteos que son harto conocidos en el Ejecutivo. El conflicto del sector agropecuario, las carencias que provocaron el mismo, etc., son materia repetida y no escapan al conocimiento de Cristina Fernández quien pretende, con poco éxito, sacarse el “Kirchner” de encima aunque más no sea en las letras de molde y negritas. ¿Qué novedades hay que llevarle? La oferta de Scioli para ser el menajero, resulta fútil y hasta podría leerse como una nueva tomada de pelo.

En este trance, no hay dos días en la Argentina en que el tema de debate sea el mismo. El grado de distracción es magnánimo y coopera justamente a la estrategia oficial por hablar de agendas sin establecer ninguna a conciencia. Al día de la fecha, hay tantas agendas como intereses sectoriales dando vuelta. La trama en la que se nos ha enfrascado es de una dinámica macabra. Quién ayer era el protagonista de máxima, hoy se convierte en un actor secundario del que nadie habla y viceversa.

De esa forma, Guillermo Moreno que ocupara las portadas de los medios la semana pasada, le cedió el lugar a Hugo Moyano, y éste supo recular para que sea Daniel Scioli quién distrajera durante el fin de semana. Todo cómo si el problema de la Argentina estuviera en el elenco de la obra que hace años venimos presenciando, y no en su ejecutor, en quién ha desarrollado la puesta en escena y sigue moviendo los hilos detrás de ésta.

Resulta asombroso como los temas se dispersan. El mentado llamado al “diálogo” comenzó siendo una convocatoria oficial a 100 partidos políticos con el sólo fin de acordar una reforma política que, de la noche a la mañana, salió de la galera oficialista como el asunto más urgente y trascendente de la Argentina. Paradójicamente, además se trata de la misma reforma que años atrás, el kirchnerismo decidiera abortar.

La ley de internas abiertas y simultáneas se sancionó en el año 2002. De haberse instrumentado posteriormente, el peronismo sólo hubiera tenido un candidato en el 2003, razón por la cuál el ballottage habría sido librado entre Carlos Menem y Ricardo López Murphy, por ser los dos políticos que más votos obtuvieron en sus respectivos espacios y también en la elección general. Esto no sucedió por obra y gracia de Eduardo Duhalde que ‘pateó’ para adelante la norma a fin de evitar que Menem lograra otra reelección. De toda esa maniobra, surgió ni más ni menos que Néstor Kirchner.

En 2006, gracias a un proyecto del Frente para la Victoria, las internas abiertas y obligatorias quedaron finalmente de lado; el poder ya se había ganado.

No hace falta ningún sondeo de opinión pública para advertir que este tema, aunque sea central para un sistema democrático real, no es hoy prioridad para la ciudadanía. El país atraviesa problemas de mayor envergadura que ameritan respuestas con urgencia. 17 millones de argentinos se hallan con sus necesidades básicas insatisfechas. En plena pandemia, la situación de la salud pública hace mella, el frío encuentra el doble de indigentes viviendo en las calles de la provincia de Buenos Aires, en el interior hay desnutrición infantil en grados impensados…

Ante esta realidad, hasta el INDEC es pura anécdota no más. Discutir cómo se miden las estadísticas y elevar tal discusión como leiv motiv de la convocatoria política es un cachetazo para quienes no pueden llegar a fin de mes con la mesa servida.

Las provincias, a su vez, se hallan paralizadas por deficit presupuestarios que nadie explica demasiado. En los municipios comienza a haber serios problemas a la hora de pagar sueldos, y los sectores productivos están mermando sin pausa en sus servicios. No faltan revueltas sociales aisladas ni amenazas de paros como la que plantean los productores láteos.

Pese a todo ello, en lugar de respuestas concretas se sigue debatiendo la cuadratura del círculo, y la “agenda” que se oferta encuentra a Cristina Fernández de Kirchner recibiendo -cada tanto-, a algún político opositor o gobernador como si la foto de ocasión resolviese algo. A este paso, y considerando la cantidad de dirigentes que hay en el país, las reuniones fotográficas acabarán con el calendario, y de ese modo será posible que el gobierno cumpla con todo su mandato. Eso sí, los únicos no convocados al diálogo son apenas los ciudadanos.

En este contexto, no debe asombrar que quienes hasta ayer eran kirchneristas aparezcan como “aliados” opositores con virtuales soluciones que, en rigor de verdad, ni siquiera emanan de sí mismos sino de quién, por detrás, los envía disfrazados a cumplir un rol para el cual tampoco están preparados. La presencia del gobernador bonaerense en la Rural fue más artificial que la nariz de Michael Jackson.

Mientras se discutan esas nimiedades que no aportan un ápice y se siga dilatando el tiempo, averiguando si se va o se queda Guillermo Moreno, si Daniel Scioli operará para cumplir no con el pueblo sino con su ambición mirando al 2011, o se analice si Hugo Moyano se abraza con “los Gordos” en el sindicato; Néstor Kirchner tendrá el camino liberado para seguir dirigiendo la trama de una película cuyo final nos volverá a dejar paralizados e incluso con el peligro de quedar en manos de quién ya nos ha condenado. Al éxito sí, pero al suyo propio que es, paradójicamente, nuestro fracaso… 

Publicada en www.economiaparatodos.com.ar

esfera_mano

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LA MESA ESTÁ SERVIDA… (O el país como una cantina)

Martes, Julio 21st, 2009

Por Gabriela Pousa

Exclusivo para Perspectivas Políticas.Info

Pareciera que después del 28 de junio, no sólo el Poder Ejecutivo o el matrimonio presidencial, sino la dirigencia en su conjunto se dio cuenta que las cosas andaban mal en la Argentina. Cómo si los mismos sorprendidos no hubiesen sido acaso partícipes necesarios en el descalabro que ahora denuncian con ahínco.

Es asombroso como puede pasarse de protagonista a espectador y viceversa sin que nadie haga, al menos, un ‘mea culpa’, o algun medio de comunicación se tomara en serio la situación para no seguir creando confusión en la opinión pública.

Porque, en rigor de verdad, ante esta ensalada de reuniones,  fotografías subrealistas, denuncias, rumores, desmentidas, cambios de figurita, etc., etc. ya nadie tiene conciencia plena de quién es quién ni de qué lado está cada cual.

De hecho, todo este circo de actos incesantes que se multiplican con el paso de las horas, es funcional justamente a esa necesidad: qué nadie advierta demasiado que los mismos que hoy protestan, han sido parte de la metodología que el gobierno implementara estos últimos años para manejar la política sin ejecutarla.

En este contexto, surgen los “arrepentidos” como personajes mediáticos en un extraño rol: son, de pronto, los que marcan los errores del kirchnerismo como si nunca hubieran tenido actuación en el mismo.

De ese modo, Alberto Fernández pasa a recorrer los estudios de televisión dando cátedra de cómo debió operarse políticamente, y actuaciones similares tiene una nueva “camada de opositores” tales como Sergio Acevedo, Martín Lousteau, Santiago Montoya, Mario Das Neves, Roberto Lavagna y hasta algunos que aún merodean la Casa Rosada.

Véase sino las últimas apariciones y dichos de Jorge Capitanich, Daniel Scioli o peor aún el mismísimo Daniel Peralta, gobernador de Santa Cruz. Todos estos, hombres que supieron destacarse por su obsecuencia a Néstor Kirchner defendiendo hasta lo indefendible, ahora son las voces críticas que analizan…

No hay duda que la Argentina es un país que ha perdido las estructuras políticas sustentables que den a la democracia un sesgo de realismo inexpugnable, pero más grave aún es darse cuenta de la total ausencia de convicciones, principios y lealtades capaces de garantizar, aunque sea de ahora en más, la construcción de aquellas herramientas necesarias para creer en una salida medianamente razonable a esta anomia que crece inevitablemente.

Cuando, de la noche a la mañana, todos los sectores empiezan a armar sus propios documentos para enumerar las necesidades que los acogen, instrumentar marcos de acción, criticar esto u aquello, etc., el resultado es esperable: habrá en el país un conglomerado de grupos tratando de autoabastecerse pero sin interconexión real, y sin una dirección que garantice una lógica articulación de acciones. Piezas sueltas de un rompecabezas que no cierra.

A ello, inevitablemente, se ha de sumar una desconfianza supina entre unos y otros por esa misma falta de conectividad.

El grado de confusión tiende así a agravarse y quién saca tajada de todo esto no es ni más ni menos que el gran ausente del diálogo político: Néstor Kirchner. El gran ausente pero el gran hacedor de estas agendas parciales o sectoriales que hoy se mueven como si fueran Cartas Magnas conteniendo verdades reveladas.

Paradójicamente, cuando se habla de diálogo y de consensos, lo que se está gestando son contradicciones aún mayores.

¿Qué puede resultar de mesas “secretas” que operan aquí y allá sin que se sepa en demasía que temas se tratan en ellas, y hasta qué punto -los problemas perentorios de la sociedad- son los que pesan?

El único elemento que puede poner fin al vacío institucional y de poder real que hay hoy en la Argentina, es la elaboración conjunta de políticas de Estado, y no el ‘rejunte’ de parches que cada uno imponga o pretenda imponer desde un sector en particular.

Quizás sea tiempo de ordenar las prioridades, y comenzar por resolver lo que está enrareciendo el clima político llevándolo a extremos complejos y desenlaces inciertos.

No se trata de reuniones sueltas entre campo y empresarios, oposición y mesa de enlace, Cristina Kirchner y Mauricio Macri, o gobernadores que llegan con una mezcla de vanidad por un comicio ganado y una necesidad acusciante de efectivo o crédito que vuelven a bajarlos del pedestal. Se requiere unidad de criterio, y está claro que no lo hay en este momento.

Estas convocatorias independientes o inconexas que hace el gobierno por orden del mismo titiritero de siempre, cooperan al aislamiento de los sectores productivos y al divorcio ya existente entre la sociedad y los políticos.

No hace un mes que se ha votado, y quienes lo han hecho descreen ya de aquellos a quienes han avalado con su sufragio. No nos engañemos. Se nos está mareando para que el gobierno pueda seguir perdiendo el tiempo, y buscar mientras tanto, la mejor manera de salir de esta encrucijada donde se han metido solos por soberbia y desconocimiento.

Los consejos académicos que se forman repentinamente, las mesas de diálogo donde nada se dice, las fotografías sonrientes de los funcionarios irrelevantes que posan como si manejaran al menos sus despachos cuando no son siquiera dueño de sus palabras y mucho menos de sus silencios, resultan otra afrenta más al pueblo.

Los medios haciéndose eco de todo ello tampoco parecen aportar demasiada claridad a lo que pasa en realidad.

Hay un eufemismo de consenso que se agota en la formación de comisiones, consultorías, etc., cuyo fin es ampliar el grado de burocracia que ya existe en la Argentina.

Hasta tal punto se desvía el eje del problema que ahora, en boca del ex jefe de Gabinete, Alberto Fernández, quién ha generado la crisis actual es tan sólo Guillermo Moreno.

Directo y lapidante acusó a “las política de Moreno”. Pero han sido únicamente las no-políticas de los Kirchner las que llevaron al país a convertirse en una geografía escindida, donde la unidad es una utopía, y el mapa que muestra es un sinfín de mesas aisladas como en una cantina, tratando de negociar de qué manera se salva cada una a sí misma.

No son, en definitiva las estadísticas las que deben cambiar sino lo que ellas representan en realidad cuando no están manoseadas desde arriba.

No importa si la pobreza es medida por Bouduo, Moreno, Pérez o García, tampoco si es de un 10 ó de un 40%. Lo que cuenta o debería contar son los 17 millones de compatriotas que están con sus necesidades básicas instaisfechas, y que no requieren nuevos índices académicos sino políticas de Estado claras, concretas y de largo plazo para no seguir en el círculo vicioso de la indigencia.

Mientras todo se reduzca a las partes y no al todo, mientras nos estanquemos en las formas o en el modo y no en los hechos, en lo cierto, la Argentina seguirá a la deriva sin saber siquiera cuál es su verdadero gobierno.
 

   © www.perspectivaspoliticas.info  

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Cada vez más divididos…

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LA CRISIS INTERNACIONAL

Martes, Julio 21st, 2009

Por Ricardo López Murphy

Exclusivo para Perspectivas Politicas.Info

Los Hechos

Después de muchas décadas, prácticamente siete, desde la segunda guerra mundial vivimos una crisis de magnitud extraordinaria, en términos de duración, alcance internacional y profundidad.
 
Concurre a ella, como razón de causalidad, el exceso de optimismo sobre el potencial de crecimiento. Sin duda ello fue afectado por el desempeño estelar del período 2002-2007, y la exitosa integración económica mundial.
 
Ello permitió una vinculación nunca vista en comercio de bienes, servicios, inversión extranjera directa y transmisión de conocimientos, con el subsecuente salto de productividad y nivel de vida a él asociados.
 
Nunca se creció tanto, y para hacer más atractivo el resultado, los países pobres lideraron tal desempeño.
 
En los 30 años previos al 2008 el PBI se multiplicó a escala global por 5.5 veces y el comercio por 10 veces. La apertura a nuevas formas organizativas, la conversión al capitalismo abierto y la integración al mundo de China, y en términos bien generales del Este y Sur Asiático y del Este de Europa, creó una expectativa desmesurada sobre el crecimiento esperado, que en general, fue compartida por el consenso profesional y poco cuestionada en su sostenibilidad.
 
En especial el efecto expansivo automático que de tal situación se derivaba, por el creciente peso, en la ponderación, de los que más se desarrollaban.
 
Convergieron a este círculo virtuoso esperado, también, los descubrimientos tecnológicos aplicables a la producción, desde telecomunicaciones a informática hasta biogenética. El mundo se hacía plano y vecinal, colapsaban las distancias y había que invertir en ese proceso y en la reasignación de recursos que implicaba.
 
La combinación de un mundo crecientemente integrado, con procedimientos nuevos y rendimientos no decrecientes, por las características de redes de las nuevas tecnologías, actuaban como telón de fondo.
 
Más aún, importantes teóricos económicos argüían que había economías de escala en el crecimiento económico y en los descubrimientos, y que el proceso dinámicamente se aceleraba.
 
Incluso se llegó a esgrimir que el proceso de crecimiento se agudizaba por la tendencia en aumento de la propensión al ahorro, de los nuevos participantes en la economía global. Dicho en otros términos, los ahorros no sólo crecían más rápido, sino que los que más crecían ahorraban más y cada vez más, producto de su propio crecimiento, y a su vez pesaban más en su ponderación, en el contexto internacional.
 
Ello financiaba la inversión y el consumo de los deudores a tasas de interés muy bajas, y se facilitaba la mayor relación capital-trabajo, de un mundo tecnológicamente más moderno.
 
Esto a su vez, se veía potenciado por el aprendizaje de reglas de política económica y marcos institucionales, en países emergentes en el sentido de hacer ahorros en las circunstancias de abundancia relativa, cuando las experiencias del pasado, habían gastado sus ingresos excepcionales, del auge de los precios básicos de sus exportaciones y aún peor, se habían endeudado.
 
Ese contexto tan favorable creó las condiciones sociológicas, psicológicas y financieras de la crisis. El exceso de optimismo no era arbitrario, tenía fundamentos, y si bien su magnitud y dinámica era opinable, no lo era su dirección y efecto final.
 
Por otro lado, ese exceso de expectativas se canalizaban básicamente en inversiones y flujos de capital hacia USA y a países de muy rápido crecimiento en Europa Oriental.

La expectativa implícita era, que esos recursos,  procesados en mercados de capitales maduros, podían dispersar el riesgo y evitar los fenómenos de contagio, sobre todo si se trataba de ajustes reales y se evitaban los trastornos gigantescos, de una crisis generalizada.
 
En gran medida  ahí estuvo y está  el principal problema.

El entusiasmo y la confianza en el crecimiento estable, de baja volatibilidad surgido de las series estadísticas, que a su vez, como explicaban los analistas de este proceso, se acentuaba con el paso del tiempo y con el mayor ingreso per cápita.
 
Los registros truncados desde la segunda guerra, evitando la información de la gran depresión como una anomalía, llevaban a confiar y a confirmar en que el fenómeno  de deterioro de los valores de los activos y de los flujos de ingresos, no iban a ocurrir simultáneamente y en una dimensión desestabilizante, tal como fuera el caso de la gran depresión de los treinta. Exceptuada la ocurrencia de la depresión, ese análisis tenía robustez.
 
En el fondo del razonamiento estaba la idea que esas enormes valorizaciones expresaban esa mayor potencialidad de crecimiento y esa bajísima tasa de descuento, que se suponían perdurables, en ambos atributos.
 
Si había una corrección, al igual que en las series de los últimos 65 años, iba a ser suave y los amortiguadores del sistema económico, de modo automático la compensarían, por lo que los desvíos que ocurrirían, no pondrían en riesgo como en un terremoto la estructura global, y los seguros cruzados existentes.

El problema que consumía la reflexión y el debate era el riesgo de inflación y no una violenta deflación internacional. El exceso de crecimiento y demanda, no una retracción generalizada.
 
Más aún, se pensaba  en el consenso profesional que si ello no alcanzaba, si los distintos mecanismos automáticos fallaban había un margen para  una reacción coordinada de las autoridades económicas del mundo, que aplicando políticas compensatorias, en lo monetario y fiscal, podían revertir el problema.
 
En los hechos, las tasas reales de interés habían sido extraordinariamente bajas y los riesgos a ellas asociados, dado potenciales errores, serían menores.
 
Quizá el indicador más llamativo de este estado de opinión pública informada, fue la idea de reducir sustancialmente el staff  del FMI, porque no eran esperables crisis como las ocurridas en las décadas previas.
 
No había espacio en ese marco de ideas para la ayuda oficial, implícita en el orden de impronta keynesiana de Bretton Woods, ni necesidad de mecanismos de prevención, porque ella no iba a ser necesaria. Tan favorable lucía el mundo, en los años de expansión.

Los Problemas

 
Tres problemas importantes de funcionamiento se omitían y no fueron puntualizados por nadie hasta donde llega mi conocimiento, y ellos han estado en el corazón de la crisis.
 
1. En primer término, la idea subyacente en los mercados financieros que las instituciones muy grandes no pueden quebrar. Si ese concepto se acepta, y hay razones, sobre todos después de la caída de Lehman Brothers  para defenderlo, la regulación sobre administración de riesgo, relación capital-préstamos y efectos derivados, requiere un nivel regulatorio diferente al aplicado y sobre el cual reposaba la estructura institucional financiera. No sólo en las dimensiones formativas y legales, sino en su aplicación práctica.
 
2. En segundo término el fracaso del desempeño y funcionamiento estatal, en la calidad regulatoria fue excepcional, en particular en términos de las estafas, shadow banking y permisividad en la  concatenación de riesgos, en las compañías de seguros. No son asegurables fenómenos sistémicos.
 
3. En tercer término, los problemas de regulación de grandes corporaciones y el monitoreo por sus directorios y accionistas dejó a la vista un muy mal monitoreo, y un bajo desempeño de estos cuerpos.

La clave de la crisis es que estuvo en las principales instituciones del sistema que absorbieron y se quedaron con los malos créditos.
 
Volviendo a la evolución de la crisis, desgraciadamente este escenario tan favorable, con mucho de  panglossiano, no se verificaría y sufriríamos, en magnitudes extraordinarias las crisis y los ciclos de violentas contracciones a escala global, en gran medida, porque los problemas potenciales se había subestimado.

En primer término se podría señalar una incorrecta percepción de la magnitud y sostenibilidad del ciclo favorable.
 
Las expectativas de mejora y su impacto sobre el valor de los activos habían llegado, ahora lo sabemos,  a niveles muy por encima de lo sostenible y habían servido en un ciclo largo, para ampliar el nivel de deuda pública y privada a niveles muy peligrosos. Este sobreendeudamiento dificultaría la propia estabilidad de los agentes económicos.
 
En segundo término, ahora lo sabemos, la recurrencia del crecimiento y la baja volatibilidad de 65 años, y la tendencia estabilizante, no aseguraban la ausencia de un evento catastrófico como en las cuestiones hídricas, esto es una crecida milenaria.
 
La extraordinaria base de endeudamiento, administrada por un sistema que se hallaba favorecido impositivamente por un tratamiento sesgado en cuanto a la existencia de una relación baja de patrimonio en activos, se volvería explosivo bajo un proceso que generaría castigos y pérdidas significativas.
 
En tercer lugar, las bases estadísticas y actuariales y los stress test llevados a cabo utilizaban ese período de referencia truncado y no contemplaban, porque no había sucedido antes, un fenómeno de covarianza muy extendido del precio de los activos.
 
Ese efecto contagio, de descubrimiento de debilidades sistémicas, iba ser muy decisivo y de una dimensión excepcional en términos históricos. Algo muy parecido había ocurrido con la crisis de Asia, en los países emergentes en la década del 90.
 
En cuarto lugar, el fracaso del Estado fue muy significativo. Los vicios, la falta de información y reporte de actividades no explicitadas, los fraudes, los riesgos actuariales no incorporados a la base del capital, la no apreciación de riesgos contingentes, el inadecuado previsionamiento, la incorrecta subestimación del riesgo moral.

La sobre exposición crediticia creaban un riesgo sistémico ponderable, que como se señaló no era asegurable y no debía incurrirse.
 
Porque esto no fue percibido, tanto por las autoridades regulatorias, los analistas, como por los directivos de las entidades que fueran llevadas a la quiebra, será uno de los misterios a develar de la crisis. 
 
Seguramente en gran medida la investigación académica abordará las próximas décadas esta temática. Las pérdidas han sido inmensas, para no ameritar un estudio severo y exigente, de las fallas para hacer cumplir la regulación vigente.
 
En quinto lugar, la reacción lenta de las autoridades monetarias a escala global. El signo deflacionario de la caída de los valores de los activos y de su impacto sobre consumo e inversión son obvios.

Sin embargo, durante casi un año se demoró la acción coordinada y efectiva frente a la deflación.
 
Se actuó en un contexto de derrumbe cuando las devaluaciones competitivas hacían visibles el sesgo recesivo de la política agregada.
 
El país con el mayor desequilibrio en cuenta corriente corregía el mismo, revaluando su moneda.
 
No es posible pensar por su tamaño relativo una política más recesiva.
 
El trabajo de corrección que no hacía el tipo de cambio lo debía hacer el receso o la deflación, que en todo caso, en un contexto de gran endeudamiento, agudizaba el receso.
 
En este proceso estamos y aún no se detiene. Ello fuerza a una continua caída del precio de las propiedades y de los otros activos.

Ello demanda más recursos de capitalización y mayor insolvencia ante la nominalidad de la deuda. Este cuadro vicioso sólo se corta cuando se reconoce su carácter explosivo y la necesidad de detenerlo.
 
El costo en deuda pública, desempleo y desesperación y estupor de los agentes económicos es muy grande para no revertirlo. Ello requiere una acción coordinada global y la estabilización del nivel general de precios.
 
La deflación forzada estuvo detrás de la crisis de los 30. Ello es más agudo hoy por la forma  en que se financian las instituciones crediticias.

El Futuro

 
La velocidad de la recuperación depende de la percepción de este estado de cosas y de la voluntad de reformar una arquitectura financiera con tantos puntos frágiles.
 
El temor a un desborde inflacionario puede llevar a acciones muy tímidas en esta línea, que dan lugar a una caída de shock de la actividad económica, como si el financiamiento se detuviera de golpe.
 
En general, por formación  los economistas trabajamos en el equilibrio marshalliano y estos movimientos tectónicos, no se prestan a nuestro paradigma tradicional, ello explica también la lentitud de las acciones estatales.
 
Ojala se entienda la magnitud de la crisis y las políticas necesarias para revertirla.

© www.perspectivaspoliticas.info


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ENTRE CONCESIONES Y BIZARRIAS…

Martes, Julio 21st, 2009

Por Gabriela Pousa

“Obras son amores y no buenas razones”

Demasiado complicado está el escenario aún cuando nada haya cambiado sustancialmente. Los resultados electorales por el momento sólo han generado un estado de confusión generalizada en los ámbitos donde debe definirse qué hacer en los próximos seis meses. Y he aquí el primer error de la dirigencia.

El país se halla en la cuerda floja justamente por esa visión cortoplacista que lo ha guiado siempre. No hay debate ni diálogo que tenga en consideración cómo, cuándo y dónde se definirán los ejes de una cartografía que oriente el rumbo de acá a veinte o treinta años como sucede con los países desarrollados.

Analizar si Elisa Carrió hizo bien o no en asistir al “diálogo”, si se ha peleado Kirchner y Scioli, o si Sergio Massa agredió al ex mandatario es, de algún modo, ser cómplice de este teatro. Absuélvame por esta vez, el lector, de tamaño desacato.

Este estar detenidos en un tablero de ajedrez donde la partida no admite más que unos peones que, en breve, se han de comer, estanca a la Argentina en polémicas fútiles de sobre mesa o la deja librada a “ismos” que sólo tienen cabida en esta geografia. Ningún país encuentra en sus mandatarios corrientes ideológicas tan veneradas: acá hay o hubo alfonsinistas, menemistas, duhaldistas, kirchneristas. No hay en Brasil, por ejemplo, “lulistas” ni en Uruguay “sanguinettistas” o en Chile “bachelettistas”. Somos raros, admitámoslo.

En ese trance, resulta inútil, quedarse en las figuritas o en la discusión de quiénes aceptan sentarse en una ‘mesa de diálogo’ y quiénes no como si eso fuese de trascendencia.
Mientras ello acontece, el tiempo sigue desperdiciándose irremediablemente. El único recurso no renovable se dilapida tal como Néstor Kirchner desea que suceda. Se le sirve en bandeja la salida aunque pocos se den cuenta. Él amenaza con irse pero se queda.

Los verdaderos temas de una agenda política seria, giran en torno a conflictos y problemas que acechan desde que el kirchnerismo arribó a la Presidencia, o antes aún que eso suceda. No aparecieron el 28 de junio todos los temas juntos.

La permanencia de un funcionario, los superpoderes, la recreación de un Banade o un maquillaje al INDEC son temas triviales si se tiene verdadera conciencia de lo que implica volver a ser una Nación, y reconstruir la institucionalidad perdida.

Si estas batallas nimias las gana en un debate Aníbal Fernández, Diana Conti, Ricardo Gil Lavedra o Mauricio Macri no es lo que verdaderamente interesa. O no debiera. Hay un más allá que se repliega en las agendas pero que existe de todas maneras.

La Argentina requiere que se la defina, no de acá a diciembre en que varía la fisonomía del mapa político en cuanto a la “camiseta”, sino que necesita se elabore un concepto de país que aspire a insertarse en el mapa con características concretas, reglas claras, normas previstas y políticas de Estado que no se modifiquen si en el 2011 o cuando sea, cambia la figura que ocupa la Presidencia.

Carecemos de proyecto de país, de manera que cualquier diálogo por real o ficticio que sea, terminará agotando a los interlocutores pero no los temas.

Qué de la noche a la mañana el debate pase por cómo se forman las mesas o quiénes se sientan en la cabecera, resulta poco serio, y lleva al más común de los pecados que se han venido cometiendo en materia política: la pérdida de tiempo.

Cuando se trata de hacer un análisis político, el optimismo o el pesimismo no tienen cabida. Lo que cuenta es la realidad sin maquillaje ni cosmética. Si duele o si ilusiona es otra cosa. Acá lo que interesa es encontrar para la Argentina un rumbo que vaya más allá de la pelea interna entre personajes que han de pasar como pasaron tantos, que no es posible siquiera llevar con precisión la cuenta.

Los Kirchner ya son pasado aunque tengan todavía margen para hacer mucho daño. El carácter revanchista del ex mandatario es una realidad con la cual ya nos hemos topado. Discutir si ésta se mantiene intacta o ha variado es infantil e incauto. Kirchner arremeterá ya mal herido contra los intendentes del conurbano, contra el gobernador de Santa Cruz y contra todos aquellos que no le han dado el triunfo el pasado 28 de junio cuando, en rigor de verdad, hay un sólo artífice del fracaso, y únicamente puede hallarlo con el espejo enfrentándolo.

Ni siquiera puede atribuírse demasiado mérito a esa “oposición” que genera más dudas que certezas. ¿Quién está dispuesto a poner las manos en el fuego por los nombres que han sacado más sufragios?

Si se escucha con atención la dialéctica de Gerardo Morales se creerá que estamos frente al más coherente de los dirigentes. Sin embargo, no hace mucho que el titular de la UCR acompañaba la marcha peronista al lado de Roberto Lavagna, mientras el pastel de papas se servía en “El General”, ese legendario restaurante cuyas paredes hablan. Lo mismo sucede con otros candidatos electos o deshauciados.

Felipe Solá cometió un “blooper” horas atrás cuando, frente al periodismo, sostuvo que no podía negarse al diálogo porque “hace años que se lo viene exigiendo”. -No tanto, habría que haberle dicho. Él mismo formaba parte del gobierno hace apenas un año.

Desde luego que el cambio de opinión es rasgo sobresaliente del hombre probo como reza el refrán, pero de ahí a auto-erigirse paladines de la verdad es un tanto simbiótico, y el provecho que se busca esconde más individualismo que pluralidad de criterio y consenso. Nadie sabe a ciencia cierta qué ideas unen o separar a las distintas fuerzas que surgen en el escenario. Ni tampoco hay demasiada claridad acerca de las sinonimias que mantienen a algunos de ellos unidos bajo rótulos bastante gastados.

Debatir qué porcentaje de peronismo tiene el PRO, o hasta qué punto la Coalisión mantiene la vocal o no, es anecdótico cuando no hay conciencia de que el país requiere tener una meta que escape a los seis meses que se discuten hoy, o a los dos años y medio que restan de mandato.

Desde luego que puede analizarse o enumerarse cuáles son las causas por las que el diálogo al que se convoca resulta un anatema más que una salida para la Argentina. De hecho, estos consejos del salario, del trabajo y demás yerbas suenan más a canjes de figuritas, y a fijar derechos sobre las sillas, que a interesarse por el bien común y la prevalencia de la Constitución como ley primera.

Todo está dicho desde el comienzo de la República: si la Carta Magna se respetara tal cual lo dice su letra, no sería necesario estar perdiendo el tiempo lastimosamente en estas falacias que se dan a conocer como primicias cuando son tan viejas y obsoletas.

¿Qué nueva idea para fundar una nación tienen los actuales dirigentes que no hayan tenido ya, por ejemplo, los hombres de la generación del ochenta? ¿Acaso hay tantas alternativas a la hora de saber hacia adónde encaminar la Argentina?

Latinoamérica es una opción con matices, la Comunidad Económica Europea es otra, China y su desenvolvimiento frente a la crisis financiera abre otras puertas. No hay mucho más para analizar y dialogar. Para hacer, en cambio, hay demasiado.

Si en lugar de hacer llamados para negociar concesiones y porciones de poder que no mejorarán un ápice la situación de la sociedad en su conjunto, ni habilitarán el paso para programar inversiones que faculten el crecimiento real del país más allá del almanaque que tenemos colgado; la acción tendería a fortalecer la independencia de poderes y dar marcha atrás en el ocaso instiutucional. La seguridad jurídica dejaría de ser tema para pasar a ser una realidad derivada del acto y no de la saliva, y la confianza podría emerger a medida que se va avanzando.

Ahora bien, si todo ello sigue siendo apenas tema en boca de personajes fugaces en la escena nacional, está claro que la Argentina seguirá siendo lo que es: una tierra de oportunistas donde nadie es responsable de los saqueos sufridos, y donde la gente no termina de entender que todo lo que está en discusión es el modo de preservar el círculo vicioso que nos lleva, de “veranitos” con la costa atlántica repleta, a inviernos donde la canasta básica escasea….

En consecuencia, “mañana” continuará siendo un adverbio de tiempo o aquello que hay apenas se dobla la esquina, pero para nuestros hijos y nietos no habrá otra garantía.

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DEBATIR LA LA CONVOCATORIA AL DIÁLOGO ES PERDER EL FOCO DEL PROBLEMA

Miércoles, Julio 15th, 2009

Por Gabriela Pousa

Exclusivo para Perspectivas Políticas.Info

Resulta sorprendente observar hasta qué punto los argentinos hemos perdido el foco del problema. Si bien parece haber cierta conciencia del estado en que nos encontramos como país, como sociedad todavía tenemos mucho por madurar.

De lo contrario no estaríamos presenciando -y hasta formando parte, explícita o implícitamente- de esta maraña que se dio en llamar “convocatoria al diálogo”.

Cuando en un país que se presume democrático, el diálogo es tema es porque las cosas están fallando y la democracia no es tal.

Por otra parte, ¿desde cuándo es la “agenda del gobierno” o la “agenda de la oposición” la que cuenta? O quizás debería preguntar: ¿Desde cuándo hemos dejado que así suceda, y que la “agenda del pueblo” quede lastimosamente de lado?

El diálogo en las sociedades civilizadas es inherente al sistema y no necesita siquiera ser convocado. Es leit motiv y esencia.

Sin él, no conciben directamente la posibilidad de convivir con un régimen constitucional que amerite algun criterio similar con el expuesto por Alexis de Toqueville o por tantos otros estudiosos de la política en general.

Desde la antigua Grecia, el diálogo -con sus bemoles de la época -es a la ‘res pública’ lo que la sangre es a las venas.

Estar teorizando en pleno siglo XXI sobre la necesidad de conversar, debatir o polemizar acerca de los temas que forman parte de la agenda presidencial, resulta tan anodino como estratégico desde el punto de vista de un oficialismo.

El kirchnerismo se ha caracterizado desde el vamos por perder el tiempo y las oportunidades que se la han brindado. Dejó pasar, sin sacar provecho, una etapa de comercio internacional fecunda. Se enredó en mecanismos viejos y obsoletos para regular precios y mercados, y termino asfixiándose al crear un país sumiso a las importaciones, subsidiado a niveles impensados y alejado de el mundo desarrollado.

Ha sido autista y ciego a voluntad. Hoy, sin ir más lejos, es Brasil, por ejemplo, quien acapara el comercio de carne que alguna vez fuera base de la economía argentina. Hemos desdeñado lo más sagrado: las fuentes de riqueza inexpugnables. Se abrieron frentes de batalla insólitos, absurdos; y el suelo que pisamos terminó convertido en un campo minado donde nadie puede avanzar sin sentirse amenazado.

El foco del problema es la sociedad política conyugal que se halla en el centro de la escena. Nada tiene que ver en esto los elencos que van y vienen, y se reemplazan de la noche a la mañana sin que nada varíe en realidad. Todos ellos operan solamente como cortinas de humo, y desde el punto de vista comunicacional cooperan a que el gobierno continúe haciendo lo único que ha hecho desde el día de su asunción: patear para adelante todo lo que no sabe cómo solucionar.

Veamos un simple ejemplo: los puentes fronterizos con Uruguay siguen cortados desde que Botnia era apenas un rumor de un negocio que se montaría en la otra orilla. Hoy, la papelera es un hecho y el paso internacional sigue vedado y sin miras de poderse solucionar el conflicto. En rigor, el conflicto primero ya ha caducado. La fábrica de pasta celulosa hace dos años casi que está funcionando.

No se sabe pues cuál es la causa de la protesta pero está sigue sin que nadie le haya dado una respuesta ni haya hecho un ápice para deshacerla.

Entre tanto, la pobreza crece indiscriminadamente, la educación colapsa no por las epidemias sino por la desidia soberana puesto que, para citar un caso, en escuelas rurales se enseña a criar conejos pero no se dan herramientas acerca de qué hacer luego con ellos.

De ese modo, la Argentina se encamina a tener fenomenales criadores de conejos asestados en galpones pero incapaces de convertirse en centros productivos, ni sacar rédito de ello. Ganancia: cero.

En lo que respecta a la salud, la situación no es mejor: el virus H1N1 es apenas un dato más que suma para poner en evidencia la ignominia sanitaria y el negocio turbio que se teje detrás de laboratorios y nosocomios.

Nadie sabe, a ciencia cierta, cómo se trata una pandemia.

Asumamos que los argentinos somos, hoy, conejillos de indias de las autoridades políticas. Los especialistas en la materia apenas si alcanzan a esgrimir alguna idea cuando los micrófonos se les acercan.

La economía, a su vez, es tan abstracta como las estadísticas que la sustentan.

No hay políticas económicas de base sino parches que no alcanzan nunca a tapar los grandes baches que arroja la ineptitud de quien nunca ha dejado vacante el Ministerio de Hacienda: Néstor Kirchner sigue ensayando qué hacer para evitar lo que ya es: la inflación, el estancamiento y el correlato más natural de todo ello, la inversión que no llega y no redunda en producción cierta.

La instucionalización de la mentira selló la suerte de la credibilidad en la Argentina: se fugan capitales a diario, y no hay ‘ley de blanqueo’ que valga a la hora de buscar fondos de financiación para que, la caída en el pozo se dilate, al menos, un poco.

En este contexto, debatir el “diálogo” resulta, aunque no suene muy académico, traído de los pelos.

¿Desde cuándo aquello que es o debe ser inherente al sistema pasa a ser tema? Es lo mismo que polemizar acerca de si hay o no que votar. Nadie cuestiona que esa es la manera de elegir autoridades que representen al pueblo soberano al menos en teoría o en apariencia.

Ahora bién, ¿para qué se eligen los mismos si no es para que dialoguen y debatan de qué modo cumplir con lo más básico?

Nadie pide demasiado, tan sólo que el preámbulo de la Constitución Nacional deje de ser un compendio de ideas en blanco para pasar a ser una realidad palpable en el día a día de los ciudadanos.

Si seguimos asombrados y discutiendo la veracidad o no del ‘llamado al diálogo’ por parte de quienes sólo saben monologar, el eje de aquello que mantiene a la Argentiuna fuera del escenario internacional, y nos somete a un sinfín de incongruencias y problemas, cuyas soluciones -cada día se alejan más- será una utopía. Y la consecuencia, otra estampida que nos ratifique que la experiencia no nos ha servido de nada una vez más, y van…

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¿QUÉ ES MÁS DEMOCRÁTICO?

Lunes, Julio 13th, 2009

Por Gabriela Pousa

Hacer un análisis político en la antesala de los anuncios que “cambiaran el rumbo” (valgan las comillas -en este caso más que en ningún otro- aunque han de abundar, sin duda, a lo largo de estás líneas porque significado y significante, en este contexto, no suelen corresponderse y las definiciones se han vaciado) es bastante delicado.

Hay un lenguaje de eufemismos dando vuelta cuya peligrosidad, posiblemente no se termina de advertir a conciencia, y sin embargo, es uno de los problemas más graves que tiene por estas épocas la Argentina.

“Cuando lo dicho no es lo que se quiere decir, cuando lo que se dice no es lo que se siente, cuando lo que se siente no es lo que se dice, y las palabras carecen de su verdad, la incomunicación y la hipocresía nos hacen parte de su tiempo y caemos en la anarquía”, sostenía Confucio.

De allí que, en la supuesta semana del “diálogo”, que se vive casi como si fuera la semana de la dulzura, o alguna de esas otras fechas arbitrarias puestas por intereses sectoriales para crear una demanda aunque sea furtiva o netamente efímera, todo análisis político que se presuma serio debe tener sus reparos.

De pronto, en el escenario nacional, nadie es quien dice o parece ser. Ese es uno de los primeros obstáculos para poder definir qué está pasando. Todo lo esgrimido en los últimos días suena a viejo, a pasado. Es como si un tardío eco hubiese retumbado a destiempo. 

Convocar a todos (y todas) no es algo nuevo, y el concepto de “participación” que maneja el Ejecutivo es extraño a juzgar por los hechos.

Por ejemplo: en la última elección ¿el pueblo participó o no? Tal vez lo haya hecho “muy poquito”, y por eso haya llegado con turbulencias el mensaje a la dirigencia…

Convengamos que la “jurisprudencia” en materia de conovocatorias nos hace prever que tanta oratoria y tan repentino “darse cuenta”, no es más que otra maniobra desesperada del matrimonio en desgracia para ganar tiempo y espacio.

No se trata de ser optimistas o “agoreros del mal” como dirían los oficialistas (los que quedan todavía mudando escritorios dentro de Balcarce 50), se trata de ser realistas. Y en ese trance se observa claramente que,  el “estilo K”, que incluye la institucionalización de la mentira, el monologar para autoconvencerse de que las cosas andan de maravillas, y el largo trecho que va del dicho al hecho, impide confiar en quién pregona sin el ejemplo.

Escuchar a la Presidente hablar de ‘participación ciudadana’ cuando fue electa para ser candidata a la Presidencia en una “interna” de sobre mesa donde sólo había un único “elector”: su marido; es un desafío complicado para quienes se manejan con la coherencia entre el decir y el hacer, el ser y el parecer.

Por otra parte, quedarse en la superficie de lo que sucede no aporta demasiado, y hasta es posible que sume a la confusión generalizada en la que estamos.

Al clima de “promesas” renovadas, se une un descrédito elevado, y cierto temor a una nueva manipulación que termine desestabilizando la mismísima tensión que reina en esta aparente calma que da el vivir en un suelo sin previsibilidad ni largo plazo.

El gabinete actual es tan similar al pasado que las diferencias se esfuman en sutilezas. Por otra parte, detenerse a analizar a los actores de reparto impide concentrarnos en los protagonistas que, en definitiva, son los que tienen más letra y preponderancia a lo largo de la obra que representan.

No equivoquemos el foco del problema.

El país está literalmente paralizado, y la verdadera causa no es la pandemia de gripe A sino la incertidumbre que genera un gobierno que perdió el timón hace tiempo.

El virus N1H1 es otro tema, aunque también haya llegado a esta geografía salpicado de tejes y destejes poco claros como todo lo que sucede generalmente, y a los que nos tiene acostumbrados la metodología kirchnerista.

Datos adulterados, una brecha inmensa entre lo que se le pide a la sociedad y lo que se hace dentro de la Casa Rosada donde, una asunción a un cargo sin ir más lejos, hace olvidar toda prevención que ellos mismos han venido predicando y que justifica hasta asuetos o feriados.

Asimismo, un tema sanitario en vez de generar mecanismos preventivos o paliativos rápidos y efectivos (ni hablar de políticas de Estado), viene a generar discrepancias dentro del gobierno para el cuál lo más importante es que no se sepa demasiado.

Podemos decir sin temor a equivocarnos que se ha tratado el tema con la misma rigurosidad con que se tratan las mediciones de precios, salarios, pobreza, etc.  

A horas de asumir, el ministro de Salud declaró todo lo contrario a lo que segundos atrás declaraba la Jefa de Estado. Y para rematarla, en una vuelta de tuerca, le provocan un repentino y sagaz cambio de figurita en un puesto clave para la manutensión de cierto poder: la caja de las obras sociales que acaba de pasar a manos de un adláter de Hugo Moyano.

Eso sí, en Argentina tenemos “alternativa”, ¿cómo quejarnos?  Irrumpen entonces en el escenario: Eduardo Duhalde y Luis Barrionuevo como garantía de freno. ¿Qué mejor contrapeso? (cabría en este espacio un “Glup” pero no es muy académico…)

No muchos países se dan el lujo de mantener a sus “próceres” para que los asfixien y después los “rescaten”.

Observar que, la reforma y la renovación política, emerge de voces harto conocidas y hasta quizás vencidas, por ende no aptas para consumo, y contraindicadas por los efectos colaterales que deparan, es un tanto arriesgado.

Pero lo cierto es que en esas manos estamos. La pregunta final cuya respuesta me reservo para beneficio de mi integridad física y moral, apunta a desentrañar si acaso es democrático que un gobierno continúe en su cargo -aunque no haya cumplido el mandato previsto en la Constitución Nacional-, cuando está incinerando a toda una sociedad.

Se dirá que el interrogante es “golpista” o “de facto” pero en rigor de verdad, no es la pregunta sino la respuesta a la que se podría juzgar.

Pregunto entonces: ¿Cuándo observamos a un criminal asesinando a una familia, lo dejamos terminar para después juzgarlo o buscamos el modo de pararlo para tratar de rescatar al menos algo?

A esta altura resulta muy difícil entender hasta qué punto la permanencia de una sociedad política conyugal  como la que está, supuestamente  gobernando es realmente un derivado de sistema o régimen democrático aunque, hace unos días, hayamos votado.

Raúl Alfonsín, a quién en el fervor se llamó incluso “padre de la democracia” cuando dejó este mundo, debió irse de la Presidencia antes de cumplir el mandato. Nadie lo tildó de antidemocrático ni se habló de golpismo o caos. 

Si acaso la Presidente o su cónyugue, ya no saben cómo se maneja el país del que se han despreocupado hace rato para atender sus intereses particulares, ¿no es lícito que den un paso al costado?

Desde luego no puede pedírsele peras al olmo, de manera tal que la metodología sería distinta a la que utilizara el líder radical a fines de los ochenta.

Pero en una de esas es mejor -y hasta más serio y democrático-, una transición a destiempo que un incendio cuya magnitud no estamos en condiciones de suponer siquiera. Ni tenemos demasiadas herramientas para asegurar que no se cobre más víctimas de las que ya se ha cobrado, y sigue cobrándose, aunque sólo estemos en presencia de la primera humareda.  

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Adios…

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APOLOGIA DE GUILLERMO MORENO

Sábado, Julio 11th, 2009

Por Gabriela Pousa

Exclusivo para Perspectivas Políticas.Info

Triste. Triste y lamentable. De pronto, como si no hubiéramos vivido seis años en la más completa desidia política esgrimiendo críticas y quejas, que si bien fueron en aumento, no llegaban a justificarnos como pueblo, encontramos el ‘chivo expiatorio’ perfecto: Guillermo Moreno.

Y henos aquí, erigiéndolo cuasi ‘prócer’ de este país, subiéndolo al pedestal de los mitos como si el Secretario de Comercio hubiera podido hacer lo que hizo -o sigue haciendo- si no fuera por expresa orden de sus superiores. Es decir, del matrimonio Kirchner. Ni más ni menos.

Si la renuncia de este funcionario es la respuesta que esperamos como “salvación” o garantía de un no-creible llamado al “diálogo”, los que no entendimos nada somos nosotros, aunque hayamos votado como si fuésemos conscientes del daño que se ha hecho a la Argentina en estos últimos años.

Guillermo Moreno se puede ir mañana de su despacho y desaparecer de Olivos, de Balcarce 50 y de dónde sea que se encuentre hoy en día, que tampoco nada cambiará en el Gobierno.

Creer que comiéndose un peón o un alfil se jaquea al rey o a la reina es ingenuo aunque la jugada acelere el final del juego. Pregunto: ¿Sería acaso visto como un “gesto”?

No. Ni siquiera sería un genuino gesto: en el peor de los casos significaría un “triunfo” para quienes son los verdaderos responsables de la política de precios o del freno de negociaciones para resolver conflictos. Implicaría para la Presidente y su marido un excelente argumento. Ellos son los artífices de la errática economía que tenemos.

Néstor Kirchner le podría decir a Cristina: -“dales el gusto para que no sigan despotricando”. Y mientras tanto, el rumbo seguiría marcado por la misma brújula que ha tenido desde el vamos.

El controvertido Secretario de Comercio continuará luego con su vida de perfil bajo y silencio de radio, y en poco tiempo, su nombre caería en el olvido adónde se han predestinado tantos otros que ya no es factible siquiera hacer la nómina completa. ¡Cómo sacar la cuenta!

¿Y acaso cuándo se fue algún ministro de esos que se adjetivan “claves” pasó algo distinto? En su momento la retirada de Alberto Fernández, sin ir más lejos, generó suspicacias de todo tipo, y sin embargo todo siguió su cauce. 

Henos aquí y ahora esperando que Señor y Señora debatan en El Calafate con qué nuevo artilugio se nos distrae. 

Desde ya que hacer renunciar al ’patotero’ cubriría las portadas de todos los medios y hasta generaría algunos cuantos festejos, pero después… Después el mismo verso, y la Argentina varada en idéntica encrucijada. Si la cabeza sigue siendo Néstor Kirchner, no cambia nada.  

Si el problema de un país pasa por un funcionario de segundo orden, ese país está acabado.

Si la sociedad -y más aún aquellos que fueron votados recientemente para que se hagan cargo y nos representen-, se quedan en el pedido cómodo y seudo irracional que implora desplazar a un hombre que no ha hecho más que cumplir órdenes, la alternativa política sigue siendo utopía, y la madurez cívica otro sofisma.

Amén de ello, no estaríamos sino copiando con meridiana exactitud la conducta de quién se supone, es el receptor de las quejas que emanamos.

Es decir, pidiendo la renuncia -aunque sea justa-de un Secretario de Estado en una actitud mancomunada, como si eso salvara al país de la incertudimbre en la que se halla, somos funcionales al oficialismo, le servimos…

Dejamos en bandeja la solución para que ellos, aunque les caiga como patada al hígado, entreguen la cabeza del polémico funcionario y al tiempo, cuando el sucesor suavice los métodos, nos digan que el fracaso y la crisis es por haber desdeñado a quién, heróicamente, “defendía” la mesa de la familia argentina.

La inflación es un hecho, y tras los comicios se está acentuándo con severa agudeza , y seguirá en ese ritmo.

Sin Moreno, los Kirchner la tendrán más simple. Dirán que el pueblo les pidió cambiar el hombre y las mañas, y que justamente ellos lo mantenían en ese cargo en pro de defendernos.

En ese juego macabro, los empresarios volverán a ocupar el lugar de los ‘malos’, porque además si estos resultaron extorsionados, en lugar de callar y pactar, deberían haberse unido en una denuncia conjunta que pusiera fin al maltrato y al apriete hasta que la Justicia escuchara la contundencia de las voces repetidas incesantemente.

Pero no ha sido de ese modo. Si Guillermo Moreno apretó es porque hubo quienes se dejaron apretar. Duro pero real. 

Sectores productivos de la Argentina se sumieron en un silencio cómplice. No hay extorsión posible si del otro lado no hay extorsionado callando.

En verdad, si del otro lado no hay prebendas o negociados que ocultar, ¿cuál era o es el freno que impide denunciar a viva voz la violencia que imparte, no un funcionario solamente que responde a la autoridad, sino el gobierno que como tal le imparte las órdenes y lo manda a ejecutar?

¿De qué le sirve a la ciudadanía los rumores y las anécdotas de un servil que atiende o atendía, con un revólver sobre el escritorio, y hace o hacía gestos procaces cuando visitaba directorios para imponer un control de precios y asirse de las planillas de costos?

Lo que deberían demostrar los Kirchner es que, a pesar de Moreno, están dispuestos a asegurarnos a los argentinos la gobernabilidad que jaquean ellos mismos.

Acá si hay golpe cívico, no nos engañemos ni pongamos eufemismos, será ni más ni menos que un auto-golpe infringido por una pareja que en sociedad política, no sabe ya cómo seguir adelante sin la caja abultada como para continuar compando voluntades y acallando voces con dádivas y subsidios.

No hay sector social ni político que pretenda sacar al kirchnerismo del poder antes de cumplido el mandato de 8 años (porque recordemos que además fueron reelectos por el pueblo aunque ahora la taba haya girado)

Si es dable admitir que hay en la gente, deseos de terminar de una buena vez con la mentira institucionalizada, el manoseo, el maltrato y la manipulación de datos que no sólo alteraron mercados, sino que llegaron a un punto tal que llenaron cementerios con absoluta impunidad.

Admitirlo es ‘políticamente incorrecto’ pero es lo que se escucha en un sinfín de mesas de café, de pasillos de supermercados, de filas en bancos o en un taxi donde el conductor hace catarsis.

Siete de cada diez argentinos votaron días atrás sintiendo ese deseo. Nada tiene que ver eso con el ‘golpismo’ ni con las conspiraciones, aunque seguramente se nos dirá que una retirada del matrimonio presidencial a destiempo, emana de ello.

Las pobres ‘víctimas’ se irán antes de terminar o incluso cumpliendo el mandato como ‘incomprendidos’… De suceder de ese modo, nadie pagaría los costos de tanto atropello. 

No. No es una premonición ni tengo datos fácticos para basar el análisis que estoy haciendo. No hay pruebas palpables de que lo expuesto sea cierto. Pero lo puede corroborar el lector haciendo una simple instrospección. Mirándose hacia adentro. 

Nada tiene que ver Guillermo Moreno en todo ésto.

Si se va o se queda es tan anecdótico como cuando se fue cualquier otro funcionario del gobierno. ¿O acaso seis ministros de Economía que han pasado garantizaron algún cambio?

No nos engañemos…

Pretender forzarles el brazo a los Kirchner solicitándoles, casi como un rezo, la huida del Secretario de Comercio es no entender que el problema no es un “soldado de Cristina y Néstor” -como llamó a los funcionarios el recientemente asumido Ministro de Seguridad, Julio Alak- sino que el eje del conflicto son los Kirchner mismos. Su estilo, su afán de poder, su creación del Estado como sinónimo de “yo” y así apropiarse de derechos ajenos.

Un verdadero cambio sería que el Gobierno, más allá de Moreno -que no es más que la excusa de momento-, diera un volantazo cierto de 180 grados y comenzara de una buena vez a hacer lo que no ha hecho hasta el momento: encarar  la administración del país con el sólo fin de promover el bienestar general, reducir la miseria, distribuir la riqueza con equidad, respetar la institucionalidad, la división de poderes, y poner fin a seis años de discurso cuyo contenido se fugó como Ibrahim Al Ibrahim en su momento.

Nada de eso se ha hecho. Y mucho de ello se ha deshecho.

No hace tanto tiempo, un amigo me dijo: “Alguna vez, los argentinos vamos a tener que darle las gracias a Guillermo Moreno por poner de manifiesto la clase de dirigencia empresaria que tenemos”.

Ojalá no sea así, ojalá su comentario no sea cierto… y entendamos que un eslabón de la cadena no es el engranaje que la cierra, ni la cruz que cuelga de ella.

‘Quién puede entender, que entienda…’

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LA CRISIS ECONÓMICA DE ESPAÑA

Sábado, Julio 11th, 2009

Por George Chaya

Exclusivo para Perspectivas Políticas.Info

En su interpretación socialista, el gobierno de Rodriguez Zapatero cree, al igual que los gobiernos populistas latinoamericanos, que se puede y se debe gobernar por decreto y así vencer la crisis que ellos mismos han generado.

A diferencia de otras administraciones progresistas de la izquierda europea, en el caso español, el gobierno socialista decidió eliminar expeditamente los ocho años de austeridad presupuestaria que le precedieron.

Intervino las instituciones del Estado con posiciones partidistas, despreció las reformas económicas y se encargó de romper en pedazos los proyectos de unidad y cohesión nacional. Para no hablar de los errores groseros en política exterior que aislaron a España de los países serios en la comunidad internacional.

Lo cierto es que cuando se asume el poder con un único objetivo presentado como proyecto político superador y este se reduce a poner en practica medidas populistas de gobierno que se agotan en confrontar y dejar sin efecto todo lo bueno de la anterior administración, el destino se traduce en la crisis actual que afecta a España hoy en día.

Para el ideario socialista español gobernar es muy fácil: lo hacen por decreto, y se muestran así, sensibles a las necesidades de la gente. No es que esté mal reparar en la gente, el problema es que lo hacen sin responsabilidad futura por lo que sus acciones generen.

Así, desarrollan su marketing y se felicitan por ser mejores que los anteriores gobiernos ‘que no es que eran responsables’, sino que desde el prisma socialista desarrollaron políticas antipopulares.

El ideario socialista sostiene que las políticas poco sensibles por llamarlas de alguna manera, del PP rebajaron los salarios de los trabajadores menos calificados. Esto, en su acotado pensamiento, es una herejía, de modo que lo arreglan de un plumazo.

Es decir, suben lo que haga falta los salarios y las pensiones, pero claro, sin reparar en las consecuencias inflacionarias que ello acarrea más tarde o más temprano.

Hoy, la administración de Zapatero esta tratando de reaccionar como aquel boxeador que se mantiene en pie pero esta ‘nocaut’, y aunque no se debe esperar que reconozca sus groseros manejos económicos se encuentra de cara a la realidad que él mismo ha propiciado.

El problema no es el Primer Ministro en si mismo. El verdadero problema, lo realmente grave, es que la ciudadanía española toda deberá pagar la cuenta y los platos rotos de las políticas de despilfarro.

Millones de ciudadanos españoles están tomando conciencia que han sido engañados por una administración irresponsable que se hartó de hablar y declamar por los derechos, mientras miles de personas hoy se ven privados de su elemental derecho al trabajo.

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El profesor George Chaya, es escritor, docente y analista político internacional y asesor en la Fundación Safe Democracy de Madrid. 

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UNA REFLEXIÓN DE MOMENTO… (a raíz del “cambio” de gabinete)

Miércoles, Julio 8th, 2009

Por Gabriela Pousa

 

A veces creo que todo lo que pasa es tan sólo un flash que no escapa de los medios. Hay situaciones, hechos que no pueden ser verdad. No deberían serlo.

 

Sé que mañana habré de encontrar un sinfín de análisis sobre el “cambio” de gabinete que acaba de producirse como si se tratara realmente de eso… Como si fuera un hecho político significativo cuando, en rigor de verdad, es un dato que vuelve a corroborar la constancia inexpugnable del “estilo K”, y esa burla constante del matrimonio presidencial hacia todos nosotros.

 

Para ellos no somos más que la pobre plebe a la que tirarle ‘algo’ para que hablen, se distraigan, debatan… ¡y se acallen en la costumbre que es una de las pandemias que atacó a los argentinos de la peor manera!

 

- “Dale, Cristina, no les dejes un feriado y un “asueto sanitario” sin alguna migaja. Tirales un par de nombres que con eso se entretienen todo el fin de semana…” – debe haber reaccionado Néstor Kirchner, mientras la jefe de Estado se preparaba para la cena de camaradería con las Fuerzas Armadas.     

 

No creo que haya habido una lectura del mensaje en las urnas ni una discusión siquiera a la hora de pensar a dónde mandar a un Fernández, y de qué modo darles de comer a los diarios y a los programas políticos de TV.  A esta altura de las circunstancias, me inclino a pensar que los Kirchner tienen plena conciencia de lo que hacen y deshacen más allá de toda casualidad.

 

No en vano, a las Fuerzas Armadas, les pusieron una montonera para ocupar el Ministerio de Defensa. Sabián perfectamente que era la mejor afrenta. Del mismo modo, saben que este “cambio” de gabinete es una tomada de pelo extra que se hace a los argentinos porque… porque no vamos a reaccionar.

 

Es decir, reaccionamos en el cuarto oscuro un par de domingos atrás, pero lamantablemente no son las urnas lo que moviliza a quienes se han alejado de la democracia a tal punto de jugar al azar con la suerte de un país que tiene o tenía tanto para dar.

 

Falló la maniobra con Zelaya, eso les dejó un vacío en la temática que debían llenar. Nada mejor que mover las fichas del tablero para que todo vuelva a la “normalidad”, es decir: para que aquellos que algo saben de política, y les interesa lo que pasa o deja de pasar, gasten saliva. Nunca estuvo en la mente de los Kirchner modificar un ápice de su naturaleza. Tampoco les importa en demasía frenar la epidemia de “gripe A”. 

 

Hay una psicosis de poder en Balcarce 50 que excede la capacidad de analizar este cuadro maniqueo que pretende venderse como respuesta a aquello que los ciudadanos dijeron con sus sufragios. Si acaso se les ha dado la espalda, ellos han sabido utilizarla: gatopardismo berreta para que la próxima giremos hacia el lado de su conveniencia.

 

Era él o el caos. En verdad ha sido preclaro. Todos estuvimos advertidos de la premisa aunque no le creímos. Por vez primera, quizás, el lobo venía por las ovejas y el grito era real.

 

Este anuncio que se pretende serio cuando no es sino otro sopapo para burlarse de la sociedad, durará lo que un soplido de viento…

Si acaso Octubre estaba lejos, el 2011 se ha caído del almanaque ya.

 

 Madrugada del Miércoles 08 de Junio de 2009

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DE SOLDADOS Y ASESINOS…

Lunes, Julio 6th, 2009

Por Gabriela Pousa

Apenas unas semanas atrás, me refería a esa suerte de “imponderables” que pueden torcer el rumbo de la historia cuando ésta aún no fue escrita.

Esta última aclaración no puede obviarse aunque parezca redundante puesto que, en la Argentina, hemos experimentado muchas veces, la necedad de quienes intentan desandar caprichosamente la historia para reescribirla con falsas glorias.
 
No les basta con falsear un mañana posible, ni con dibujar un horizonte que no se percibe ni con los larga-vistas más dotados. También pugnan por modificar lo que ya pasó como si pudieran plagiar la realidad con la ciencia ficción.

En este contexto se emnarca la voluntaria ceguera de la Presidente a la hora de analizar el escrutinio. Ciertamente, los Kirchner no terminan de digerir la derrota. No debiera asombrarnos. Hemos dicho ya que no saben de pérdidas. En su haber siempre han sumado ganancias aún cuándo estas no fueran más que efímeras cuentas virtuales.

Hoy por hoy, hasta es posible que Néstor Kirchner considere a los mil novecientos “fans” que posee en una red social como Facebook, amigos de verdad. Ahora bien, habría que ver luego si logra convocar a un 10% de ellos al momento de celebrar, por ejemplo, el “Día de la Lealtad”…

Posiblemente nunca algunos dichos o refranes populares resultaron más ciertos y explícitos: la cosecha refleja la siembra, y no es factible tapar el sol con un dedo. De allí que el reflejo de rayos UV haya cegado al matrimonio, y los haya hecho cometer el delirio de conovocar a los medios tan sólo para reafirmar lo que la mayoría de argentinos habían reafirmado horas antes durante los comicios:
 
1) Qué el santacruceño (naturalizado porteño) no conduce a nadie

 
2) Y qué la malversación y el manoseo de datos ya no engaña al pueblo en ninguna de sus posibles divisiones de clases.

Lo triste es que a esta altura de los acontecimientos, no se sabe con certeza cuándo la jefe de Estado larga un “chascarrillo” o cuándo habla en serio (si es que alguna vez lo hizo)

Afirmar con autosuficiencia haber triunfado en El Calafate es tan discutible como evaluar la derrota aduciendo que fue “por poquito”. Pero si de consolar se trata, digamos que Roger Federer acaba de triunfar en Wimbledon porque Andy Roddick perdió “por poquito”… ¿?

Sin embargo, ni en el “refugio” de la sociedad conyugal, la victoria fue magnánima como Cristina Fernández pretendió “vender” en lo que -en este país- se da en llamar “conferencia de prensa” (léase: una ronda de periodistas cuasi amordazados para repreguntar, y sorteados porque más de 9 interrogantes es abusar, atosigar)

Lo concreto es que el ausentismo ganó la elección en aquel bergel sureño: de un total de 6391 votantes, un 45,31% no se molestó siquiera en ir a votar. No es este el momento para juzgar tamaña apatía ciudadana, pero sí de dejar en claro ciertos números que se han manipulado como si el INDEC fuera quién computara sufragios.

Hasta aquí, la realidad es inexpugnable: están derrotados. Nada grave aunque es lícito asombrarse al ver vencida la estructura clientelista más eficaz de la historia argentina.

El mentado “aparato” esta vez no dio resultados. “Siempre hay una primera vez”, otro dicho también corroborado. La reincidencia puede ser una posibilidad futura o un anatema. Un manotazo de ahogado capaz de salpicar demasiado.

Hay esencias que no mutan, que escapan incluso al virus de la influenza y no hacen mella al estrellarse contra aquello que le opone resistencia. Una de esas esencias es el “estilo K”: golpeado, resentido, herido si se quiere pero… todavía respirando.

Y, “mientras hay vida hay esperanza”, aunque el coma 4 dure demasiado.
 
Pareciera que, de pronto, una constelación de sabiduría popular plasmada en proverbios que siempre dicen más de lo que se quiere o se puede escuchar, ayuda a entender este escenario donde nadie se atreve del todo a transitar aunque varios estén en la línea de partida como corredores en una Olimpíada.

Los Kirchner ya no son tan potentes como para paralizarlos. Sin embargo, maniobra vil y repudiable mediante, lo han logrado aunque el tiempo de parálisis dure lo que un castillo de naipes en época de tsunamis. El arbitrario y criminal manejo de la gripe A, le está otorgando cierto oxígeno para volver a retrucar.

Es natural que lo hagan aunque el intento, el as que pretenden jugar pueda despertar alguna carcajada y nada más.

No son gente que sepa de retiradas sin arriesgar una última estocada. Les resta completar el equipaje. No se ha empacado aún la impunidad. En ello están mientras planean el modo o el cómo hacer ‘mutis por el foro’ sin que se note en demasía de qué manera se produce el abandono.

La puerta grande no es opción. Ha sido cerrada con candados infranqueables y ellos mismos han perdido las llaves. Y no hay cerrajero que hoy responda sus llamados.

El Sahara se mimetizó en Maipú y Villate. El silencio sólo supo de gritos que confirmaron, paradójicamente, el mutismo. Ahora bien, confieso que prefiero a Néstor Kirchner lanzándose en caída libre sobre los extras que le contrataran para los actos de campaña, que no saber de él, nada de nada.

No es de quedarse quieto aunque esté aún tieso e indigestado de datos ajenos al Secretario de Comercio que pasó de ser de amianto a ser resina que anida junto a la leña encendida.

Imposible creer que los argentinos, y en especial cierto sector del justicialismo, no haría leña del árbol caído. Ahora, todo arde.

No se trata de mensajes no leídos ni de decodificaciones erradas. El matrimonio presidencial sabe que ha perdido. Ahora bien, entre el saber y el conocer hay un trecho aún no recorrido. Qué no hayan cambiado tras informarse de los resultados no implica ignorar lo irremediable del dato, implica sí lo que he venido sosteniendo sin descanso desde hace largos seis años: los Kirchner son así.

No pueden escapar de si mismos. El “estilo K” fue perseverante en todo momento.

Quienes creyeron en modificaciones o virajes producidos por determinados acontecimientos se han confundido.

Quienes suponen que se irán sin hacer nada más, asumiendo la derrota por culpa propia se están confundiendo ahora. ‘La rana y el escorpión’ es la fábula que los describe con mayor precisión.

Tampoco aquello implica demasiado riesgo, sí es recomendable no esperar que del rosal brote un crisantemo.  Ahora bien, del otro lado también deben leer el mensaje del domingo, porque si los vencedores se duermen en los laureles conseguidos, o se quedan en el debate de una interna tan procaz como lo es definir la cabeza que sacará el mayor rédito de lo acontecido, en lugar de analizar cómo devolver lo que sólo les fue prestado ‘en comodato’, el rumbo del país seguirá siendo el mismo.

No interesa qué harán o desharán los Kirchner en ese sentido.

Hoy por hoy, hay esperanzas que no se sostienen en la razón: la renovación política todavía es una utopía. Si esto no fuera cierto, no habría desembarcado en Ezeiza (con un clima sutilmente distinto al de otro desembarco en idéntico destino) Eduardo Duhalde: padre de la criatura aunque confiese a regañadientes que fue un desliz o que se halla profundamente arrepentido.

El ADN está invicto. De nada sirve el “Yo lo traje, yo lo llevo”.

Quienes de pronto han retomado la costumbre de recorrer pasarelas cual modelos que cambian trajes para intentar cautivar a un público que hace tiempo dejó de ser cautivo, no pueden esconder rasgos de un ayer harto conocido.

El maquillaje obra maravillas, es cierto, pero no puede contra la rigurosidad de la naturaleza y del tiempo.

Apelando al poeta con alguna licencia, cabe decirles que “ustedes los de antes, siguen siendo lo mismos”.

La reforma política que fuera el slogan más reiterado por el autodenominado “piloto de tormentas” que teje y desteje operaciones sin cámaras ni micrófonos testigos, sigue siendo una asignatura pendiente.

Y el libro donde se rubicó la voluntad del irse ante el clamor popular que bregaba porque todos se vayan, sólo tiene la firma de un hombre que necesita un simposio de psiquiátras para ser comprendido: Daniel Scioli es el único nombre que puede leerse en ese libro.

Las fuerzas opositoras no han empezado aún su peregrinación a la redención, es decir: a convertirse en alternativa. Creible, decidida y no meramente oportunista.

El PJ es un compartimento vacío donde hoy cabe cualquiera que tenga un mínimo de sentido común y olfato político. Porque la gente fue, en menos de 6 meses, clara en dos oportunidades:

1) Cuando reivindicó -en la figura yerta de Raúl Alfonsin-, no al radicalismo, sino a una forma de hacer política sin cerrazón y con un mínimo de previsibilidad al menos en el trato cotidiano

 
2) Y cuando el 28 de junio le dio la espalda al matrimonio presidencial, hiriéndolo feo pero no matándolo.

Ese dato, ahora más que nunca, permite saber a ciencia cierta en este escenario, quiénes son asesinos y quienes soldados.

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Posted in Gabriela Pousa, General | 3 Comments »

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