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HOY EL TEMA EDUCATIVO ES UN CARAMELO DE SACARINA. NO ALIMENTA.

Lunes, Abril 13th, 2009

Por Marcos Aguinis

Para Perspectivas Políticas.Info


“Fuimos ricos, cultos, educados y decentes. En unas cuantas décadas nos convertimos en pobres, mal educados y corruptos. ¡Geniales! La indignación me tritura el cerebro, la ansiedad me arde en las entrañas y enrojece todo el sistema  nervioso…” 
Párrafo inicial de su último libro “¡Pobre Patria Mía!”

Tengo tanto para decir que no sé por dónde empezar. No quiero trasnformar este panfleto, que debe ser corto, en un libro largo. Comenzaré por un tema “cacareado pero marginal”, como dije muchas veces: la educación. Sin educación no hay buen futuro. Y parece que no nos interesa el futuro porque la educación es un desastre.

Los historiadores revisionistas, superficiales o ideologizados inyectan ponzoña intravenosa al elogiar los caminos que nos trajeron a la actual ruina. No se acuerdan de que el titán de Sarmiento escribió su libro “La educación popular” cuando aún Rosas estaba en el poder y teniamos un ochenta por ciento de analfabetismo. Quería “formar al ciudadano”; un ciudadano libre, responsable y creativo. Alberdi, otro titán, vio más lejos: “Está bien formar al ciudadano, pero debemos formarlo para el mundo del trabajo, de la producción y de la empresa”. ¡Qué actualidad! Ambos eran genios y disfrutaban su discusión, porque se reconocían portadores del fuego que animó a Prometeo. Alberdi nos condujo hacia la constitución más progresista, liberal y eficiente de América Latina. Sarmiento puso en marcha una larga política de Estado que convirtió a la Argentina en el país másculto del subcontinente.

Ahora, largo esta pregunta, que para algunos resultará tilinga: ¿por qué las economías de algunos países crecen más rápido? Ya se sabe que la riqueza de las nacionesno consiste en la acumulación de oro y plata, como se creía en los tiempos de Cristóbal Colón. Tampoco se debe al cúmulo de recursos naturales que, si bien valen, no gravitan por sí mismos.

Nigeria y el Congo, por ejemplo, desbordan recursos naturales, pero sufren la humillación de una miseria sin fin. En cambio Japón e Israel carecen de recursos naturales y ascendieron a los másaltos niveles del progreso. Hasta una isla como Singapur es potencia.

Japón, Israel, Singapur y una extensa lista de países como Australia, Canadá, Irlanda, Nueva Zelanda, Estonia… (cierro el catálogo para no aburrirte) tampoco han crecido por haber desvalijado riquezas naturales de colonias que nunca tuvieron, como había sido el caso de Gran Bretaña, Francia, Bélgica. Su opulencia no es producto de la explotación ni de la plusvalía. ¿De dónde proviene, entonces?

Fácil.
Su riqueza proviene de su obsesiva apuesta a la educación y la investigación, de promover la ciencia y la tecnología. Sin estas herramientas, los más preciados recursos naturales valen menos que una artesanía defectuosa. Bolivia, pese a sus estatizaciones, discursos altisonantes de soberanía, justas reivindicaciones indigenistas, ha disminuido drásticamente su producción de gas como resultado de ponerla bajo el mando de políticos desinformados o ingenuos, en vez de técnicos provistos de entrenamiento.

En Argentina, el tema  educativo fue tratado como un diamante a partir de la segunda  mitad del siglo XIX. Ahora es un caramelo de sacarina: no alimenta. Los políticos marean hablando de buenas intenciones. Pero no ponen en marcha mecanismos vigorosos que garanticen  un crecimiento de la excelencia educativa. ¡Si ni siquiera se habla de la excelencia, si no de paso, para agregarle un brillito a la frase! Nunca se la trata con sinceridad, porque en el fondo se la considera una palabra políticamente incorrecta. La excelencia real está prohibida. Porque exige esfuerzo, competencia y premia el mérito, tres ítems que hemos aprendido a detestar. La excelencia es políticamente incorrecta porque quiere uniformar para arriba, no para abajo. Y subir exige esfuerzo, rigor, metodología. Ya olvidamos que el esfuerzo, el rigor y la metodología son virtudes que nos disgustan. No alcanzan en un país que se la pasa eligiendo dirigentes que prometen regalos, derechos sin obligaciones y facilismo para todo.

Al corrupto facilismo educativo no sólo adhieren muchos estudiantes (perdonables por su inmadurez), sino padres y docentes. ¡Los acuso de ser malos padres y malos docentes! Malditos sean. Por su culpa los buenos alumnos tienen bloqueada la excelencia y nuestra patria está condenada al atraso. Por su culpa sufrimos una irrefutable caída cuyos frutos amargos son la pobreza y la anomia.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico publicó evaluaciones que me hicieron tiritar. Se basan en los exámenes realizados durante el año 2006 a los alumnos de quince años de edad pertenecientes a 57 países. Los resultados fueron una catástrofe para la Argentina. Repito: una catástrofe. En las pruebas de lectura e interpretación de textos, nuestros mimados estudiantes se durmieron en el lejano puesto 53. Quedaron tendidos en el piso, agónicos. Cayeron por debajo de Chile, Uruguay, México, Brasil y Colombia. ¿Qué tal? Aun más grave es que el nivel resultó inferior  al obtenido en la prueba del año 2000. En otras palabras, los discursos cargados de ideología pseudo-progresista, las polémicas estériles de cuerpos docentes y agrupaciones sindicales, las huelgas, las reiteradas tomas de colegios, los cambios de leyes y la profusión de lamentos sólo sirvieron para estar peor.

Pese a estas evidencias, no disminuye la adhesión  al facilismo. Qué va. Se lo sigue considerando una conquista. ¿Vivimos en un manicomio? El facilismo es una adicción que ha pervertido a la mayor parte de nuestra sociedad, volviéndola indigna.

En síntesis, nuestro facilismo  ha logrado  que no existan exámenes de evaluación , como  en Chile, Brasil y los más ambiciosos países de Europa y Asia. A contramano del mundo, nuestra flamante  Ley de Educación establece el increible artículo 97, que reza: “La política de difusión de la información sobre los resultados de las evaluaciones resguardará la  identidad (…) de los institutos educativos, a fin de evitar cualquier forma de estigmatización”.

¡Fantástico! ¡Qué moralidad! ¡Qué modelo! No estigmatizar a los malos, aunque signifique el degüello de los buenos. Prodigioso. Nadie se pregunta algo tan simple como: si ocultamos lo que anda mal, ¿de qué manera lo vamos a corregir?

Las recientes reformas de estatutos efectuadas en las universidades de La Plata y Buenos Aires   no contribuyen a la excelencia. ¡Ni en sueños! Son un escándalo porque la ignoran. Ese escándalo no produjo cosquillas en la conciencia nacional, que hipócritamente dice – sólo dice – estar interesada por mejorar la educación. (…)

También se insiste en que la enseñanza universitaria debe ser gratuita. Error. Argucia vil. No es gratuita: ¡paga la sociedad! El estudiante aprovecha que otros pagan por él. Muy piola. Muchos universitarios que defienden la enseñanza “gratuita” hicieron su ciclo primario y secundario en instituciones donde pagaron cifras importantes. ¿Por qué no tienen que pagar en la universidad pública? ¿A esa gratuidad indiscriminada la llamamos justicia? ¿Qué no paguen los que pueden y no estudien los que de veras no pueden pagar? (…)

Causan tedio los discursos hipócritas sobre “inclusión social y equidad en la distribución del ingreso”, porque esos discursos esquivan señalar que ambos objetivos no serán alcanzados ni por asomo mientras el campo educativo sea un yermo erosionado por la demagogia, la carencia de visión , los intereses mezquinos y una inercia social cómplice. El verdadero crecimiento económico, en cambio, significa más inclusión y equidad. Mejores salarios son impensables con “gratuidad”, poca productividad  y tecnología atrasada. (…)

Hace años se propuso un examen para los que terminaran el secundario, y de esa forma poder evaluar quiénes estaban en condiciones de ingresar a la universidad. Iba a ser un estímulo para mejorar el decadente secundario, devolviéndole a las universidades la calidad de templos de sitios a los que se entraba con unción, debidamente capacitados para recibir sus beneficios. ¿Qué pasó con esa iniciativa? Nada. Ganó el facilismo. Muchos torcieron la boca para burlarse.¿Un examen al final del secundario? ¿Somos idiotas? ¿Poner en evidencia las fallas de los estudiantes? ¿Mostrar los defectos de nuestro sistema educativo? ¡Nunca! Qué todo siga igual. O peor, como está sucediendo.

Chile, en cambio, el vecino con quien compartimos la más larga frontera aplica estos exámenes desde la década del 60. La Prueba de Selección Universitaria (PSU) es utilizada por todas las universidades para escoger a sus postulantes. De esa forma vigoriza lo aprendido durante toda la educación  media. Además, el ingreso a las carreras lo define cada universidad mediante una comparación entre el puntaje que ofrece dicha Prueba y el promedio de las notas. Los resultados de la Prueba se hacen públicos para brindar una información fidedigna sobre la calidad de la enseñanza. Por eso la principal preocupación de los alumnos del último año en Chile es aprobar esa Prueba y no el viaje de egresados.
Aquií en cambio, somos piolas y preferimos decir: “¡Qué malignos son los chilenos con sus estudiantes!”

La tragedia se completa con el hecho de que la educación no es el tema de uno o varios ministerios ni de los “representantes del pueblo”, ni de los expertos en pedagogía, sino de sindicalistas y patotas  que brindan un patológico ejemplo que luego, con luz verde, bombos y consignas necias, adoptan los alumnos.  Entonces, “toman” colegios, exigen mejoras edilicias por las depredaciones que ellos mismos cometen y se arrogan el derecho a definir la currícula, designar autoridades y hasta autocalificarse.

Nota de la editora: Los comentarios que siguen a los aquí esgrimidos no tienen desperdicio, urge por sobre todas las cosas que los argentinos despertemos y tal vez, a través de esta lectura empecemos a obrar en consecuencia.


aguinis

Es una obligación moral como ciudadanos leerlo y releerlo también entre líneas… 

Posted in Los Columnistas Invitados, Marcos Aguinis | 4 Comments »

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