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Archive for Abril, 2009

EL DENGUE, LA PANDEMIA Y ‘LA PRUEBA DEL ALGODON’ PARA LA DIRIGENCIA

Martes, Abril 28th, 2009

Por Gabriela Pousa

“El mejor modo de conocer un país es averiguar cómo se trabaja en él, cómo se ama y cómo se muere. En nuestro país todo eso se hace igual, con el mismo aire ausente. Es decir, que se aburre uno y se dedica a adquirir hábitos. Los deseos de la gente joven son violentos y breves, mientras que los mayores trabajan para enriquecerse. Pero hay países donde la gente tiene la sospecha de que existe otra cosa. Aquí todo se hace sin darse cuenta, hasta morir es uns dificultad. Nunca es agradable estar enfermo pero hay países que nos sostienen en la enfermedad, uno puede confiarse. Pero aquí la importancia está en hacer negocios”  extraído del libro “La Peste” de Albert Camus   

No es novedad la desidia que ha caracterizado a la administración kirchnerista. Día a día, aumenta la brecha que hay entre la sociedad y el ‘comando presidencial’. Sin embargo, el desprecio hacia la gente no les resulta suficiente, y la conducta de la dirigencia comienza a mostrar aristas de gravedad extrema.

Una cosa es el trastocamiento estadístico, el derroche de subsidios, etc., y otra muy diferente los “errores” o estrategias que afectan, nada más y nada menos, que a la salud y a la vida de la ciudadanía.

Los Kirchner no ven, no escuchan, no saben, no hacen. No les importa hacer. Y en la omisión, paradójicamente, cometen actos que en otro país, con una población madura, derivarían en reacciones concretas, y sí admitirían hablar de crisis de gobernabilidad no como anatema sino como posibilidad.

Dejemos de lado, por un instante las internas, las listas, etc., para atender, por una vez siquiera, los problemas de gente.

La inseguridad se erige y seguirá erigiéndose como la preocupación prioritaria dada la inercia manifiesta, y las polémicas distractivas que no van al fondo del tema ni devienen en políticas concretas. Pasó el debate sobre las penas, los menores que matan son asesinos pero el “garantismo” se queda en el análisis de las causas sin atacar las consecuencias. Atender dos temas simultáneamente está visto que los supera.

Ahora bien, a esa delincuencia, se suma otro tipo de violencia que suele disfrazársela con eufemismos para evitar el ‘darse cuenta’. Basta con observar lo que acontece con el dengue y ahora con esta pandemia de gripe porcina.

Para esta última, el gobierno tiene el justificativo predilecto: ‘viene de afuera’. En dengue comenzó como algo “importado”, pero importado del Chaco. Y es que todo lo que suceda atravesando los liímites del conurbano parece no tener cabida en la Argentina. Al porteño, sobre todo, no le llega. El federalismo es utopía.

Los incordios en las provincias son asuntos ajenos, lejanos. Apenas  si generan alguna expresión de espanto, tan efímera y furtiva como aquellas lágrimas derramadas al ver en Tartagal, Salta, a las familias embarradas. Embarradas, y por supuesto, ya olvidadas.

Ahora que el mosquito no atiende fronteras, la gripe vuela, no alcanzan los insumos y el repelente aumenta su costo en supermercados de Barrio Norte y Recoleta comienza una incipiente toma de conciencia.

A su vez, el despliegue mediático provocado por la pandemia ratifica que todo cuánto ocurre en el mundo es algo globalizado. O sea que la burbuja, estallando o no, nos afecta.


En rigor, estas epidemias han dejado al descubierto la ineficiencia de la dirigencia y la crisis sanitaria de la Argentina,  donde la “viveza” criolla lleva al aumento del precio de barbijos y medicamentos.

Desde el Ministerio de Salud sólo se mencionaron tres establecimientos preparados para atender estos casos: el de González Catán, el Posadas y el de Ezeiza. Pese a que no han disminuido las retenciones, no se han construido ni siquiera salas de emergencia.

Estos imponderables ameritan, sin duda, un análisis que va más allá de ciertas explicaciones o medidas obsoletas que suele barajar como hipótesis una Ministro del área dedicada a la contaduría y no a la medicina.

Asimismo, con denunciar que son “enfermedades de la pobreza” no se justifica nada, aunque sirva a algunos pretendientes a las bancas o hasta al sillón de Rivadavia para hacer campaña.

Hay antecedentes que podrían haber generado una política de Estado preventiva como las tiene el mundo desarrollado, y no hablar de falta de insumos básicos por impericia y desidia. El planeta sufre igual, es verdad, pero tiene herramientas para paliar el mal.

Cómo expusimos bajo el título ‘Ocaso del Hospital Público’ en este sitio (recomendamos una lectura del mismo), ya en agosto de 2006, el Jefe del Departamento de Medicina del Clínicas advertía sobre el colpaso del sistema sanitario. Nunca tuvo respuesta.

Léase: tres años de ceguera, desinterés, de anunciar pero no hacer. En síntesis, de burlarse de la gente, de la vida ajena.

La Presidente pondera el rol del Estado, y sin embargo, éste brilla por su ausencia a la hora de atender las funciones que le son inherentes: no los mercados, sino la salud, la seguridad y la educación. Nada tan estrafalario por otro lado.

Ella misma no ha dicho una sóla palabra respecto a las epidemias mientras que sí lo han hecho todos los mandatarios de países afectados, llevando tranquilidad a su población. Es más, no han monologado sino dado conferencias de prensa, respondiendo todo tipo de preguntas con sapiencia.

Acá sólo hay alarmas y acciones tendientes a crear más caos. La pandemia acalló varios temas pero no olvidemos que, ayer no más, Kirchner habló de un regreso al 2001 si no le son favorables los comicios y sus resulados.

En ningún momento aclaró si ese regreso al ayer implica corralito, helicóptero, saqueos, acefalía o qué… Algo no implica, y eso es paz para la ciudadanía que se halla en un estado generalizado de incertidumbre. Nada está funcionando como debería estarlo.

Veamos:

Hoy, la educación es apenas un ‘slogan’ en boca de los dirigentes. Los paros y la injerencia de los gremios han desvirtuado el calendario escolar. A su vez, la eterna coyuntura argentina ha convertido a la escuela en una especie de guardería o, en el mejor de los casos, un habitat de contención social donde ir en busca de comida.

Las políticas públicas tendientes a modificar esta constante siguen sin verse. Ni siquiera dan resultado las ‘ofertas’ salariales que surgen apenas como treguas con tufillo a extorsiones prelectorales. Y es que el presupuesto para el área es un tema menor ante el desdén que han manifestado las sucesivas administraciones para con la educación.

Regresando a la violencia que imparten con sus declaraciones y hasta con sus silencios quienes ocupan el gobierno, es dable asumir que la misma se ampara en la impunidad que rodea a sus conductas o inconductas. No hay demanda pública.

¿Cómo es posible que se tolere sino, lo acontecido en la Legislatura chaqueña? Me refiero a una interpelación de 12 horas donde, la responsable de Salud se desligó de toda culpa, insultó, no hizo autocrítica alguna, y menos aún pidió disculpas.

Consciente o no, la Dra. Sandra Mendoza de Capitanich carga sobre sus espaldas muertos, familias destruídas, dolor incalculable frente a las pérdidas, y también ante quienes estan sufriendo los síntomas… Tras el indescriptible show, lo único que se sabe a ciencia cierta es que no pretende renunciar porque “la culpa del dengue la tiene el mosquito” y no ella.

Encima, para menguar la bronca social se le adjudican ahora los síntomas del mal. ¡Pobre víctima! Se cree que en breve la harían renunciar. Tarde como siempre.
 
Desde el gobierno central, silencio de radio. Mientras el marido hace mutis por el foro, a sabiendas que pese a la gravedad del tema, la sociedad chaqueña sumida en la miseria, está “acostumbrada” a soportar lo insoportable. Eso ha sido lo que se les ha venido enseñando desde tiempos inmemoriales. Y eso explica por qué nunca, la dirigencia se ocupó de la educación del soberano ni actuó en pro de superar las carencias y generar políticas de largo plazo.

Apenas un ‘asfalto electoral’ o un corte de cinta en una escuela pintada de afuera no más, para justificar su permanencia.  

Ahora bien, la cuestión se complica cuando se interroga acerca de la génesis de tales comportamientos por parte de quienes deberían tomar cartas en el asunto y pregonar con el ejemplo, aunque esto último, puede ser considerarlo un exceso.

En ese sentido, es factible advertir que, esa desidia equiparable con la violencia explícita, deriva de las prioridades que tienen las autoridades, y de su afán de perdurar en el poder como medio para la acumulación de riqueza. Poco importa el dengue o la gripe porcina.

De allí que sigan gozando -en la mayoría de los casos y al menos ante sus “conciencias“-, de una especie de ‘legitimación exculpatoria’. En términos más vulgares: están amparados en el cargo como si nada hubiese pasado, y sin que deje huella lo omitodo o mal actuado. Así, se los sigue viendo ante cámaras sin manifestar vergüenza siquiera.

¿Quién demanda a Jorge Capitanich, a su señora o a quién llamó al senador Miguel Angel Pichetto para apañar el ocultamiento de los datos en un intento de tapar el sol con la mano? Ya nadie lo pregunta. Pasamos entonces, a convivir con el problema. Ellos están con las urnas en la cabeza, nada más les entra.

Los muertos ya fueron enterrados, los deudos sufren en silencio, y es posible que muchos no tengan siquiera energía eléctrica como para observar la desfachatez de sus “representantes”, ocupándose en TV, únicamente, de las listas testimoniales.

No hay castigo para tamaña afrenta, de allí que este tipo de ignominias vayan ganando terreno, generando hábito, y lo que es más grave todavía: un fatal acostumbramiento a la desidia y porfía de las autoridades políticas.
 
Nadie se ha molestado en explicarles que una cosa son los derechos fundamentales de todos, y otra los proyectos políticos de algunos. Lo esencial es tener presente que no hay espacio para una imposición tiránica de la agenda política, máxime cuando ésta no contempla el bienestar general sino que se limita a los intereses sectoriales o a ver quién se quedará con el trono cuando los Kirchner no puedan burlarse más de todos nosotros.

No se trata de que nadie se inmole si ha hecho lo correcto. Se trata, en realidad, de que cada cual someta sus conductas y responsabilidades a ‘la prueba del algodón’, como sostenía una publicidad española de un producto de limpieza que siempre cuenta Fernando Savater, en sus conferencias.

Si a la forma o metodología de gobierno se le pasa un algodón limpio, y éste resulta manchado, no se está por la buena senda.

Hoy por hoy, ese algodón no sólo no ostenta blancura, sino que además se mancha de sangre y muerte que es lo que está provocando el dengue y ha de provocar la gripe y el caos vaticinado por el mismísimo ex -o no ex - presidente.

El dengue puede leerse como enfermedad pero también como el botón de muestra de la falta de gestión, y del relegado plano que ocupa la ciudadanía para los artífices de la política.

Así como la crisis interna que acecha se justifica en la debacle financiera de la “burbuja” de la que se mofa la Presidenta, el dengue quedará tapado por la otra epidemia. Y así quedarán liberados los responsables de los males autóctonos que nos acechan.

La ‘pequeña’ diferencia ha sido observar que frente a la gravedad de la enfermedad porcina trasmitida a la gente, desde la Casa Blanca y desde otras tantas sedes de gobierno europeas y americanas, se habló a los ciudadanos para alertarlos y trasmitirles tranquilidad en lugar de ocultarles los datos…

Afuera, los hospitales ya están equipados y en plan de emergencia. Parece que aunque la “burbuja” estalle, lo que concierne en forma directa a la sociedad, sigue siendo prioridad.

Mientras, acá la atención está puesta en las listas virtuales, en las encuestas, y en los pactos que impiden -o pretenden impedir- que se vea quién es quién, y cuales son los ases que tienen en la manga para fagocitarse lo que vaya a quedar de la Argentina, no en el 2011 como correspondería, sino cuando se les ocurra irse a los Kirchner si consiguen lo que buscan: mostrarse como víctimas de un complot inexistente o negociar impunidad para su partida prevista o imprevista. Todo es posible.  

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Documento Oficial

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PROYECTO DE LEY DE RADIODIFUSION: ¿OPORTUNISMO O NECESIDAD?

Martes, Abril 28th, 2009

Por Pedro Simoncini

Exclusivo para Perspectivas Políticas.Info

En las últimas semanas, desde los sectores oficiales –principalmente el  COMFER-  se está impulsando una llamada ¨ Propuesta de Proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual ¨, que está siendo objeto de presentaciones en diversos ámbitos, como la UBA y ciudades del interior, en reuniones denominadas de Participación Comunitaria.

Cabe preguntarse sobre las razones por las que un tema de tanta trascendencia, es planteado en momentos en que la ciudadanía está principalmente ocupada y preocupada por el futuro institucional del país y las elecciones del 28 de junio.

Nuestros sistemas de Comunicación Audiovisual -salvo algunas excepciones- operan en un estado de incertidumbre y confusión que no favorece ciertamente su sana evolución futura.

Existen dificultades derivadas en parte, de la novedosa intervinculación entre Telefonía, Televisión e Informática y los cambios que se preanuncian en el área de producción, distribución y difusión de nuevos contenidos. La reciente Resolución 275 del COMFER ha incorporado un nuevo elemento conflictivo.

En el sector de radiodifusión, por ejemplo, reina un desorden en el que se entremezclan intereses comerciales, dificultades tecnológicas, normas operativas y demoradas decisiones administrativas que hoy impiden saber- por ejemplo, según reconoce el mismo COMFER-  quiénes son los titulares y operadores de emisoras en muchos lugares del país.

Es notable también la apetencia despertada en amplios sectores de la sociedad por acceder a licencias de diversos servicios: Además de núcleos empresarios, también entidades educativas, cooperativas, intendencias, organizaciones sin fines de lucro, sectores religiosos, sindicatos, etc., pretenden ocupar posiciones del espectro comunicacional del País, sin que en muchos casos se evalúe el mecanismo eficiente de instalación y financiación de estas costosas actividades.

Por encima de este complejo panorama, se encuentra además sobrevolando, factores políticos, que en los últimos tiempos han dado lugar a  severas controversias, por ejemplo con relación a la intervención del gobierno en la distribución de sus pautas publicitarias o el antagonismo virulento evidenciado hacia importantes medios y operadores.

Ello origina serias dudas sobre la sinceridad de la propuesta dada a conocer cuando reiteradamente, expresa el propósito de reordenar el área de la comunicación audiovisual y atender y respetar la ¨ libertad de expresión ¨ que es ingrediente fundamental de toda sociedad democrática.

Precisamente, algunas de las experiencias vividas en nuestro país, en los últimos tiempos, parecerían señalar que esa preocupación no siempre se evidencia en nuestra sociedad, frecuentemente percudida por la pérdida de valores, el deterioro de las Instituciones, y cierta pasividad  indiferente de importantes sectores de la dirigencia.

Debemos preguntarnos, si el país necesita una nueva legislación sobre medios. Desde ya, señalemos que los medios desempeñan un insustituible papel en la sociedad moderna, por su influencia sobre un ilimitado abanico de actividades, personas y núcleos sociales, que los ha erigido en el poder formador de seres humanos más formidable de la época moderna.

Además, la velocidad de cambio de las tecnologías, impone la necesidad de una legislación que contemple con sabiduría y previsión, cómo enfrentarlas, no sólo desde el punto de vista técnico, sino también en lo  político y social.

¿Es posible elaborar una nueva Ley, eficiente en la solución de esas necesidades múltiples y que al mismo tiempo proteja, defienda y asegure, la auténtica libertad de expresión para sus operadores, a fin de que puedan colaborar en la remoción de los graves impedimentos que carcomen nuestra estructura Institucional?

El análisis somero de las disposiciones propuestas, el marco crispado y el tiempo crítico elegido para lanzar el Proyecto, revelan que lamentablemente las normas propuestas, por su debilidad y vulnerabilidad, más allá de rimbombantes expresiones, exponen a la Sociedad al agravamiento de muchos de los problemas que nos afectan, en un ámbito de enorme repercusión colectiva.

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El Doctor Pedro Simoncini es Presidente de la Asociación Civil Contenidos, Medios y Sociedad,  y uno de los fundadores de la Televisión Privada Argentina desde el comienzo de las transmisiones de Canal 11 de Buenos Aires, en 1961

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¿FRONDIZISMO O DESARROLLISMO TARDÍO Y OPORTUNISTA?

Martes, Abril 28th, 2009

Por Albino Gómez

Exclusivo para Perspectivas Políticas.Info

Sabemos muy bien que en nuestro país la muerte de algunas personalidades puede producir muy fuertes y diversas reacciones.

En el caso de artistas, deportistas  y escritores,  después de un razonable duelo de varios días, con  la consiguiente atención periodística, la muerte pasa rápidamente al olvido, aunque de tanto en tanto, se los recuerde en homenajes siempre bienvenidos.

Claro está que pueden darse  casos excepcionales que superen largamente esos parámetros, sobre todo cuando las muertes son determinadas por algún accidente que tronche tempranamente exitosas vidas profesionales.  

Con los políticos las reacciones pueden presentar distintas variantes, como las de no conmover demasiado y por ende tampoco tener mayor repercusión mediática, o bien producir inmediatos desbordes emocionales masivos, de una intensidad extraordinaria, como ya ocurrió con las muertes de Hipólito Yrigoyen, de Evita, de Juan Domingo Perón, y muy recientemente, de Raúl Alfonsín.

En otros casos, el deceso de un dirigente puede llegar a ser especialmente sentida por la importancia de su trayectoria y  acción gubernamental, pero sin llegar a tener una gran repercusión emocional, salvo en el núcleo directamente ligado a su filiación política o entre sus colaboradores personales.

Esto es lo que ocurrió con Arturo Frondizi, pero sin embargo, con el transcurso de los años, la importancia histórica de su obra y acción de gobierno, a pesar de las resistencias que sufriera y el impedimento para que las llevara a cabo hasta el final, comenzaron a revalorizarse fuertemente, y  mucho más allá de su grupo de allegados.

Claro está, que ello se debió, por un lado,  a la permanente labor de investigadores dedicados al análisis de los años que fueron desde 1958 a 1962, a través de  publicaciones, conferencias, y seminarios en centros de estudio o universidades; y por otro, al simple hecho de haber quedado en evidencia el contraste entre las propuestas y logros de su elaborado proyecto nacional de desarrollo económico y social, y el crítico estado del país que encontramos cincuenta años más tarde.

Para comprobar lo que afirmamos, bastaría simplemente con leer los discursos presidenciales de  Frondizi.  Y tanto es esto así, que yo mismo me he permitido volver a publicar sendos reportajes que le hiciera a Arturo Frondizi sobre política exterior, y a Rogelio Frigerio sobre política económica, en 1982. Es decir veinte años después del derrocamiento, y veintisiete años desde aquel entonces a nuestros días, porque dichos reportajes - dada su vigencia- podrían haber sido fechados ayer.

Así las cosas, reivindicar hoy el ideario desarrollista de Arturo Frondizi y de Rogelio Frigerio es por supuesto, políticamente correcto. Pero cuando adhieren a ese ideario  hombres de sectores políticos o sociales que conformaron -pasiva o activamente-, el elenco estable golpista en aquellos años, o lo hacen sus herederos ideológicos, acompañando cuanto acto conmemorativo o conferencia se realiza, sin una previa  declaración autocritica a la total falta de comprensión y al ataque a sus ideas y gestión en los tiempos de su presidencia, semejante ‘frondizismo’ tardío, suena a oportunismo más que a otra cosa.

Por eso, quienes tuvimos el privilegio de trabajar al lado del ex presidente, día a día, en Olivos y en la Casa de Gobierno, a cualquier hora y en medio de todas las crisis hasta el final, cuando nos topamos con esos ‘desarrollistas’ repentinos en conferencias, actos, conmemoraciones y hasta en misas, sinceramente nos preguntamos: “¿Qué están haciendo aquí estos señores?.” 

Porque no estaría mal, y sería muy bienvenida su presencia, si al mismo tiempo explicaran que ahora, estudiando todo lo que ha realizado e intentado hacer Frondizi y Frigerio, han llegado a comprender que estos dos estadistas tenían razón y que quienes estaban equivocados eran ellos.

Esto además se comprueba porque ahora, cincuenta años después –mutatis mutandis-, la filosofía de sus propuestas es absolutamente válida. Hasta ellas mismas, con algunos retoques necesarios por los cambios tecnológicos y científicos que produjo el paso del tiempo, tendrían actualidad legítima.

Pero no nos asombremos demasiado de que algo así suceda, porque una relectura de Juan Bautista Alberdi nos mostraría que también tiene una actualidad y vigencia inexpugnable todavía en nuestra geografía.

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El autor es periodista, escritor, autor de varios libros dedicados a Arturo Frondizi y su gestión,  y diplomático de carrera.

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PANORAMA ELECTORAL: ‘EL AÑO EN QUE VIVIMOS EN PELIGRO’

Miércoles, Abril 22nd, 2009

Por Gabriela Pousa

Aunque no tengo muy presente la trama exacta, recuerdo ese titulo del film de Peter Weir, que en estos días, me vino a la mente como el reflejo cabal de lo que pasa. Todo y nada.

Si bien, aquí no hay margen para grandes guiones o crónicas magnas, aún quedan hechos aislados capaces de jaquear el sentido común de quién pretenda contar este presente donde la coherencia es la mayor de las carencias.

La polémica sobre el dengue o las penas para asesinos ya han superado hasta la ficción, y en concreto todo sigue sin hacerse. Es por ello que prefiero escapar a temas que no aportan más que al debate mediático pero no generan acción, ni han de generarla en tanto el gobierno siga, con la mano, tapando el sol.  Todos saben de las epidemias, de la inseguridad, de la inflación por más que la obsecuencia se empeñe en negar hasta lo evidente o insistan con el eufemismo de “sensación”.

Apostándonos en el circo proselitista, la pregunta más frecuente que se me hace hoy, apunta a desentrañar qué puede pasar en la Argentina. La amplitud de la respuesta es infinita. Sin embargo, intentar limitarla a una serie de posibilidades mínima no es imposible porque como reza el refrán: “todos los caminos conducen a Roma”  En su aplicación local, cualquiera sea la ruta que se escoja para analizar este escenario pre electoral y extenderlo incluso al día después, deriva en un panorama sin grandes divergencias.

En una simplificación muy llana, puede decirse que las opciones son básicamente dos: la derrota de los Kirchner, o el “triunfo” de éstos, aunque necesariamente ese “triunfo” deba acarrear comillas para poder ajustarse mínimamente su definición a la que le asigna la Academia.

Siguiendo ese lineamiento, en el primero de los casos, la sociedad sentirá un soplido de aire fresco aunque no dure demasiado. Es decir, habrá evidenciado que el cambio es posible aunque sólo se trate de un incipiente primer paso. Desde luego que el exitismo característico de los argentinos - cabalmente reflejado en el paso de los DT por los clubs deportivos donde de dioses se convierten en diablos en apenas un par de partidos – llevará al festejo indiscriminado originado en el hartazgo que va colmando la paciencia como si se jugara con fuego en una estación de servicio.

En caso de una “victoria” oficialista (vuelva a tenerse en cuenta las comillas), circunscripta únicamente de la provincia de Buenos Aires, más específicamente del segundo y tercer cordón del conurbano, sobrevendrá una serie de interpretaciones maniqueas que harán que las noticias se trasmitan como si fueran capítulos aislados de series sin argumentación donde nadie termina sabiendo quién es protagonista y quién elenco, quién el bueno, y quién el asesino. Y menos aún qué se hace con el muerto. Igual, en menos de 24 horas todo lo visto y oido será materia de olvido.
 
En el mientras tanto habrá quienes traten de explicar lo que es harto sabido: el clientelismo, el aparato justicialista, la “caja”, el apriete, y hasta el fraude, aún cuando nunca se lo compruebe en la justicia como es debido. Pero no cabe duda que esos serán los temas de debate si quedara el conurbano en manos del kirchnerismo.

Planteados ambos escenarios, más que desentrañar cuál tiene mayor porcentaje de darse en el plano objetivo, lo trascendente es analizar las consecuencias que acarrean culminado el escrutinio. Porque lo que resulta más pavoroso no es el resultado sino que lo que sigue al mismo. Es decir, la segunda parte de este año que estamos viviendo en peligro. Y es que gane o pierda el kirchnerismo no cambia, lamentablemente, aquello con lo que deba convivir cotidianamente la gente.

Si el oficialismo pierde estaremos frente al más virulento efecto del “estilo K”: el resentimiento y la bronca en su máxima potencia. La furia del matrimonio presidencial no quedará reducida a una simple batahola en Olivos, o limpieza del gabinete donde se buscará endilgar la culpa de un fracaso que sólo tiene un nombre y apellido. La población en su conjunto sufrirá la ira oficial. Y perdido por perdido, Kirchner terminará arrasando lo que queda del país que ya ha saqueado.

Inútil e ingenuo es esperar autocrítica, reconocimiento a quien ha triunfado, abrir el juego, negociar para seguir gobernando, etc., etc. No son esas conductas características del oficialismo. Por el contrario, verán en la sociedad a un nuevo enemigo contra quién descargar la cólera de la derrota, aún cuando estén derrotados de ante mano. Sino, ¿qué explica esta seguidilla de manotazos de ahogados que se producen a diario creando candidatos virtuales, testimoniales y postergando las listas como si, de pronto, pudieran encontrar en sus filas alguna ‘maravilla’ que se les haya pasado inadvertida?
 
Pero la paradoja es que lo mismo ha de acontecer si logran “vencer” en esos bolsones marginales, necesitados de los planes sociales. Habrá que soportar y costear la fiesta que trasmitirán los canales televisivos, bastante adeptos a seguirles el juego, como si no pudieran dominar el miedo que les causa esta nueva amenaza de una Ley de Radiodifusión que, ¡vaya casualidad! surge justamente antes de los comicios.

Y desde luego veremos como descaradamente se nacionaliza la elección haciendo creer que una ventaja en el conurbano es una “victoria” magnánima que va desde Tierra del Fuego a la Quiaca.
 
Una vez acontecido ello, lo grave es que terminaremos exactamente igual que en el escenario descripto en el párrafo anterior donde la opción era la derrota K. Es decir, nos encontraremos con el matrimonio presidencial reafirmando el “estilo K”, creido que ha sido la mejor estrategia, y que no hay otro modo de manejar a la sociedad que con la mentira, el maltrato, el avasallamiento institucional, y esa concepción de política como sinónimo de guerra donde todos los que no son aliados son enemigos a derrotar paso a paso.

Envalentonados por la ceguera que puede provocar apenas un 0,1% a su favor en el conurbano, saldrán como suele decirse en la jerga popular “con los tapones de punta” a destruir a todos aquellos que se negaron a su juego electoral. Esta forma de echar a Santiago Montoya será apenas una sutileza frente a lo que vendrá.

El peligro de los K no termina, pues, el 28 de junio cuando se cierren las urnas y el pueblo se haya expedido con o sin libertad.  Ese es un debate que amerita un análisis aparte: ¿es la Argentina actual un territorio donde se vive con libertad? ¿Es este ir a votar en menos de 70 días la garantía de vivir en una democracia real? Si alguien se atreve a dar respuestas afirmativas está claro que nada puede cambiar en esta geografía. Si se asume que la realidad no vislumbra democracia genuina, ni libertad que no sea condicionada o condicional -y en seis años nada se ha hecho al respecto- tal vez debemos asumirnos cómplices, aunque no nos guste nada ese término.

Y no es que todo sea negro. Hay una luz de esperanza que se funda en la posibilidad de votar aunque tengamos que caer nuevamente en la elección de “lo menos malo” ofertado en el mercado electoral. Quizás haya algo bueno, pero está visto que no encuentra todavía el modo de ser exhibido sin interferencias que permitan descubrirlo.

Todo huele a mezquindad y ambición más que a patriotismo y servicio. Todo sabe a manoseo y chicanas, a desencuentros y plata, mucha, demasiada plata…

Si alguien esperaba un desenlace mejor para este panorama, le pido perdón. No falseo a la hora de tipear con sinceridad - no datos sueltos de ‘correveidiles’ o vendedores de información cuya fuente mejor no detallar – sino mi visión como analista política de lo que sucedió, sucede y en contrapartida puede suceder de acuerdo a los actores que van a representar el papel principal en esta próxima función.

Hasta el 2011 después se verá cómo vivir en peligro uno o dos años más…

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APTOS SÓLO PARA CORTO PLAZO…

Lunes, Abril 13th, 2009

Por Gabriela Pousa

Dado que he podido gozar de la gentileza y también de la paciencia de Marcos Aguinis, voy a aprovechar, intentando no abusar en demasía, de una página de su nuevo libro: “¡Pobre Patria Mía!” para iniciar estas líneas. De más está recomendar la lectura de ese “panfleto”, tal como lo denomina él mismo, donde la realidad no admite términos medios, y no cabe la mendacidad de lo “políticamente correcto”.

Aguinis cuenta allí con absoluta certeza de qué modo, el kirchnerismo se ha adueñado de los ahorros de millones de argentinos sin que haya habido una reacción virulenta, y en desmedro de la credibilidad y la confianza. Dos cualidades perdidas hace tiempo por el gobierno. Este hecho, sin embargo, ha pasado como pasa todo en la Argentina, sin pausa pero con prisa. “Una cortina de humo tapa a la cortina anterior”.

Todo lo que antaño fue tema hoy no figura en agenda. Y es que los argentinos adquirimos, quizás por contagio maniqueo, ese cortoplacismo enfermizo que caracterizó a muchos gobiernos. Vivimos el “hoy” no solamente como un ‘presente’ que nos brinda la oportunidad de gestar un futuro, sino cómo si el mundo fuese a desaparecer en décimas de segundo. De ese modo, no avanzamos. Si acaso hay algún sesgo de movimiento es apenas de retroceso.

A pocas horas de terminar la festividad de Pascua, y la consecuente Semana Santa, aún no han regresado muchos de los miles de ciudadanos de los lugares característicos de veraneo adónde huyeron como leones que, de pronto, dejan de estar enjaulados. Pues bien, las rejas siguen estando a pesar de esa sensación o ilusión óptica que provoca el cambiar de aire o de escenario aunque sea por un rato. Mientras tanto, el mundo sumido en una crisis magnánima, toma recaudos: ahorra, no gasta a cuenta de…, menos aún derrocha. La incertidumbre lo mantiene, más que paralizado, en una actitud de prevención que es, justamente, aquello de lo que carecemos en la Argentina.

De allí el dengue repentino, de allí los candidatos virtuales, de allí aquel “afamado” corralito, de allí esta permanencia de más de cinco años de un matrimonio presidencial que en un país medianamente serio no hubieran durado ni un soplido de viento. Y no por “cantinelas destituyentes” ni por férreas oposiciones partidarias conspirando, sino por los errores, horrores y osbtáculos que se han propiciado a sí mismos a cada paso.

Cuenta Marcos Aguinis que  “hacia fin del año 2008 se estatizaron –contra voluntad de sus dueños- millones de pesos ahorrados (y heredables) que una multitud de argentinos  había acumulado durante casi tres lustros, en un sistema financiero que era exitoso  en tanto el gobierno no se metía a ordenarle comprar, por ejemplo, bonos devaluados. El argumento oficialista se basaba  en que el Estado administraría mejor esos fondos y brindaría jubilaciones más altas, un argumento que, para gente con algo de memoria, suena a burla que se hace a los tarados.

Cuando surgieron sospechas de que esa estatización podría tener consecuencias graves para todos, porque una parte del dinero arrebatado sería confiscada en el exterior debido a reiterados incumplimientos gubernamentales, se afirmó desde el mismo Estado que no se trataba de una “estatización”, sino de un “gerenciamiento”. ¿Gerenciamiento? Mejor se diga que nos mintieron en forma descarada. Sin sonrojos. Sin titubeos, como si fuésemos un chiquero de giles. Pero, acaso, ¿no lo somos?

Afuera no se tragaron el sapo, por supuesto. Robert Lucas, Premio Nobel de Economía, manifestó que esa medida  equivalía a “robarle el dinero a la gente”. “Eso no se espera de un gobierno que dice ayudar a los ciudadanos”, dijo y agregó un párrafo elemental: “El proyecto gubernamental argentino de repatriar  capitales no tendrá éxito después de semejante manotazo. La Argentina no es un sitio recomendable para quienes buscan seguridad”.

Un periodista añadió que la Argentina se despedía del mundo. Era cierto. Se aceleró la fuga de capitales, en vez de que llegasen nuevos y viejos a nuestra tierra, como se necesita y pretende (ahora). Pocas veces se hizo tanto daño a un país.

Es deprimente. Porque las desgracias no terminan ahí. Esa confiscación, que ardió en la piel como un ataque de urticaria, pronto fue alejada de las primeras páginas informativas y se achicharró hasta casi desparecer. ¡Así nos ocurre siempre! Una cortina de humo tapa a la cortina anterior. Otro olvido en la larga lista de olvidos.”, sostiene Aguinis.

Si tamaño robo a la sociedad pudo olvidarse con una facilidad que da miedo, ¿qué podemos esperar de este nuevo atropello? Me refiero al hecho de convertir al país en una suerte de escenario virtual donde la realidad, si asoma, lo hace como una pintura de ficción más que como una manifestación indubitable de certeza o de cosa palpable.

Esta “idea” de candidaturas testimoniales no sólo no dan testimonio de nada, o de nada bueno, sino que de hacerlo lo hacen con tantas falacias entre medio que merecerían el castigo que se infringe a quienes no dicen la verdad frente a un tribunal. Pero claro, en este caso, el mentiroso mayor es quien juzga y conduce al cadalzo a una sociedad que no termina de despertar.

No hay cabal noción de lo que se está hablando. Posiblemente sea un síntoma de sanidad dado el grado de obsenidad de la propuesta. Se nos obliga a votar sin que haya candidatos. Se desvirtúa hasta tal punto el concepto de deber y derecho ciudadano que, las urnas, más que un orgullo recuperado hace 25 años se torna una pesadilla o una afrenta a la coherencia misma. En estas últimas horas se habla de ‘votar con ética’ o ‘votar por conveniencia’ como si no pudiesen aunarse ambas alternativas.

Se menciona el hartazgo de la ciudadanía pero esa misma ciudadanía, mientras todo este dislate se arma en sus narices -so pretexto de una crisis mundial que nos afectará y redundará en la gobernabilidad sino se “ratifica el modelo” ¿?-, es la que no toma, o no quiere tomar conciencia, del día después en que los candidatos virtuales o superficiales estén ensobrados, y empiecen los debates por las irregularidades en el conteo de sufragios.

¡Qué predecibles somos en tantos aspectos pese a que la incertidumbre es una constante en este suelo!

Y hablo de un no querer darse cuenta aunque, en rigor de verdad, es un estar varados en el corto plazo como desea y le conviene al gobierno. De alguna manera para ello nos ha mal “educado”.  Si la gente tuviera noción de las consecuencias que acarreará la crisis internacional en un mediano, largo plazo, no se habrían observado las largas filas de autos rumbeando a la costa los pasados tres días feriados.

La deblacle financiera de los mercados en el mundo globalizado apenas es rescatada por el oficialismo para seguir manejando y manoseando al electorado. Bajo esa premisa se adelantaron los comicios, con esa excusa se habla del “sacrificio” de gobernadores e intendentes que deben “enlistarse” para ‘salvarnos’ como si el universo tuviese planes de atacarnos. Lo único que atenta contra la gobernabilidad es el mismo gobierno.

No se habla de prevención para los coletazos que pueda generar la mentada crisis sino de candidatos que miden mejor. Tampoco se habló de prevención para evitar la epidemia del dengue que, según la ministro de Salud chaqueña, apenas era un brote de tres o cuatro casos. Tras esas declaraciones, silencio de radio. El propio Jorge Capitanich, gobernador del Chaco y esposo de la ministro, mientras aumentaban los casos de la enfermedad discutía con el productores rurales si dar quorum o no en el Congreso de la Nación para tratar las retenciones al campo. Ninguna renuncia se presentó ni siquiera a modo de gesto para con la población.

El problema sigue siendo de los enfermos, y quienes están en el gobierno siguen creyéndose sanos.               

En esta Argentina “desprevenida” hasta de sí misma, suceden los hechos y pasan los días sin que nada asombre demasiado. La noticia de candidatear a Daniel Scioli tampoco causó espanto, apenas asombro porque ya tiene cargo, pero no porque se trata del hombre que inventó Carlos Menem, que Cristina Fernández denostó en el Senado de la Nación y que posteriormente, Eduardo Duhalde acunó. Tampoco porque es quién debería dar respuesta a la inseguridad que acosa al conurbano en vez de repetir hasta el cansancio “estamos trabajando”. En una de esas, si no trabajan, se soluciona algo.

De este modo, y siguiendo la “lógica” de los sucesos que vivimos a diario, el dengue será apenas un dato más con el cual convivamos acostumbrados, (podremos discutir si es autóctono o importado pero hasta esa discusión durará 24 ó 48 horas no más); los nombres que figuren en las listas electorales serán sólo eso: personajes que, de ante mano, se sabe que nada harán porque nada han hecho estando hoy ocupando cargos incluso con más poder para ayudar al ciudadano.

La oposición, en contrapartida al oficialismo, parece tener todo el tiempo del mundo pero también, como todo extremo, la postergación de definiciones es peligrosa y coopera a la anomia. No hay fuerza ni partido que muestre plataformas, proyectos, candidatos o al menos un “discurso” que escape al virtualismo de moda y generalizado. Le han regalado seis años al kirchnerismo. De continuar con sus internas propiciadas frente a cámaras pero negadas como si fuéramos ciegos o no contáramos, seguirán regalándole más años al gobierno, y consecuentemente, más daño a la sociedad a quién se supone quieren proteger de la condena en la que estamos. 

En este contexto no es extraño que haya todavía quienes crean que los Kirchner pueden seguir ganando. ¿Ganando? Y es que hasta a los verbos se los conjuga ya en un extremado o extremista corto plazo. Aunque el comicio para el oficialismo esté perdido una semana después del escrutinio, si el mismísimo 28 de junio se habla de triunfo, será suficiente para justificar otro atraco y otra burla a los ciudadanos también ocupados en su corto plazo.

De seguir así, cuando querramos saber a quién votar, las urnas ya se habrán cerrado…

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En un país virtual…
un-mundo-virtual

 

 

 

 

 

                                                                                                            

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HOY EL TEMA EDUCATIVO ES UN CARAMELO DE SACARINA. NO ALIMENTA.

Lunes, Abril 13th, 2009

Por Marcos Aguinis

Para Perspectivas Políticas.Info


“Fuimos ricos, cultos, educados y decentes. En unas cuantas décadas nos convertimos en pobres, mal educados y corruptos. ¡Geniales! La indignación me tritura el cerebro, la ansiedad me arde en las entrañas y enrojece todo el sistema  nervioso…” 
Párrafo inicial de su último libro “¡Pobre Patria Mía!”

Tengo tanto para decir que no sé por dónde empezar. No quiero trasnformar este panfleto, que debe ser corto, en un libro largo. Comenzaré por un tema “cacareado pero marginal”, como dije muchas veces: la educación. Sin educación no hay buen futuro. Y parece que no nos interesa el futuro porque la educación es un desastre.

Los historiadores revisionistas, superficiales o ideologizados inyectan ponzoña intravenosa al elogiar los caminos que nos trajeron a la actual ruina. No se acuerdan de que el titán de Sarmiento escribió su libro “La educación popular” cuando aún Rosas estaba en el poder y teniamos un ochenta por ciento de analfabetismo. Quería “formar al ciudadano”; un ciudadano libre, responsable y creativo. Alberdi, otro titán, vio más lejos: “Está bien formar al ciudadano, pero debemos formarlo para el mundo del trabajo, de la producción y de la empresa”. ¡Qué actualidad! Ambos eran genios y disfrutaban su discusión, porque se reconocían portadores del fuego que animó a Prometeo. Alberdi nos condujo hacia la constitución más progresista, liberal y eficiente de América Latina. Sarmiento puso en marcha una larga política de Estado que convirtió a la Argentina en el país másculto del subcontinente.

Ahora, largo esta pregunta, que para algunos resultará tilinga: ¿por qué las economías de algunos países crecen más rápido? Ya se sabe que la riqueza de las nacionesno consiste en la acumulación de oro y plata, como se creía en los tiempos de Cristóbal Colón. Tampoco se debe al cúmulo de recursos naturales que, si bien valen, no gravitan por sí mismos.

Nigeria y el Congo, por ejemplo, desbordan recursos naturales, pero sufren la humillación de una miseria sin fin. En cambio Japón e Israel carecen de recursos naturales y ascendieron a los másaltos niveles del progreso. Hasta una isla como Singapur es potencia.

Japón, Israel, Singapur y una extensa lista de países como Australia, Canadá, Irlanda, Nueva Zelanda, Estonia… (cierro el catálogo para no aburrirte) tampoco han crecido por haber desvalijado riquezas naturales de colonias que nunca tuvieron, como había sido el caso de Gran Bretaña, Francia, Bélgica. Su opulencia no es producto de la explotación ni de la plusvalía. ¿De dónde proviene, entonces?

Fácil.
Su riqueza proviene de su obsesiva apuesta a la educación y la investigación, de promover la ciencia y la tecnología. Sin estas herramientas, los más preciados recursos naturales valen menos que una artesanía defectuosa. Bolivia, pese a sus estatizaciones, discursos altisonantes de soberanía, justas reivindicaciones indigenistas, ha disminuido drásticamente su producción de gas como resultado de ponerla bajo el mando de políticos desinformados o ingenuos, en vez de técnicos provistos de entrenamiento.

En Argentina, el tema  educativo fue tratado como un diamante a partir de la segunda  mitad del siglo XIX. Ahora es un caramelo de sacarina: no alimenta. Los políticos marean hablando de buenas intenciones. Pero no ponen en marcha mecanismos vigorosos que garanticen  un crecimiento de la excelencia educativa. ¡Si ni siquiera se habla de la excelencia, si no de paso, para agregarle un brillito a la frase! Nunca se la trata con sinceridad, porque en el fondo se la considera una palabra políticamente incorrecta. La excelencia real está prohibida. Porque exige esfuerzo, competencia y premia el mérito, tres ítems que hemos aprendido a detestar. La excelencia es políticamente incorrecta porque quiere uniformar para arriba, no para abajo. Y subir exige esfuerzo, rigor, metodología. Ya olvidamos que el esfuerzo, el rigor y la metodología son virtudes que nos disgustan. No alcanzan en un país que se la pasa eligiendo dirigentes que prometen regalos, derechos sin obligaciones y facilismo para todo.

Al corrupto facilismo educativo no sólo adhieren muchos estudiantes (perdonables por su inmadurez), sino padres y docentes. ¡Los acuso de ser malos padres y malos docentes! Malditos sean. Por su culpa los buenos alumnos tienen bloqueada la excelencia y nuestra patria está condenada al atraso. Por su culpa sufrimos una irrefutable caída cuyos frutos amargos son la pobreza y la anomia.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico publicó evaluaciones que me hicieron tiritar. Se basan en los exámenes realizados durante el año 2006 a los alumnos de quince años de edad pertenecientes a 57 países. Los resultados fueron una catástrofe para la Argentina. Repito: una catástrofe. En las pruebas de lectura e interpretación de textos, nuestros mimados estudiantes se durmieron en el lejano puesto 53. Quedaron tendidos en el piso, agónicos. Cayeron por debajo de Chile, Uruguay, México, Brasil y Colombia. ¿Qué tal? Aun más grave es que el nivel resultó inferior  al obtenido en la prueba del año 2000. En otras palabras, los discursos cargados de ideología pseudo-progresista, las polémicas estériles de cuerpos docentes y agrupaciones sindicales, las huelgas, las reiteradas tomas de colegios, los cambios de leyes y la profusión de lamentos sólo sirvieron para estar peor.

Pese a estas evidencias, no disminuye la adhesión  al facilismo. Qué va. Se lo sigue considerando una conquista. ¿Vivimos en un manicomio? El facilismo es una adicción que ha pervertido a la mayor parte de nuestra sociedad, volviéndola indigna.

En síntesis, nuestro facilismo  ha logrado  que no existan exámenes de evaluación , como  en Chile, Brasil y los más ambiciosos países de Europa y Asia. A contramano del mundo, nuestra flamante  Ley de Educación establece el increible artículo 97, que reza: “La política de difusión de la información sobre los resultados de las evaluaciones resguardará la  identidad (…) de los institutos educativos, a fin de evitar cualquier forma de estigmatización”.

¡Fantástico! ¡Qué moralidad! ¡Qué modelo! No estigmatizar a los malos, aunque signifique el degüello de los buenos. Prodigioso. Nadie se pregunta algo tan simple como: si ocultamos lo que anda mal, ¿de qué manera lo vamos a corregir?

Las recientes reformas de estatutos efectuadas en las universidades de La Plata y Buenos Aires   no contribuyen a la excelencia. ¡Ni en sueños! Son un escándalo porque la ignoran. Ese escándalo no produjo cosquillas en la conciencia nacional, que hipócritamente dice – sólo dice – estar interesada por mejorar la educación. (…)

También se insiste en que la enseñanza universitaria debe ser gratuita. Error. Argucia vil. No es gratuita: ¡paga la sociedad! El estudiante aprovecha que otros pagan por él. Muy piola. Muchos universitarios que defienden la enseñanza “gratuita” hicieron su ciclo primario y secundario en instituciones donde pagaron cifras importantes. ¿Por qué no tienen que pagar en la universidad pública? ¿A esa gratuidad indiscriminada la llamamos justicia? ¿Qué no paguen los que pueden y no estudien los que de veras no pueden pagar? (…)

Causan tedio los discursos hipócritas sobre “inclusión social y equidad en la distribución del ingreso”, porque esos discursos esquivan señalar que ambos objetivos no serán alcanzados ni por asomo mientras el campo educativo sea un yermo erosionado por la demagogia, la carencia de visión , los intereses mezquinos y una inercia social cómplice. El verdadero crecimiento económico, en cambio, significa más inclusión y equidad. Mejores salarios son impensables con “gratuidad”, poca productividad  y tecnología atrasada. (…)

Hace años se propuso un examen para los que terminaran el secundario, y de esa forma poder evaluar quiénes estaban en condiciones de ingresar a la universidad. Iba a ser un estímulo para mejorar el decadente secundario, devolviéndole a las universidades la calidad de templos de sitios a los que se entraba con unción, debidamente capacitados para recibir sus beneficios. ¿Qué pasó con esa iniciativa? Nada. Ganó el facilismo. Muchos torcieron la boca para burlarse.¿Un examen al final del secundario? ¿Somos idiotas? ¿Poner en evidencia las fallas de los estudiantes? ¿Mostrar los defectos de nuestro sistema educativo? ¡Nunca! Qué todo siga igual. O peor, como está sucediendo.

Chile, en cambio, el vecino con quien compartimos la más larga frontera aplica estos exámenes desde la década del 60. La Prueba de Selección Universitaria (PSU) es utilizada por todas las universidades para escoger a sus postulantes. De esa forma vigoriza lo aprendido durante toda la educación  media. Además, el ingreso a las carreras lo define cada universidad mediante una comparación entre el puntaje que ofrece dicha Prueba y el promedio de las notas. Los resultados de la Prueba se hacen públicos para brindar una información fidedigna sobre la calidad de la enseñanza. Por eso la principal preocupación de los alumnos del último año en Chile es aprobar esa Prueba y no el viaje de egresados.
Aquií en cambio, somos piolas y preferimos decir: “¡Qué malignos son los chilenos con sus estudiantes!”

La tragedia se completa con el hecho de que la educación no es el tema de uno o varios ministerios ni de los “representantes del pueblo”, ni de los expertos en pedagogía, sino de sindicalistas y patotas  que brindan un patológico ejemplo que luego, con luz verde, bombos y consignas necias, adoptan los alumnos.  Entonces, “toman” colegios, exigen mejoras edilicias por las depredaciones que ellos mismos cometen y se arrogan el derecho a definir la currícula, designar autoridades y hasta autocalificarse.

Nota de la editora: Los comentarios que siguen a los aquí esgrimidos no tienen desperdicio, urge por sobre todas las cosas que los argentinos despertemos y tal vez, a través de esta lectura empecemos a obrar en consecuencia.


aguinis

Es una obligación moral como ciudadanos leerlo y releerlo también entre líneas… 

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NACER DE NUEVO

Lunes, Abril 13th, 2009

Por Esteban Peicovich

Exclusivo para Perspectivas Políticas.Info

“La escena política es un baldío (…)  Que ahora se trata de rescatar al país o perderlo”  E.P

Uno de nuestros más pegajosos asuntos políticos es el de no saber querernos socialmente. El otro (en importancia) el no poder enterarnos qué y cómo somos. Hay quien no duda: es tener el río, la avenida y la catarata más anchos del mundo, una montaña medalla de plata, los caballos mas enanos, haber intentado nacionalizar a Dios, fichar a Hamlet y en la década del 90, dejar se sultanizara el poder. Solapados en Borges nos gusta repetir que somos “incorregibles” adjetivo endilgado por él a peronistas de su tiempo que llegaron a designarlo Inspector Municipal de Aves y Ferias Francas. La muerte lo salvó de constatar que esa incorregibilidad cundió. Y que se hizo crónica. Hoy, hasta los radicales se han vuelto peronistas.

Nuestro dilema pasa porque nos cae más placentero llorar que hablar de la Argentina. Cuesta entender éste (el nuestro) “país más distinto del mundo”, como lo califican perplejos los de afuera. Sociedad diversa (y errática) carece de fidelidad social. No entra en razón. Le cuesta crecer, cuajar. Disparata, sueña, falla. No consigue afinar consigo misma. Repite. Patina.  Se da de cabeza contra la pared de la historia. Envejece sin gozar juventud. Arrastra muertos inmensos. Décadas de gobiernos abandónicos. Fatales.  Sus 70 últimos años son de prontuario sucesivo (y sociedad en cautiverio). Salvo el proyecto amputado de Frondizi o la página ejemplar de Illia, no hay en tan escandaloso período producción alguna de historia real. Solo omisión de ella. No ilusión: elusión. Oficioso devenir de estragos tales (y tantos) que acabaron por disolver la república y dejarla en llagas como está.

Nuestro estrepitoso derrumbe moderno guarda directa relación con el tajo feroz infligido al país en los 70. Su variada cuchillería y el saqueo interior y exterior que propició, se ocuparon de descerebrar una generación y desnutrir a la siguiente. La democracia que alumbró (por cesárea) apenas si alcanzó para juzgar a una mínima parte de los responsables. Se debilitó sin producir transición real alguna. No supo. No pudo. No quiso. No puso. Los finales años del siglo XX lo fueron de pirotecnia, picaresca y corrupción. Traspié de Alfonsín, monarquía inconstitucional de Menem, falla tectónica de la Alianza,  semanalato de Rodríguez Saa, zarpazo de Duhalde y aguachento reinado de Kirchner. Inmersos en esta lánguida civilización desesperamos hoy. Con democracia frenada, economía en llamas y república dividida en inclusión y exclusión. La escena política es un baldío. Feudales dinosaurios campean soberbios amparados por sus fueros. Latosos “padres de la patria” (sic) y funcionarios binorma sostienen la necesidad de recuperar el Estado que ellos mismos ayudaron  (y ayudan) a vaciar. La ilimitada impunidad (esa jodida inercia argentina) les permite ocupar el escenario de las leyes y activar solapadamente sus verbos fatales: obstruir, destruir. Estos personajes son los que se ocupan de retrasar la floración, suspender la actualidad e imponer emergencia como ideología.

Pero esta forma de poder comienza a fallar. En el mundo y aquí. Con solo retórica no alcanza. El refranero aplasta al discurso. Cambia la época: vivimos en la rapidez, no en el tiempo. Las patas de la mentira vienen más cortas. Y la sociedad despierta. Tras años de bruma y abulia ganó la calle y aprendió a ejercitar su verdad. Su presión sobre todos los poderes no deja de aumentar. Pide acabe la corrupción, se asegure la convivencia, se dignifique la vida. Exige que el sacrificio tenga sentido. Al menos alguna austera dosis de sentido. Del mínimo disponible. Del común. Esta democracia invisible ha empezado a fijar los tiempos. Ahora el calendario es suyo. Tanto que la encuesta casi sucesiva se ha convertido en instrumento para medir el humor social. Como nunca antes, memoria y verdad se funden en el ideario de esta novísima sociedad en movimiento. Ya no son tantas las “patrias” que allá por los 80 impedían la Patria. Ya no es tan fácil “hacerla y esconderla”. Hay más luz. Aún enclenques, los años democráticos cunden, dejan huella. Los ciudadanos 2009 buscan serlo en plenitud. Y pronto. Pasaron del agotamiento a la reflexión. Del hartazgo a la conciencia. Hasta se cuestionan (por primera vez con criterio moderno)  por su propia responsabilidad en el último drama general. Descubren que lo social les pertenece de modo activo, no indirecto. Que el desarrollo de una comunidad depende de cómo actúen sus individuos ante la puja inevitable entre el poder y la verdad. Que deben recuperar plaza y cosa pública.  Que ahora se trata de rescatar el país o perderlo.  Y nacer de nuevo.

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peicovic

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CUANDO LA FICCIÓN ENTRAÑA MÁS REALISMO QUE LA MISMISIMA REALIDAD…

Lunes, Abril 13th, 2009

Por Gabriela Pousa

“Lo que hoy ha empezado como ciencia ficción, mañana será terminado como reportaje”  Arthur C. Clarke

 
El reloj apenas si marcaba las seis. Entre las rendijas de la persiana no asomaba aún ni un sólo vestigio de amanecer. Se demoraba el día quizás como se demora todo en la Argentina. Posiblemente una esté sensibilizada en extremo y nada quede, pues, librado a la casualidad: ni este tardío Otoño que se empeña todavía en quemarnos la piel en un escenario dantesco.
 
Lo cierto es que, en el mismísimo instante en que el reloj marcaba las 6 AM, y la noche peleaba por permanecer, comenzó a sonar el teléfono insistentemente.

Generalmente, a horas poco afines con las actividades rutinarias, estos sonidos atemorizan hasta dejarnos entre la parálisis y la acción instintiva. O será que cualquier hecho capaz de alterar la monotonía de lo cotidiano puede provocar en nosotros un cúmulo de pensamientos poco claros, y es por eso que vivimos a la deriva. Desde alguna fatalidad hasta un simple llamado equivocado, todo podía ser y no ser, tal como pasa constantemente en esta geografía. Sin sorpresa casi, sin asombro diría…
 
Atendí tratando de forzar la voz para no delatar mi perturbación. Del otro lado, ningún titubeo. Se me increpó directa y contundentemente: “¿Es Usted argentina?” – preguntaron con la certeza de saber de ante mano la respuesta. Mi duda al respecto no tuvo más asidero que cierta vergüenza que provoca haber nacido en aquel “granero del mundo” que ya ni siquiera da de comer a los propios habitantes de este suelo.
 
Asentí. La voz ronca inquirió con algún dejo de autoritarismo: “Le solicitamos se presente en Balcarce 50, en 30 minutos”. En ese segundo se apoderó de mi una mezcla de intriga y desazón, de bronca diría; difícilmente traducible en palabras. ¿Desde cuándo una voz puede imponer la agenda de mi día así porque sí? Enseguida supe que infinitas veces sucedió y sucede de ese modo, máxime desde que los Kirchner están en el poder. ¿Cuántas veces creí que estaría en la oficina en tiempo y forma, y los piquetes impidieron que aconteciera de ese modo? Nunca hubo una autoridad, ya sea con voz ronca o aguda, actuando acorde a la letra de la Constitución, es decir, liberando el paso como derecho del ciudadano a transitar libremente por el país.
 
Tampoco se nos explicó jamás por qué la mentada “transversalidad” o mismo el PJ que, en ese entonces no era disidente ni se arrepentía de rendir pleitesía a cuanto capricho kirchnerista surgía, puso reparo a la unilateral determinación de que sea Cristina quién se erigiera candidata por esas “fuerzas” sin que medien internas ni discusiones siquiera.
 
Si para ninguna de esas arbitrariedades hubo jamás respuesta,  ¿por qué habría de haberla a mi confusión ante el intempestivo llamado telefónico? ¿Qué querrían de mí? Sin duda, la tranquilidad de conciencia es siempre buena compañera.
 
Por ese haber nacido en Argentina que nos hace actuar como autómatas en vez de reaccionar como personas, en 30 minutos estaba en la explanada de la Casa Rosada sin haber, previamente, averiguado nada. No era la única. Un centenar no más de compatriotas, con la misma cara de ‘nada’ pero enmudecidos cual argentinos legítimos, copaban la planicie por donde suelen entrar los funcionarios a sus despachos, aunque sea de tanto en tanto…
 
Nadie atinaba a dar una explicación medianamente válida al hecho de estar allí. ¿Privilegiados? ¿Predestinados? ¿Condenados como aquel personaje kafkiano que, en ‘El Proceso’, marchaba hacia su propio juicio sin saber la causa por la cual se lo acechaba?
 
Silencio de radio ante tanta incertidumbre, como sucede a diario… Algo nos mantiene siempre mudos ante la barbarie más grande. Por ejemplo: ¿Quién se hizo o se hace responsable del avance del dengue qué, según la mismísima ministro de Salud, “llegó para quedarse”? No lo preguntamos, menos aún lo demandamos pese a tener el derecho que da el sabernos explícitamente afectados.
 
Pero ahí estábamos, como cobayos prestos para un ‘casting’ o para algún experimento del que nada sabíamos en concreto. Tras una larga espera sin justificación siquiera, las puertas de Balcarce se abrieron  prácticamente como se abrió el muro de San Isidro a los vecinos de San Fernando: todo sin lógica ni coherencia, como si el país fuese un juego para ensayar soluciones a problemas serios, en vez de paliarlos con políticas de Estado, comprobada su efectividad de ante mano. 
 
El matrimonio presidencial nos observaba  como quien observa el ganado en los andariveles de Liniers, prestos para elegir cuál enviar al matadero, y convertirlo en oferta medianamente rentable para el mercado.
 
A esta altura de las circunstancias, el lector, habrá adivinado qué hacíamos allí, para qué fuimos ‘convocados’. Los Kirchner estaban con una planilla en mano, llenando con cruces los casilleros, la suerte era de todos o de ninguno. De esa turba de gente enmudecida y agazapada en una especie de “obediencia debida”, saldría – ni más ni menos – que el candidato…
 
No. No nos exigían responsabilidades ni mucho menos nos cabía alguna suerte de ‘derechos humanos’. Apenas había un mandato oficial a cumplir; un ‘servicio a la Patria’, según se oyó decir,  de esos que se aceptan jurando sobre una Biblia o sobre una Carta Magna pero que nunca la ciudadanía demanda.
 
Se trataba de la continuidad del “modelo”, sería por eso que nos tomaban las medidas y se nos hacía desfilar por una pasarela donde nos miraban fijo los bustos de tantos otros que agradecían, desde el mármol, no estar ya respirando ese ambiente asfixiado. Nadie daba al parecer con el 90-60-90, menos aún con el metro ochenta…
 
Pero tampoco era tan arduo el “trabajo” que los Kirchner ‘ofertaban’: la duración no excedía el marco de un día. Una vez cerradas las urnas, podríamos volver a ser lo que fuimos o nunca dejamos de ser: una oveja más de un rebaño que acepta hasta lo inaceptable, y que participa en una ficción como si la misma fuese una realidad palpable.
 
Obviamente estos hechos no sucedieron más que en mi sueño, fueron tal vez una zancadilla de Morfeo, pero nada diferencia esa vivencia de aquellas otras que experimentamos todos, despiertos, en vigilia, día tras día…
 
Las elecciones, en este contexto, bien pueden ser una oportunidad para la sociedad si acepta el desvelo guardián; o pueden sino ser una pesadilla sin garantía de vencimiento.  No basta con que el hartazgo sea genuino debe ser también activo.
 
De repente, frente a los acontecimientos de coyuntura -que ni ameritan un análisis exhaustivo-, los funerales de un ex presidente que tuvieran lugar días atrás parecen haber ocurrido en épocas remotas. Sino no hay modo de justificar el olvido que parece haberse instalado ya en el conciente/inconciente colectivo, vaciando incluso los mensajes contundentes que tamaña epopeya arrojara para ciudadanos y dirigentes. La casa no está en orden aunque una escenografía ficticia nos cercene la vista.
 
Hoy por hoy, los comicios son apenas un chiste de mal gusto, una pesadilla, un vil manoseo. Que dejen de serlo para convertirse en lo que debieran ser depende del pueblo más que de aquellos que encabecen, caprichosa o groseramente, las listas, máxime las “oficialistas” (valgan esta vez, más que nunca, las comillas)
 
Y, por las dudas, no olvidemos que Calígula nombró cónsul a un caballo, aunque hasta ese hecho haya dejado también de sorprendernos…
 

1746369-2

¿Pedirán por el pueblo o por sus pellejos…?

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