doingword.com

Archive for the ‘Los Columnistas Invitados’ Category

DEL TREN BALA AL SUBMARINO NUCLEAR

Lunes, Junio 7th, 2010

Por Jorge Brinsek

El anuncio hecho por la ministra de Defensa Nilda Garré, en el sentido de que quizás en 15 o 20 años, nuestra marina de guerra podrá contar con un submarino nuclear no deja de constituir una muy lejana utopía ante la realidad de una fuerza naval obligada permanecer en tierra prácticamente todo el año por falta de presupuesto incluso para cumplir funciones mínimas de mantenimiento.

Además no está claro para que se necesita un sumergible de propulsión atómica, en una nación como la nuestra, ubicada en las antípodas de las potencias mundiales que requieren de unidades estratégicas con capacidad de lanzar misiles de destrucción masiva desde cualquier punto del planeta luego de estar meses sin salir a la superficie navegando por los mares y océanos del mundo.

El pasado jueves 03 , y en la proximidad de celebrarse el 7 de junio el Día del Periodista, Garre reunió en un brindis a los acreditados ante su cartera para deslizar el rimbombante anuncio. Quizás no fue su intención, pero la especie fue lo suficientemente tentadora como para dejarla pasar. Y ocurrió lo que tenía que ocurrir: el tema salió publicado… y se armó la polémica.

En rigor de verdad, la Argentina no necesita un submarino atómico, sino una flota de superficie y submarina continental que por lo menos navegue.
Hay un extenso litoral marítimo que controlar, como apoyo de fuerza al accionar de los guardacostas de la Prefectura Naval , una superficie cada vez más codiciada por voraces aves de rapiña que andan de aquí para allá tratando de alzarse con todo lo que se tiene a mano.

En un mundo donde los peces se agotan por la sobrecaptura, flotillas enteras, ciudades flotantes, convergen sobre nuestras latitudes para hacer los estragos más increíbles que pueda uno imaginarse. Ocurre que los barcos llenan sus bodegas con un tipo de pescado, pero descubren, por ejemplo, calamar que es más rentable, y tiran toneladas de lo capturado al mar para hacerse del nuevo producto.

Frente a la inmensidad del océano hay dos tipos de controles. El policial, legislado internacionalmente, que obligatoriamente debe cumplir la Prefectura con sus guardacostas debidamente identificados.

Y el punitivo que, en caso de salirse las cosas de madre, debe estar a cargo de unidades navales que, con un par de cañonazos – uno a proa y otro a popa - pongan en claro que con los bienes de Argentina y de los argentinos no se juega.

Para una explicación mejor. Las flotillas pesqueras piratas son lo más parecido a un caserío precario donde da miedo meterse. Es como que un patrullero policial, solitario, penetre en esas bocas de lobo flotantes donde los buques se cierran sobre su presa, la embisten e inclusive hasta tratan de hundirla para evitar ser abordados y requisados y luego huyen mar afuera internándose en aguas internacionales.

Pues bien, si no hay un destructor, una corbeta o una fragata cerca, con capacidad operativa para perseguir al agresor hasta donde sea, todo lo demás resulta irrisorio para estos verdaderos forajidos del mar que todo lo tienen previsto hasta el hundir sus propios barcos si es necesario.

Y sin embargo la imposibilidad de la Armada de navegar en tiempo y forma impide desplegar – siempre en coordinación con Prefectura - un plan preventivo eficaz y sistemático que ahuyente de los incursores. Ese es el principal problema que se afronta en estos momentos… y que por ahora no tiene visos de solución, salvo lo que se pueda hacer más con esfuerzo, iniciativa y sacrificio que con la plenitud operativa que tienen que dar las políticas adecuadas en la materia.

Es como la historia del tren bala. Todos los días, un millón de personas que fatigan los trenes metropolitanos pasan las de Caín para ir o volver a sus hogares de sus tareas, obligaciones o estudios. 

Cuando se los observa colgados de los estribos de los vagones, arriesgando sus vidas, o subidos a los techos de los convoyes, no puede dejar de pensarse en que fácil es hablar para este Gobierno y qué difícil hallar indicios de sentido común a muchas cosas que libremente se dicen.

securedownload

Jorge Brinsek es director de la Productora de Servicios Periodísticos SA www.prosep.com.ar. Ex Director de la agencia DyN

Posted in Jorge Brinsek, Los Columnistas Invitados | Comments Off

DOSCIENTOS AÑOS EN DOS MINUTOS…

Miércoles, Mayo 26th, 2010

Video/Narración de Lalo Mir

Original, creativa narración y compilado de imágenes que resumen el bicentenario de la Argentina. Relatado por el locutor Lalo Mir fue transmitido por el canal de cable TN, en el marco del programa “Palabras + Palabras -”, el pasado 26 de Mayo de 2010. 

http://www.tn.com.ar/2010/05/26/sociedad/02200213.html

bicentenario_argentino

Posted in General, Lalo Mir (Video/Audio), Los Columnistas Invitados | Comments Off

LOS EXTREMOS SE UNEN

Jueves, Septiembre 17th, 2009

Por Tomás Blatt


Exclusivo para Perspectivas Políticas.Info

Quizás una de las imágenes más viejas que recuerdo de mi educación es la de un libro de lectura de mi primer grado donde sobre el titulo en cuestión –los extremos se unen- , podía verse una abuelita tejiendo y en la otra punta del hilo su nietito sosteniendo el ovillo de lana. El mensaje de la lectura era claro: aunque estén en ambos extremos de la vida, ambos tenían muchas cosas en común y podían colaborar ayudándose mutuamente, cada uno en lo suyo, pero colaborando, pese a las diferencias.
Infinidad de veces volví a ver esta imagen, no ya en mis libros de primaria, sino en la vida misma y específicamente en la política. Luego aprendí a expresarlo desde este ángulo más elaborado: las posiciones y los métodos extremos son funcionales unos a otros.
Cabe el ejemplo de la violencia de los años 70. Los atentados y accionar de la extrema izquierda y sus grupos guerrilleros, dando lugar a la ilegal y genocida represión del estado y los militares golpistas. Podrá quien quiera dar vuelta la cronología del último párrafo, pero el resultado será el mismo; los extremos aun se tocarán.
Durante esa misma década era también muy común escuchar justificaciones a esos imperdonables accionares de ambos bandos, bajo la frase “el fin justifica los medios”.
Hoy los Kirchner, participes innecesarios de los setenta e inevitables de los 2000, traen a mi memoria el concepto de aquellas frases aprendidas en mi infancia y juventud. Plantean confusos fines, que supuestamente van a beneficiarnos a todos, como aniquilar el accionar de monopolios mediáticos a cambio de un control discrecional del gobierno-estado, tal cual serán los resultados de esta nueva ley de medios. Pero lo hacen utilizando medios dignos de gobiernos autoritarios y no democráticos. 
Nuevamente medios injustificables en democracia en pos de fines autoritarios. Otra vez más los extremos se unen.
Es como si en más de 40 años de educación, mis conciudadanos y yo no hubiéramos aprendido nada, salvo los Kirchner que entiendieron el verdadero sentido de la frase, saben que el fin es justamente justificar el control de los medios.

© www.perspectivaspoliticas.info

El autor es economista y conductor del programa “Doble Click” que va de lunes a viernes de 13 a14 horas por FM Identidad 92.1

violencia

Posted in Los Columnistas Invitados | No Comments »

LA CALESITA

Jueves, Septiembre 17th, 2009

Por Juan Francisco Dillon

Exclusivo para Perspectivas Políticas.Info

Dos años en la dinámica Argentina parece ser demasiado tiempo. Aunque no para todos. En especial si las conductas suelen ser vaticinadas a partir de presentes y  futuros edificados sobre la base de evitar aprender del pasado. Quizás esto último un  signo distintivo de inmadurez que con crudeza describe la conducta de los argentinos. Una sociedad que prefiere más los atajos que los caminos, los parches que los arreglos, el problema a su solución.

En esa elección la idea ¡es la economía, estúpido! gravita como el mayor referente que sigue condicionando las decisiones más relevantes de los argentinos, adeptos cómodos de opciones cortoplacistas e interesadas.

Bajo esta órbita, que los mayores enemigos de los Kirchner sigan siendo los Kirchner, es el otro argumento que aporta más esperanza al propio Néstor para creer en su resurrección. Si como algunos han acertado indicar “Néstor Kirchner es capaz de chocar hasta una calesita“ también “es posible que sólo de él dependa volver a controlarla”.

“Técnicamente, es muy probable que se haya acabado la recesión”, este ensayo a manera de predicción que realizó el presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Ben Bernanke- puede dar inicio a un nuevo viento de cola que sople en dirección a esa reconstrucción. A regañadientes los diarios argentinos, algunos prestigiosos economistas y analistas, han empezado a reconocer que las expectativas están mejorando. Algunos datos y cifras tibiamente lo confirman.

Hay otro punto. Los medios de comunicación y sus periodistas han perdido autoridad para orientar dentro del enorme desorden argentino. Es que haber mutado de convicciones tan rápido como pidiesen sus intereses -costumbre casi exclusiva de políticos y gremialistas- les ha recortado una enorme cuota de credibilidad. Quedan pocos ingenuos o desprevenidos que no hayan podido advertir como han pasado de describir años de “Todo Normal” a años de  “Todo Negativo”. Medios convertidos en “fines” de sus propios intereses más que en “medios” para publicar algo de “verdad”.

Si a esta altura me pregunta por la “oposición“, le digo “Bien Gracias“. El Senador santafesino Carlos Reutemann dio en parte en la tecla al asegurar que “al justicialismo le van a sobrar candidatos”. El problema no es tan solo que sobrarán -o ya sobran- sino que hace falta que las candidaturas no se reduzcan a aspiraciones personales. Todos quieren ser aunque no sepan o digan para que.  Ganan un escaño sólo para pensar como alcanzarán el próximo. Son fieles predicadores de reglas como, “Si no  aseguro el otro puesto no puedo garantizar eficiencia en el actual cargo” o “Si no soy bueno para este seré mejor para el próximo“. 

Mientras tanto la iniciativa sigue siendo potestad absoluta del gobierno. Su mayor virtud es haber neutralizado casi de manera absoluta a la oposición. No hay una idea de peso que pueda contrastar la “verdad oficial”. Con este esquema seguirán disfrazando como “luchas populares y nacionales” enormes estafas mercantilistas.  Un capitalismo nacionalista kirchnerista. 

Sin aburrir con mayores detalles, la reforma política que impulsa el gobierno es clave. Reducir la iniciativa a acomodar las internas partidarias es un aspecto central en el futuro manejo eleccionario. Por otra parte acomodar voluntades a partir de las necesidades de fondos de los gobernadores o intendentes es otra herramienta de sometimiento. Scioli es el mejor ejemplo. Finalmente una ley de medios que controle pauta, contenidos, composición de los medios, en definitiva que limite la libertad de expresión, completan un cuadro muy favorable a los deseos oficiales.

Somos tan capaces de ser “hoy somos todos Del Potro“ como al día siguiente negar que “ayer éramos todos Maradona“.  En esta semblanza argentina es posible que la  “resurrección” no sea una opción de fe sino una situación probable. En especial si permitimos que nos conduzcan como si fuésemos muñecos petrificados de una linda calesita.  De ser así esté seguro que Kirchner puede seguir creyendo que los sueños, por lo menos en Argentina, suelen convertirse en realidad.

© www.perspectivaspoliticas.info

kirchner-estrabico

Posted in Juan Francisco Dillon, Los Columnistas Invitados | No Comments »

DEMOCRACIA, CAPITALISMO Y POPULISMO

Miércoles, Septiembre 2nd, 2009

Por Julio Crivelli 
                                                                                           “Sarmiento el soñador sigue soñándonos.” Jorge Luis Borges
                                                                                                

En esta hora de fragor y confusión, urge pensar porque llegamos hasta aquí y hacia donde debemos ir.

Los argentinos tenemos una vieja pelea con la democracia y el capitalismo, los dos pilares de la sociedad occidental. Dicha pelea, que arranca en 1930; en la “hora de la espada” y el “derecho de la revolución triunfante,” se fue profundizando hasta embarcarnos en una estructura populista y nacional-socialista, que hasta el día de hoy infecta la mente de los argentinos.

Desde 1930; Argentina vivió gobernada por civiles y militares, que, salvo algunas excepciones, despreciaban la democracia y el capitalismo.

El “fraude patriótico”, el Grupo de Oficiales Unidos, el primer Perón, con su creencia en el totalitarismo, los golpes militares posteriores a 1955, todos quisieron y tuvieron la suma del poder.

Después de la restauración de las elecciones populares en 1983,  los presidentes ansiaron la reelección y la suma del poder. Desde la presidencia de Alfonsín que estamos en “emergencia constitucional” y sucesivas leyes de emergencia han degradado el sistema republicano, hasta los límites de su existencia.

Como se ha dicho, la quiebra de 1930 no sólo alcanzó a la democracia, sino que destruyó también a su correlato, el capitalismo, el otro pilar de Occidente.

Desde 1930 aparecen las “Juntas Reguladoras,” que empiezan a intervenir en la economía y se avanza, “combatiendo al capital,” como dirá más tarde. 
 
 Nace entonces el mito de la “redistribución de la riqueza”. Según este cuento, la riqueza no es un desafío de cada uno, que debe crearse con el trabajo y la inteligencia, sino que es algo que ya existe, que injustamente poseen otros (el capital) y que el Estado debe tomar para repartir.

El mito de la redistribución, sigue vigente en la Argentina y gracias a él somos cada vez más pobres.

Desde 1946; se estatizan todos los servicios y la producción básica y se regulan todos los precios de la economía interna y el comercio exterior, siguiendo el modelo del fascismo, cuando en todo Occidente regía el capitalismo impulsado por la victoria aliada en la Segunda Guerra. Argentina ha permanecido en el estatismo, (”combatiendo el capital”), durante 70 años !!! marginando al sector privado y despreciando las inmensas posibilidades de nuestra educación y nuestra naturaleza.

Setenta años de desinversión, de empobrecimiento, de dirección estatal de la economía, que en lugar de crecer con la creatividad del sector privado, ha sido ahogada por burócratas e iluminados, que ejercían el poder desde el Estado.

El supuesto intento de los 90 de volver al capitalismo, en el cual se creyó con fervor  después de años de prédica estatista, fue bastardeado por  la convertibilidad idolatrada al servicio de  la re-reelección y la corrupción, que infectaron toda la década.

A partir de 2001, Argentina en crisis, reivindica sus bases populistas y nacionalsocialistas, enemigas de la democracia y el capitalismo.

En un raid impresionante se otorgan nuevos poderes de emergencia, se anula la separación de poderes, sometiendo a los jueces, se adjudican facultades legislativas al ejecutivo (suma del poder público) y se elimina el federalismo.
 
  Se repudia la deuda interna y externa, se interviene la economía con precios y tipo de cambio regulados. Se estatizan los servicios públicos o se regulan sus tarifas, se regulan las exportaciones con retenciones y prohibiciones.

En menos de 5 años la economía argentina estaba tan estatizada y cerrada como en 1970.

LA SITUACIÓN ACTUAL

Los argentinos nunca entendimos el profundo significado de la caída del muro de Berlín. Nunca aceptamos que desde ese momento, sólo quedó en vigencia el modelo político democrático y su correlato necesario, el modelo económico capitalista y que los populismos no pueden especular más con terceras posiciones.

En el mundo de hoy tanto la izquierda como la derecha son democráticas y capitalistas cumpliendo los paradigmas de Occidente.

Argentina debe ser uno de los pocos países que cuestiona el capitalismo. En el resto de los países de Occidente se piensa cómo profundizarlo y mejorarlo. Argentina es un país insólito, que en medio de la crisis global prohíbe exportar, usa los fondos de los jubilados que estatiza para compensar el gasto público y ahoga con precios regulados a la producción y los servicios.

Mientras el mundo es cada vez más capitalista, Argentina es más estatista. Lo peor y lo más grave es que el Estado Argentino ha demostrado ser ladrón y tramposo, incapaz de prestar servicios elementales ni de cumplir los contratos. Pese a ello persistimos en estatizar.
 
 Otro tanto sucede con nuestra democracia, sometida al clientelismo y al movimientismo.

Los “movimientos” fueron creados por el pensamiento nacionalsocialista, antidemocrático y anticapitalista para combatir y absorber a los partidos políticos, que con su plataforma de ideas, sus programas representaban un enorme obstáculo para el totalitarismo.

En cualquier lugar del mundo, los “movimientos” son vergonzantes porque evocan el fascismo. Pero en Argentina de hoy, nos enorgullecemos de tener “movimientos” y “espacios” que sin plataforma ni estructura, dependen de la voluntad de un líder y pueden virar hacia cualquier signo, que nada garantizan a nadie y que son meros instrumentos para la toma y ejercicio del poder absoluto.

Una vez más la democracia y el capitalismo están en bancarrota en la Argentina.

RECONSTRUCCION

No es la primera vez que nuestro país enfrenta la desorganización, la derrota y la necesidad de cambiar.

En 1853, después de décadas de guerra civil y dictadura, poco se podía esperar de Argentina, un país remoto, pobre, despoblado y analfabeto, sin las técnicas elementales para el trabajo de la tierra. Sin embargo, en poco tiempo más, Argentina era  una esperanza de Occidente y estaba mucho más desarrollada que Brasil y México, los dos grandes de la cultura y el desarrollo de Iberoamérica.

Esto sucedió  porque los argentinos entendieron profundamente cómo era el mundo en que les tocaba vivir. No se pusieron a discutir si ese mundo era bueno o malo, mucho menos a impartir lecciones o a aliarse a dictadores exóticos.
 
  Era un mundo con graves injusticias, pero signado por un avance paulatino hacia las instituciones democráticas y el capitalismo, con una marcada división del trabajo que Argentina podía aprovechar. Argentina entendió profundamente la democracia y el capitalismo. Inició una carrera para organizar sus instituciones, para desarrollar su infraestructura de trasportes y comunicaciones, traer inmigración para poblar y producir, para educar y curar universalmente. Y tuvo un éxito singular, convirtiéndose en una tierra de promisión, que podía dar educación y trabajo a cientos de miles de inmigrantes que llegaban todos los años. La clave fue la enorme entrega de la dirigencia que abandonó los privilegios que pudo haber defendido.

Argentina igual  que en la época de la organización nacional, debe reincorporarse al mundo, abandonar las alianzas con dictadores, entender que Occidente es cada vez más democrático y capitalista y que Argentina puede tener un lugar destacado en la globalización siempre que abandone el populismo político y económico.

Debemos resolver el problema de la deuda repudiada y el aislamiento institucional y económico, restaurar la republica que hoy esta anulada por una maraña de normas disparatadas.

Liberar las fuerzas del campo, de la industria, de los servicios, ingresar a la economía del conocimiento, obligar para siempre al estado a cumplir sus contratos, desde los jubilados, hasta los servicios públicos, para que todos confiemos e invirtamos nuestro esfuerzo en Argentina.

Reponer al mérito como la gran guía de los argentinos, terminar con el estado tramposo, para que no sigamos ahorrando en el exterior como si no tuviésemos patria.

En suma, restaurar la democracia y su correlato el capitalismo.

Para la reconstrucción de hoy sólo hace falta seguir la guía de ayer. Es aún más fácil. Depende una vez más del patriotismo de la dirigencia. El mundo nos espera. 

Posted in Julio César Crivelli, Los Columnistas Invitados | No Comments »

AMAMOS EL FRACASO

Lunes, Agosto 24th, 2009

Por Juan Francisco Dillon

Exclusivo para Perspectivas Políticas.Info

Fracasar a nadie alegra. Cometer errores suele avergonzarnos. Aferrarse al fracaso, casi regodeándonos de el, nos condena a repetirlo indefinidamente. Aceptar el error, el fracaso, además de digno, es condición suficiente para empezar o intentar salir, avanzar.
 
En los últimos tiempos los periodistas argentinos hemos reducido nuestra labor a ser puntillosos comentaristas del fracaso, como si esto nos eximiera de ser parte del mismo. La crónica diaria de la decadencia argentina es más cómoda que buscar y pensar en aciertos y virtudes ajenas, sean argentinas o foráneas, aquellas respuestas que somos incapaces de admitir. Hoy pareciera que divierte la “bitácora” oportunista de ser eximios críticos de los horrores de los Kirchner o las desventuras de la oposición. Y no porque no los haya. Claro está que debería invalidar a una gran mayoría que descubre los desaciertos del capitán cuando el barco partió desde un principio sin rumbo. Punto y seguido, hay que mirar que muchos detallistas del error ajeno siguen aferrando sus negocios periodísticos a abultados auspicios estatales conseguidos por amigos del poder.
 
Pero el problema de amar el fracaso es argentino. Quizás porque tratando de categorizar el fracaso como una situación colectiva, humana, globalizada, justificamos nuestras propias desdichas. Nos condenamos a creer finalmente que no hay solución, porque simplemente todo está mal. Aquí y Allá.
 
Sin embargo no es así. Porque deben servir los ejemplos, hay que decir que los que persiguen sobreponerse al fracaso ven a este como un principio. Aunque el miedo a fallar siga intacto. La historia es el mejor argumento que demuestra que muchas hazañas han sido precedidas de grandes fracasos. Para el mundo economicista, una buena actitud hacia el fracaso, puede ser justamente el puntapié del éxito. Es la naturaleza del sistema valorar errores y fracasos. Porque las cosas no siempre salen bien a la primera.
 
Parece filosofía, pero esta perspectiva mental argentina, puede ser parte de este condicionamiento que nos aferra a que la decadencia estructural sea hoy el signo que mejor nos caracteriza. Y es cierto, varios lectores pronto dirán que el mundo no es mucho mejor. Utilizarán para eso este argumento de globalizar el fracaso.
 
No hay discusión, hay situaciones mejores. No por nada solapadamente, en voz baja, los argentinos envidiamos hoy coherencias como la chilena, la brasileña, la uruguaya. La desdicha de un horizonte próximo mejor, esa sensación de que nos va a ir peor, vuelve a poner las expectativas de aventureros afortunados en horizontes y destinos de patrias ajenas.
 
Al menos es hora de tener humildad para comenzar a imitar. Al Neuharth, fundador del prestigioso periódico USA Today, sostuvo alguna vez que “Entre más grande tu fracaso, mayor la posibilidad de éxito en el futuro”. Ya no sirve tan sólo hablar mal de los Kirchner, de los goles secuestrado, del falso INDEC, de la desfachatez del poder, de tanto hartazgo. Deberíamos empezar a hablar y ocuparnos de nosotros, imitando a los otros. A los que les va mejor. Humildad para salir de tanta mediocridad, tanta asquerosidad.
 
Por lo pronto este redactor no vislumbra si seremos capaces pronto de haber aprendido del fracaso, de lucir nuestro errores como verdaderos signos de experiencia y madurez, para forjar ese país  que con orgullo nos permita volver a decir “somos argentinos”.


 © www.perspectivaspoliticas.info
hinchas4

Posted in Juan Francisco Dillon, Los Columnistas Invitados | No Comments »

ENFOQUES AGRARIOS

Sábado, Agosto 8th, 2009

Por Marcelo Ramón Lascano

Poco antes, durante y sobre todo después de los debates, recriminaciones y un sinfín de intervenciones de diferente laya, el tema agrario o agropecuario, si se prefiere, ha dominado la escena intelectual en la Argentina.

Si no fuera por las irrelevancias y extemporaneidades de muchos enfoques, no valdría la pena volver sobre una cuestión que debería estar virtualmente definida o, en todo caso, circunscripta, al menos por ahora, al tema derechos de exportación o retenciones para concentrarnos en otras cosas tanto o más importantes en las coyunturas interna e internacional actuales.

No es que subestime el debate, sobre todo en el plano académico y aún periodístico, pero resulta que privilegiarlo en un escenario tan dinámico y cargado de tantas cuestiones pendientes y urgentes, parece un contrasentido, sobre todo si se aprovecha el conflicto para exhumar el pasado y centrar las frustraciones argentinas en el desempeño de la oligarquía, básicamente rural  y sus adyacencias comerciales y financieras, como si las oportunidades perdidas durante las últimas décadas fueran ajenas a las gestiones partidarias y militares, del sindicalismo, de un proceso industrial que apenas encontró adecuadas respuestas en pocos casos y de manejos financieros enraizados en la decadencia argentina.

El finado Díaz Alejandro nos dejó un legado que  frecuentemente se olvida. Recomendó no confundir economía con contabilidad. La primera se ocupa dinámicamente del quehacer personal, empresario y social relacionado con la vida y con la asignación de recursos escasos de uso alternativo (Robbins).

La segunda es una disciplina de registro, la fotografía que no llega a ser una película. Registra momentos sin emitir juicios. La interpretación correcta de los contenidos estadísticos requiere preparación técnica auxiliada por el conocimiento científico. La historia, por su parte, ofrece el escenario que sustenta una explicación aceptable según las circunstancias que los números solos no siempre pueden describir, máxime en series largas de tiempo (correlaciones, regresiones, etc.).

Por todo ello Shumpeter enseñó que no se podía hablar de economía sin teoría, historia y estadística.

El conflicto entre el agro y el gobierno, que debería denominarse entre la agro industria y el poder, porque el gobierno no está solo en el enfrentamiento, reaviva viejos recelos y acusaciones cuya peor consecuencia es profundizar las diferencias en la sociedad y la discordia que es la peor enemiga del orden social.

Lo más dramático desde el punto de vista de la indispensable unidad nacional, es que apelándose a argumentos decimonónicos, desactualizados, se incentiva el odio y la beligerancia interna en momentos de reacomodamientos en el mundo y de redistribución del poder mundial donde lamentablemente estamos ausentes. Sólo un autismo diversificado puede explicarlo.

El agro reniega de los derechos de exportación porque los considera una carga arbitraria y en algunos momentos ilegítima porque no contemplan costos y rentabilidades según rindes y distancias hacia los puntos de concentración.

Esto fue así y se corrigió. Los representantes del sector niegan inclusive la legitimidad de las retenciones y frente a precios declinantes se agravian, denunciando que otros como acopiadores, exportadores, etc. no experimentan los mismos quebrantos, con independencia de que su solvencia financiera los exime de las penurias que afligen a los productores.

Más allá de la legalidad de los derechos, parece razonable que como en el caso de la soja, la contribución pueda justificarse también en el trigo y en el maíz si los precios se recuperaran. Lo que hay que subrayar es que si el Impuesto a las Ganancias cumpliera su cometido, las retenciones no tendrían razón de ser. Otro tema pendiente que los parlanchines de ambas margenes omiten a pesar de su trascendencia fiscal.

Si habláramos de agro industria los enfoques serían diferentes. Alberto Fernández sostuvo que “El campo es parte importante de la economía, pero no es el motor único o primordial…”

Se equivoca, me parece que es primordial sobre todo si se lo asocia con sus eslabonamientos hacia delante y hacia atrás. Unos pocos números lo confirmarían. Obsérvense algunos indicadores conjuntos porque agro e industria parecen vivir en simbiosis, es decir donde un sector no funciona sin el otro, al menos para alcanzar resultados que sorprenden en todos lados menos entre nosotros.

La cadena agro industrial configura un entramado que reúne 41 actividades productivas, genera casi el 19% del PBI y el 36% del empleo total incluidos eslabonamientos en ambas direcciones.

Considerando interdependencias, aporta al Tesoro ingresos fiscales equivalentes al 12% del PBI ó 40% de la recaudación total.
En el sector externo, su desempeño ha sido

altamente auspicioso. La cadena agro industrial representa el 56% de las exportaciones globales del país y desde el punto de vista de su valor agregado exporta el 33% de su producción. La contribución neta al balance cambiario alcanza a 20.000 millones de dólares.

Si se compara con la industria donde el déficit asciende a 26.000 millones, las diferencias son objetivamente destacables. 

Dejando de la lado la verdadera revolución tecnológica que registró el sector primario que, huelga decir, asombró al mundo, la misma como resultado desparramó sus efectos al mismo sector industrial, cuyo dinamismo es inseparable no sólo de la siembra directa y de la agricultura de precisión, sino también de monitores de rendimiento, almacenajes móviles, de tolvas auto descargables, nuevas tecnologías de productos y de procesos, sin olvidar mejoramientos en semillas, manejo de la humedad de los suelos y rotaciones de cultivos con propósitos conservacionistas.

Toda esta actividad se tradujo en significativos aumentos de la población rural, demanda de empleos calificados, modernización urbana y una adecuada distribución geográfica de la actividad regional con fuertes polos industriales especializados como Santa Fe 47%, Córdoba 28% y Buenos Aires 18% según valor agregado en origen (Bragachini).

La fábricas de maquinaria agrícola generan 40.000 puestos de trabajo directos y un centenar de ellas exportan a más de veinte países una considerable cantidad implementos cuya importancia económica y social no debería ignorarse.

Los terratenientes ya parecen categorías históricas, al menos en la versión demonizada. Según la Superintendencia de Seguros de la Nación el 74% de las explotaciones agrícolas tiene menos de 100 hectáreas, hecho que bien puede contribuir a explicar la difusión de los pools de siembra, habida cuenta que las unidades pequeñas no tendrían porvenir sin explotar adecuadas escalas de producción, al margen de eventuales rentistas.
Esta es la realidad.

Ahora bien, de ella no se debería despenderse que los merecimientos de la agro-industria deban disfrazarse de abusos o de frutos de super rentas no ganadas, como se dice en materia fiscal, porque ello sería faltar a la verdad. El sector sin ruido ni ostentación ha ganado reputación internacional.

En poco tiempo llegó a casi 100 millones de toneladas, básicamente de granos y podría ir por más si un adecuado entendimiento con el mundo oficial y con las usinas ideológicas equilibraran las posiciones. Confiscar la renta que se considere “excedente”, tema que no es sencillo ni novedoso, podría resultar contraproducente y abortaría las posibilidades de ampliar la curva de posibilidades de producción donde se ha demostrado que el Fisco y el Banco Central han sido accionistas privilegiados.

Lo extraño es que el mismo encono no se extienda a sectores que desde siempre sobreviven de subsidios no siempre transparentes  que se restan a otros fines quizá más importantes.

Nota publicada en BAE 

900120campo20lavalle1

 

    

Posted in Los Columnistas Invitados, Marcelo Lascano | No Comments »

LA CRISIS INTERNACIONAL

Martes, Julio 21st, 2009

Por Ricardo López Murphy

Exclusivo para Perspectivas Politicas.Info

Los Hechos

Después de muchas décadas, prácticamente siete, desde la segunda guerra mundial vivimos una crisis de magnitud extraordinaria, en términos de duración, alcance internacional y profundidad.
 
Concurre a ella, como razón de causalidad, el exceso de optimismo sobre el potencial de crecimiento. Sin duda ello fue afectado por el desempeño estelar del período 2002-2007, y la exitosa integración económica mundial.
 
Ello permitió una vinculación nunca vista en comercio de bienes, servicios, inversión extranjera directa y transmisión de conocimientos, con el subsecuente salto de productividad y nivel de vida a él asociados.
 
Nunca se creció tanto, y para hacer más atractivo el resultado, los países pobres lideraron tal desempeño.
 
En los 30 años previos al 2008 el PBI se multiplicó a escala global por 5.5 veces y el comercio por 10 veces. La apertura a nuevas formas organizativas, la conversión al capitalismo abierto y la integración al mundo de China, y en términos bien generales del Este y Sur Asiático y del Este de Europa, creó una expectativa desmesurada sobre el crecimiento esperado, que en general, fue compartida por el consenso profesional y poco cuestionada en su sostenibilidad.
 
En especial el efecto expansivo automático que de tal situación se derivaba, por el creciente peso, en la ponderación, de los que más se desarrollaban.
 
Convergieron a este círculo virtuoso esperado, también, los descubrimientos tecnológicos aplicables a la producción, desde telecomunicaciones a informática hasta biogenética. El mundo se hacía plano y vecinal, colapsaban las distancias y había que invertir en ese proceso y en la reasignación de recursos que implicaba.
 
La combinación de un mundo crecientemente integrado, con procedimientos nuevos y rendimientos no decrecientes, por las características de redes de las nuevas tecnologías, actuaban como telón de fondo.
 
Más aún, importantes teóricos económicos argüían que había economías de escala en el crecimiento económico y en los descubrimientos, y que el proceso dinámicamente se aceleraba.
 
Incluso se llegó a esgrimir que el proceso de crecimiento se agudizaba por la tendencia en aumento de la propensión al ahorro, de los nuevos participantes en la economía global. Dicho en otros términos, los ahorros no sólo crecían más rápido, sino que los que más crecían ahorraban más y cada vez más, producto de su propio crecimiento, y a su vez pesaban más en su ponderación, en el contexto internacional.
 
Ello financiaba la inversión y el consumo de los deudores a tasas de interés muy bajas, y se facilitaba la mayor relación capital-trabajo, de un mundo tecnológicamente más moderno.
 
Esto a su vez, se veía potenciado por el aprendizaje de reglas de política económica y marcos institucionales, en países emergentes en el sentido de hacer ahorros en las circunstancias de abundancia relativa, cuando las experiencias del pasado, habían gastado sus ingresos excepcionales, del auge de los precios básicos de sus exportaciones y aún peor, se habían endeudado.
 
Ese contexto tan favorable creó las condiciones sociológicas, psicológicas y financieras de la crisis. El exceso de optimismo no era arbitrario, tenía fundamentos, y si bien su magnitud y dinámica era opinable, no lo era su dirección y efecto final.
 
Por otro lado, ese exceso de expectativas se canalizaban básicamente en inversiones y flujos de capital hacia USA y a países de muy rápido crecimiento en Europa Oriental.

La expectativa implícita era, que esos recursos,  procesados en mercados de capitales maduros, podían dispersar el riesgo y evitar los fenómenos de contagio, sobre todo si se trataba de ajustes reales y se evitaban los trastornos gigantescos, de una crisis generalizada.
 
En gran medida  ahí estuvo y está  el principal problema.

El entusiasmo y la confianza en el crecimiento estable, de baja volatibilidad surgido de las series estadísticas, que a su vez, como explicaban los analistas de este proceso, se acentuaba con el paso del tiempo y con el mayor ingreso per cápita.
 
Los registros truncados desde la segunda guerra, evitando la información de la gran depresión como una anomalía, llevaban a confiar y a confirmar en que el fenómeno  de deterioro de los valores de los activos y de los flujos de ingresos, no iban a ocurrir simultáneamente y en una dimensión desestabilizante, tal como fuera el caso de la gran depresión de los treinta. Exceptuada la ocurrencia de la depresión, ese análisis tenía robustez.
 
En el fondo del razonamiento estaba la idea que esas enormes valorizaciones expresaban esa mayor potencialidad de crecimiento y esa bajísima tasa de descuento, que se suponían perdurables, en ambos atributos.
 
Si había una corrección, al igual que en las series de los últimos 65 años, iba a ser suave y los amortiguadores del sistema económico, de modo automático la compensarían, por lo que los desvíos que ocurrirían, no pondrían en riesgo como en un terremoto la estructura global, y los seguros cruzados existentes.

El problema que consumía la reflexión y el debate era el riesgo de inflación y no una violenta deflación internacional. El exceso de crecimiento y demanda, no una retracción generalizada.
 
Más aún, se pensaba  en el consenso profesional que si ello no alcanzaba, si los distintos mecanismos automáticos fallaban había un margen para  una reacción coordinada de las autoridades económicas del mundo, que aplicando políticas compensatorias, en lo monetario y fiscal, podían revertir el problema.
 
En los hechos, las tasas reales de interés habían sido extraordinariamente bajas y los riesgos a ellas asociados, dado potenciales errores, serían menores.
 
Quizá el indicador más llamativo de este estado de opinión pública informada, fue la idea de reducir sustancialmente el staff  del FMI, porque no eran esperables crisis como las ocurridas en las décadas previas.
 
No había espacio en ese marco de ideas para la ayuda oficial, implícita en el orden de impronta keynesiana de Bretton Woods, ni necesidad de mecanismos de prevención, porque ella no iba a ser necesaria. Tan favorable lucía el mundo, en los años de expansión.

Los Problemas

 
Tres problemas importantes de funcionamiento se omitían y no fueron puntualizados por nadie hasta donde llega mi conocimiento, y ellos han estado en el corazón de la crisis.
 
1. En primer término, la idea subyacente en los mercados financieros que las instituciones muy grandes no pueden quebrar. Si ese concepto se acepta, y hay razones, sobre todos después de la caída de Lehman Brothers  para defenderlo, la regulación sobre administración de riesgo, relación capital-préstamos y efectos derivados, requiere un nivel regulatorio diferente al aplicado y sobre el cual reposaba la estructura institucional financiera. No sólo en las dimensiones formativas y legales, sino en su aplicación práctica.
 
2. En segundo término el fracaso del desempeño y funcionamiento estatal, en la calidad regulatoria fue excepcional, en particular en términos de las estafas, shadow banking y permisividad en la  concatenación de riesgos, en las compañías de seguros. No son asegurables fenómenos sistémicos.
 
3. En tercer término, los problemas de regulación de grandes corporaciones y el monitoreo por sus directorios y accionistas dejó a la vista un muy mal monitoreo, y un bajo desempeño de estos cuerpos.

La clave de la crisis es que estuvo en las principales instituciones del sistema que absorbieron y se quedaron con los malos créditos.
 
Volviendo a la evolución de la crisis, desgraciadamente este escenario tan favorable, con mucho de  panglossiano, no se verificaría y sufriríamos, en magnitudes extraordinarias las crisis y los ciclos de violentas contracciones a escala global, en gran medida, porque los problemas potenciales se había subestimado.

En primer término se podría señalar una incorrecta percepción de la magnitud y sostenibilidad del ciclo favorable.
 
Las expectativas de mejora y su impacto sobre el valor de los activos habían llegado, ahora lo sabemos,  a niveles muy por encima de lo sostenible y habían servido en un ciclo largo, para ampliar el nivel de deuda pública y privada a niveles muy peligrosos. Este sobreendeudamiento dificultaría la propia estabilidad de los agentes económicos.
 
En segundo término, ahora lo sabemos, la recurrencia del crecimiento y la baja volatibilidad de 65 años, y la tendencia estabilizante, no aseguraban la ausencia de un evento catastrófico como en las cuestiones hídricas, esto es una crecida milenaria.
 
La extraordinaria base de endeudamiento, administrada por un sistema que se hallaba favorecido impositivamente por un tratamiento sesgado en cuanto a la existencia de una relación baja de patrimonio en activos, se volvería explosivo bajo un proceso que generaría castigos y pérdidas significativas.
 
En tercer lugar, las bases estadísticas y actuariales y los stress test llevados a cabo utilizaban ese período de referencia truncado y no contemplaban, porque no había sucedido antes, un fenómeno de covarianza muy extendido del precio de los activos.
 
Ese efecto contagio, de descubrimiento de debilidades sistémicas, iba ser muy decisivo y de una dimensión excepcional en términos históricos. Algo muy parecido había ocurrido con la crisis de Asia, en los países emergentes en la década del 90.
 
En cuarto lugar, el fracaso del Estado fue muy significativo. Los vicios, la falta de información y reporte de actividades no explicitadas, los fraudes, los riesgos actuariales no incorporados a la base del capital, la no apreciación de riesgos contingentes, el inadecuado previsionamiento, la incorrecta subestimación del riesgo moral.

La sobre exposición crediticia creaban un riesgo sistémico ponderable, que como se señaló no era asegurable y no debía incurrirse.
 
Porque esto no fue percibido, tanto por las autoridades regulatorias, los analistas, como por los directivos de las entidades que fueran llevadas a la quiebra, será uno de los misterios a develar de la crisis. 
 
Seguramente en gran medida la investigación académica abordará las próximas décadas esta temática. Las pérdidas han sido inmensas, para no ameritar un estudio severo y exigente, de las fallas para hacer cumplir la regulación vigente.
 
En quinto lugar, la reacción lenta de las autoridades monetarias a escala global. El signo deflacionario de la caída de los valores de los activos y de su impacto sobre consumo e inversión son obvios.

Sin embargo, durante casi un año se demoró la acción coordinada y efectiva frente a la deflación.
 
Se actuó en un contexto de derrumbe cuando las devaluaciones competitivas hacían visibles el sesgo recesivo de la política agregada.
 
El país con el mayor desequilibrio en cuenta corriente corregía el mismo, revaluando su moneda.
 
No es posible pensar por su tamaño relativo una política más recesiva.
 
El trabajo de corrección que no hacía el tipo de cambio lo debía hacer el receso o la deflación, que en todo caso, en un contexto de gran endeudamiento, agudizaba el receso.
 
En este proceso estamos y aún no se detiene. Ello fuerza a una continua caída del precio de las propiedades y de los otros activos.

Ello demanda más recursos de capitalización y mayor insolvencia ante la nominalidad de la deuda. Este cuadro vicioso sólo se corta cuando se reconoce su carácter explosivo y la necesidad de detenerlo.
 
El costo en deuda pública, desempleo y desesperación y estupor de los agentes económicos es muy grande para no revertirlo. Ello requiere una acción coordinada global y la estabilización del nivel general de precios.
 
La deflación forzada estuvo detrás de la crisis de los 30. Ello es más agudo hoy por la forma  en que se financian las instituciones crediticias.

El Futuro

 
La velocidad de la recuperación depende de la percepción de este estado de cosas y de la voluntad de reformar una arquitectura financiera con tantos puntos frágiles.
 
El temor a un desborde inflacionario puede llevar a acciones muy tímidas en esta línea, que dan lugar a una caída de shock de la actividad económica, como si el financiamiento se detuviera de golpe.
 
En general, por formación  los economistas trabajamos en el equilibrio marshalliano y estos movimientos tectónicos, no se prestan a nuestro paradigma tradicional, ello explica también la lentitud de las acciones estatales.
 
Ojala se entienda la magnitud de la crisis y las políticas necesarias para revertirla.

© www.perspectivaspoliticas.info


0240501

Posted in Los Columnistas Invitados, Ricardo López Murphy | No Comments »

LA CRISIS ECONÓMICA DE ESPAÑA

Sábado, Julio 11th, 2009

Por George Chaya

Exclusivo para Perspectivas Políticas.Info

En su interpretación socialista, el gobierno de Rodriguez Zapatero cree, al igual que los gobiernos populistas latinoamericanos, que se puede y se debe gobernar por decreto y así vencer la crisis que ellos mismos han generado.

A diferencia de otras administraciones progresistas de la izquierda europea, en el caso español, el gobierno socialista decidió eliminar expeditamente los ocho años de austeridad presupuestaria que le precedieron.

Intervino las instituciones del Estado con posiciones partidistas, despreció las reformas económicas y se encargó de romper en pedazos los proyectos de unidad y cohesión nacional. Para no hablar de los errores groseros en política exterior que aislaron a España de los países serios en la comunidad internacional.

Lo cierto es que cuando se asume el poder con un único objetivo presentado como proyecto político superador y este se reduce a poner en practica medidas populistas de gobierno que se agotan en confrontar y dejar sin efecto todo lo bueno de la anterior administración, el destino se traduce en la crisis actual que afecta a España hoy en día.

Para el ideario socialista español gobernar es muy fácil: lo hacen por decreto, y se muestran así, sensibles a las necesidades de la gente. No es que esté mal reparar en la gente, el problema es que lo hacen sin responsabilidad futura por lo que sus acciones generen.

Así, desarrollan su marketing y se felicitan por ser mejores que los anteriores gobiernos ‘que no es que eran responsables’, sino que desde el prisma socialista desarrollaron políticas antipopulares.

El ideario socialista sostiene que las políticas poco sensibles por llamarlas de alguna manera, del PP rebajaron los salarios de los trabajadores menos calificados. Esto, en su acotado pensamiento, es una herejía, de modo que lo arreglan de un plumazo.

Es decir, suben lo que haga falta los salarios y las pensiones, pero claro, sin reparar en las consecuencias inflacionarias que ello acarrea más tarde o más temprano.

Hoy, la administración de Zapatero esta tratando de reaccionar como aquel boxeador que se mantiene en pie pero esta ‘nocaut’, y aunque no se debe esperar que reconozca sus groseros manejos económicos se encuentra de cara a la realidad que él mismo ha propiciado.

El problema no es el Primer Ministro en si mismo. El verdadero problema, lo realmente grave, es que la ciudadanía española toda deberá pagar la cuenta y los platos rotos de las políticas de despilfarro.

Millones de ciudadanos españoles están tomando conciencia que han sido engañados por una administración irresponsable que se hartó de hablar y declamar por los derechos, mientras miles de personas hoy se ven privados de su elemental derecho al trabajo.

© www.perspectivaspoliticas.info

El profesor George Chaya, es escritor, docente y analista político internacional y asesor en la Fundación Safe Democracy de Madrid. 

  zapatero150309

Posted in George Chaya, Los Columnistas Invitados | No Comments »

CÓMO GOBERNAR CON MINORÍA

Domingo, Junio 28th, 2009

Por James Neilson

Mal que nos pese, la Argentina sigue siendo un país irremediablemente presidencialista, es decir caudillista, en que casi todo depende de la evolución del prestigio del ocupante de la Casa Rosada o, en el caso particular de Cristina, de quien es su marido y sostén principal.

Si por algún motivo se diluye la autoridad del líder máximo, el sistema político en su conjunto comienza a crujir y, una vez más, el país tiene que prepararse para enfrentar una crisis política que persistirá hasta que surja un nuevo caudillo capaz de restaurar la ilusión de orden.

Es lo que está sucediendo ahora: al adelantar las elecciones legislativas y transformarlas en un plebiscito sobre ellos mismos, los Kirchner firmaron el acta de defunción de lo que llaman su “proyecto”, o sea, de su propio poder.

Pues bien: el tan temido “Día después” está por llegar.

A partir de la tarde del domingo 28, nada será igual ni para ellos ni para el país.Por un rato, las vicisitudes de la campaña electoral acapararon la atención de la minoría que se interesa por los asuntos políticos, pero quienes la conforman ya entienden que a menos que no tengan nada que ver con lo previsto por los encuestadores, los resultados importarán poco.

Cuando tratan de ver más allá de las urnas, lo único que encuentran es un horizonte cubierto de nubarrones.

¿Qué hay detrás? Nadie sabe a ciencia cierta, pero se habla del regreso de la liga de gobernadores que procuró apuntalar los gobiernos-puente que se improvisaron luego del fracaso de la Alianza, y del eventual fortalecimiento de la vertiente conservadora del peronismo encabezado por Carlos Reutemann o, en el caso de que al santafesino se le agote el combustible, el peronista honorario Mauricio Macri.

También los hay que están pensando en los hipotéticos méritos de Eduardo Duhalde como piloto de tormentas.

En cambio, con la presunta excepción de Francisco de Narváez mismo, ningún político significante lo ve liderando el peronismo deskirchnerizado: aun cuando consiga aventajar a Néstor Kirchner, lo haría merced a los votos prestados involuntariamente por quienes en otras circunstancias apoyarían a los candidatos del Acuerdo Cívico y Social.

El hiperpresidencialismo es así. Por algunos años, sobre todo si el mundo se comporta como es debido, parece funcionar bien y se difunde la sensación de que por fin la Argentina está dirigiéndose hacia un destino digno de las esperanzas de quienes lo habitan, pero entonces el carisma o lo que sea que se atribuye al jefe lo abandona y, por enésima vez, la clase política se pone a barajar y dar de nuevo, tarea esta que puede mantener ocupados varios años a sus integrantes.

Aunque muchos son plenamente conscientes de las deficiencias del esquema primitivo que rige en el país, todos los esfuerzos por reducir la brecha que separa el orden teórico provisto por la Constitución del que efectivamente existe han resultado vanos.

Es lógico: a ningún caudillo pasajeramente popular se le ocurriría dejarse privar del poder discrecional que tanto le gusta, pero cuando se da cuenta de que a él también le convendrían instituciones más robustas ya es demasiado tarde para que ayude a fortalecerlas. Puesto que el jefe siempre retiene el poder suficiente como para frustrar a los deseosos de quitarle facultades, las reformas institucionales que se plantean nunca prosperan.

Aun cuando sus artífices logren insertarlas en la Constitución, el presidente “fuerte” siguiente se las arreglará para desvirtuarlas.La Argentina, pues, está por ingresar en una etapa que podría resultar ser sumamente tumultuosa.

Incluso si Néstor Kirchner gana por un margen escandaloso, su duelo personal con Francisco de Narváez -y para muchos las elecciones legislativas se han reducido a un mano a mano entre los dos multimillonarios peronistas-, el matrimonio quedará sin la mayoría automática en Diputados y el quórum propio en el Senado que le ha permitido manejar el país como si formara parte de su propio patrimonio, repartiendo premios y castigos según criterios netamente personales.

Si bien los legisladores actuales conservarán sus escaños hasta diciembre, por lo menos algunos oficialistas migrarán a otras bancadas, ya que no tendrán por qué continuar proclamándose leales a un jefe cuya estrella está apagándose con rapidez.Si la Argentina fuera una democracia “normal”, perder el control del Congreso sería un trance difícil para el Gobierno, pero sabría que así y todo le sería necesario adaptarse a la nueva situación.

Al fin y al cabo, en el país que le sirve de modelo político, Estados Unidos, es virtualmente rutinario que el presidente sea de un partido y la mayoría legislativa de otro: tanto Bill Clinton como George W. Bush tuvieron que dormir con el enemigo durante largos años; es factible que tarde o temprano, Barack Obama se vea constreñido a resignarse a la misma experiencia frustrante.En este ámbito como en muchos otros, la Argentina es diferente. También, por su formación en una provincia tan caudillista como las del noroeste y por sus cualidades personales, lo son los Kirchner.

Autoritarios congénitos, no les hará ninguna gracia tener que negociar incesantemente con peronistas disidentes, macristas, radicales, progres o izquierdistas para poder gobernar con un mínimo de eficacia.

No están acostumbrados a hacerlo y hasta ahora no han manifestado señales de estar interesados en aprender, de suerte que es posible que ni siquiera lo intenten: la idea de una renuncia exasperada por parte de los dos sigue sobrevolando sobre el escenario político nacional.

Pero no sólo se trata de la hipotética negativa de la pareja presidencial a dialogar más o menos amablemente con quienes no comparten sus prejuicios y que de todos modos se resistirían a obedecerles sin chistar.

¿Estarán dispuestas las distintas facciones opositoras a colaborar “constructivamente” con un Poder Ejecutivo que a juicio de sus muchos críticos es corrupto, mendaz y responsable de haber dejado pasar una oportunidad acaso irrepetible para ubicar el país en un camino que lo llevaría por fin al desarrollo sustentable?

Es poco probable. Por lo demás, habrá una plétora de presuntos presidenciables que estarán más interesados en aprovechar los problemas del país para anotarse puntos que en contribuir a atenuarlos.

Los obsesionados por las luchas internas que mantienen efervescentes todas las facciones intercambiaron golpes mientras duró la campaña electoral, de esta manera suministrando un poco de oxígeno a los Kirchner.

Seguirán haciéndolo en los días confusos que se avecinan.Puede entenderse, pues, la ola de pesimismo que se ha levantado en vísperas de estas elecciones legislativas. Por algunos meses, la campaña, la que por deprimente que fuera tenía cierto atractivo deportivo, sirvió para distraer la atención de muchos del hecho de que el naufragio del kirchnerismo significaría el inicio de una fase que amenaza con ser tan complicada como las que siguieron al hundimiento del alfonsinismo y, una década más tarde, a aquel del menemismo.

No dijo nada nuevo el titular de la Unión Industrial Argentina, Héctor Méndez, al señalar que la Argentina está en medio de “una crisis política, más que económica”.

La verdad es que lo está desde hace más de ochenta años debido a la incapacidad colectiva para salir del nefasto laberinto caudillista en que, seducida por el voluntarismo, la clase política se internó en busca de atajos y de “soluciones” fáciles.

Los más beneficiados por la incertidumbre que con tanta frecuencia se abate sobre el país suelen ser los peronistas, los dueños exclusivos de “la gobernabilidad”, aunque sólo fuera por la capacidad reconocida de los muchachos para socavarla.

Ya antes de que la campaña electoral entrara en la recta final, los barones del conurbano y sus operadores barriales empezaron a adaptarse a las exigencias nada claras de la etapa postkirchnerista.

Por lo pronto, los escenarios que manejan son dos: que Cristina entienda que es de su interés aferrarse a las instituciones que supuestamente rigen y acepte cohabitar con un Congreso mucho menos dócil que el actual, lo que podría acarrear el alejamiento del marido que tanto ha hecho para arruinar su gestión; o que la Presidenta decida que no valdría la pena intentar colaborar con una manga de políticos que no están a su altura y, acompañada por Néstor, regrese a su reducto en El Calafate.

De los dos, el primer escenario parece más probable. Por razones que podrían calificarse de jurídicas, a los Kirchner les sería riesgoso perder los fueros que les supone un papel político formal.

También sabrán los santacruceños devenidos en bonaerenses circunstanciales que buena parte del país reaccionaría con furia frente a lo que tomaría por un intento alevoso de sembrar el caos.

De todos modos, las semanas y los meses que vienen no serán nada gratos para una pareja acostumbrada a ejercer una hegemonía de ribetes casi feudales.

Aunque Cristina continúe siendo presidenta hasta diciembre de 2011, ya es evidente que a los Kirchner les aguarde un destino similar a aquel de Carlos Menem en que incluso quienes los adularon con más unción cuando disfrutaban de popularidad les den la espalda, mientras que brigadas de abogados hagan cuanto puedan para asegurarles un futuro entre rejas.

(Publicado en la Revista Noticias)

Caida libre

Caida libre

Posted in James Neilson, Los Columnistas Invitados | 1 Comment »

Búsqueda


type and hit 'enter'
banner180
fiat
Delta Industrial
Estudio Cárrega
diariocero
Economia para Todos