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Lunes, Junio 28th, 2010
Por Gabriela Pousa
“Terminen con la telenovela”- dice, paradójicamente desde afuera, la protagonista.
Y sí, hay vida más allá de los avatares del Mundial aunque estamos en los cuartos de final. Por esa razón los medios le han dado un breve espacio – es cierto que no es necesario extenderse demasiado - al viaje de Cristina Kirchner a Canadá. Una Cumbre más y van… Lo interesante es contemplar qué lectura puede hacerse que difiera de las anteriores epopeyas kirchneristas a los diversos puntos del planeta.
Que el acompañante sea Héctor Timerman y no Jorge Taiana no hace a la sustancia. Lo importante es observar lo inútil de la presencia de la jefe de Estado en todas las reuniones de líderes internacionales. No porque las mismas no puedan arrojar resultados oportunos para el desarrollo de las naciones sino por el papel que ha elegido jugar la Presidente, y que se torna evidente en sus alocuciones. Pretende insertarse en el mundo frenando importaciones y denostándolo.
La mandataria no asiste para intercambiar nada, menos todavía para aprender de experiencias foráneas. Todo lo contrario. Va contra la corriente. Asiste a dar cátedra. Oscar Wilde advertía ya sobre aquellos que son incapaces de aprender y se ponen a enseñar. Hoy esa sentencia cae a pie juntillas para ilustrar el escenario que toca evaluar.
En primer lugar, este viaje junto a la euforia del Mundial cooperan a quitar de la memoria colectiva lo sucedido exactamente un año atrás… ¿El 28 de Junio del 2009 no ha pasado nada acá?
Y vuelve a poner sobre el tapete aquel viejo interrogante: ¿Julio Cobos ha dejado de ser destituyente o nunca lo ha sido, y esa sentencia presidencial fue sólo un pretexto para no asistir a la reunión con el premier chino porque urgía hacerse de las reservas del Banco Central?
Las prioridades del gobierno dejan mucho que desear, máxime si tenemos en cuenta qué consume China, su densidad poblacional, y qué se produce bajo el nombre de “reina madre” en la Argentina. Pero la perdida de oportunidades, a esta altura, es una constante.
Lo ciero es que la Presidente volvió a caer en aquello que Sartre denominaba “déconnade”: el cachondeo total. Utilizó artillería harto conocida como ser la benevolencia del Estado interventor, la crítica al “neoliberalismo”, a los organismos crediticios, etc. Pero no pudo escapar a una de las características intrínsecas del oficialismo: la contradicción permanente. Así, criticó y rechazó lo que ella misma apoyó, y ejecuta hoy al no combatir la inflación, es decir, el ajuste.
Los autodenominados progresistas suelen caer en la anatema de echar culpas afuera, no ver la paja en el ojo propio, y exigen cambios que ellos no realizan.
Se protesta en definitiva contra entelequias y siglas, eso explica que no haya faltado la crítica al FMI, a las calificadoras de riesgo, a los paraísos fiscales, y a los capitales especulativos. La identificación del culpable es neutra, no se lo puede nombrar, y por ende es casi imposible alejarse del mal.
Todo discurso se agota en el descrédito y el enfrentamiento estéril, no propone salidas, soluciones ni alternativas. Pareciera que el modelo kirchnerista consiste en oponerse al hemisferio norte y erigirse autoridad. La critica y la culpa ajena es una reacción casi refleja. Obsérvese que si acaso hay una diplomacia paralela es porque el Embajador que debía entablar los vínculos entre las partes no ha cumplido con su tarea. Nadie esgrime que de ser cierta esa premisa, la responsable primera es quién lo nombró para que ocupara ese rol.
Si en su momento Aníbal Ibarra fue acusado por la tragedia de Cromagnon ha sido porque la responsabilidad política tiene existencia fáctica, empírica. Qué ahora, Eduardo Saodus sea acusado de no cumplir con sus obligaciones al frente de la embajada en Venezuela, no exculpa ni redime la creación de una entidad clandestina habilitada para llevar a cabo esa y otras tareas. Del mismo modo como el fallo de la Corte de la Haya o las reuniones con Pepe Mujica, no exculpan a las autoridades argentinas de mantener y promover el corte de rutas, incumpliendo durante tres años con el artículo de la Constitución que garantiza la libre circulación.
Cuando no se soporta el pensamiento diferente, ni se admite el propio error, la oratoria contestataria, el dar cátedra y exponerse como ejemplo acarrea el “esnobismo de la indocilidad” como si éste conciliara gloria y sosiego. Así lo cree la Presidente como exponente de una casta de insurgentes que bajo la “estética de la sedición”, se expresan en nombre de los pobres y de los excluídos. El padecer una determinada enfermedad, para ellos, confiere el status de médico. Muchos de los mandatarios latinoamericanos confluyen en este comportamiento.
¿Cuál es el peligro? Como expone la ciencia política hay cuatro destinos para estos “rebeldes”: 1) terminar como dictadores o narcotraficantes 2) dejar de presentarse como perseguidos para actuar como déspotas, 3) morir con las botas puestas como mártires o 4) transformarse en comediantes de la indignación al frente de minorías que ejerzan presión.
Algunos de estos finales parece ser un traje a medida para la dirigencia argentina. Mientras tanto, se sucederán las cumbres, se pronunciarán idénticos monólogos, se despotricará hacia afuera para evitar cualquier condena, y se regresará con mirada altiba por un éxito que sólo miden por el silencio de aquellos que, por educación, escuchan y no critican.
Lo cierto es que tras estos encuentros nunca han llegado a la Argentina inversiones de envergadura, ni se ha solucionado ninguno de los problemas que aquejan al común de la ciudadanía.
Siguen matando gente a diario, la Justicia es una risa, no hay insumos en los nosocomios, la desnutrición infantil se cobra nuevas víctimas, la educación acepta rebeliones de alumnos que, en nombre de viejas felonías agreden y toman escuelas, y se terminan de abolir las jerarquías en lo que parece un plan sistemático de igualar hacia abajo.
El final no guarda sorpresa. Está cantado, y no por grupos destituyentes ni nada parecido sino por la doctrina misma de la política que ha demostrado de qué manera ciertas conductas no pueden escapar a sus consecuencias (aún cuando gane la Argentina). Basta recordar cómo un año atrás las urnas daban inexpugnable evidencia aunque el pueblo, todavía, espera…

Yo se los avisé…
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Domingo, Junio 20th, 2010
Por Gabriela Pousa
“Sufro: indudablemente alguien tiene que ser el causante. Así razonan las ovejas enfermizas” F. Nietzsche (‘Genealogía de la Moral’, tercera disertación)
A rendirse ante las evidencias: quienes creían que el Mundial de fútbol podía tapar los baches de la política, o mejor dicho de la falta de políticas, los acontecimientos que se viven en estos días, demuestran que tapar el sol con la mano es siempre una utopía.
Las internas en el seno mismo del kirchnerismo no cesan, la renuncia de Jorge Taiana es apenas un dato más que no debería generar tanta sorpresa. Hay mucho de hipocresía en ese asombro repentino que demuestran dirigentes opositores, y hasta funcionarios allegados al Ejecutivo. Los Kirchner proclaman aquello que, en apariencia, desdeñan y en ese contexto la “obediencia debida” es la infranqueable ley que prima.
Un traspié del ahora ex canciller no implica un “arrepentimiento” a cinco años de hacer o deshacer aquello que le fue ordenado desde “arriba”. Es fácil abandonar el barco cuando no se puede ocultar más el naufragio. Triste sería, de ahora en más, ver a Taiana convertido en “autoridad” para dar cátedra sobre aquello que ha hecho y hace mal el oficialismo. Pero lo más probable, analizando el modo como operan ciertos medios, es que el ex ministro de relaciones exteriores entre en el equipo de los nuevos comentaristas que hacen leña del árbol que va cayendo.
A esta altura de las circunstancias estos movimientos en el libro de pases deberían causar gracia más que falsas expectativas. Pretender cambios en una política exterior que nunca existió es de una ingenuidad supina. Descubrir ahora que las relaciones internacionales se limitan a negociados poco claros con interferencia del Ministerio de Planificación, y que la diplomacia le dejó su espacio al desplante y a la grosería habla de una ceguera peligrosa o más bien de una conducta en exceso cínica.
Por todo lo dicho, la renuncia se agota en estas líneas. No merece demasiado análisis teniendo en cuenta el cuándo se produce la sangría. ¿Cómo es posible que haya quienes, ajenos al entorno oficial, advirtiéramos desde el primer día el afán hegemónico que perseguía el matrimonio presidencial, y aquellos de la partida desconocieran la metodología?
Si hay algo que no tiene cabida en política es la inocencia y la ingenuidad aunque a veces haya actores con cierta pericia para fingirlas.
Mientras estos movimientos se suceden, se libera finalmente (por unos días) el corte del puente que une a Uruguay con la Argentina. ¿Se apeló al artículo preclaro de la Constitución que garantiza la libre circulación? No, se apeló como es el modus operandi de la actual administración, a la extorsión. Esa es la verdadera traducción de aquello que finamente se da en llamar, hoy en día, la “judicialización de la política”.
¿Qué esconde esta aparentemente nueva faceta? Primero y principal, la muerte de la doctrinas revolucionarias que, consecuentemente, hacen florecer la victimización como alternativa. Así, los llamados asambleistas se presentaron como víctimas. El gobierno imita. Por otra parte, la ausencia de autoridad en aquel poder que, paradójicamente, se erige como el más fuerte y audaz (el Ejecutivo) deja que aflore en el escenario el culto a lo judicial.
El crecimiento potencial del derecho como modo de regulación de conflictos se inscribe en el marco de una crisis visceral de la política, y el debilitamiento de los aparatos mediadores tradicionales como ser los partidos políticos o incluso el sindicalismo.
Como expone el analista Robert Reich, si tanta gente se siente estafada y discriminada, es porque los amortiguadores y arbitrajes clásicos se han difuminado. Cada uno queda aislado frente a la derrota de ese “Estado providencia” que supuestamente era reductor de incertidumbres y problemas.
En ese plano surge también, con fuerza inusitada, el discurso victimista como el que esgrimen los asambleístas dando preeminencia a la figura del abogado que muchas veces incita a multiplicar los derechos subjetivos en detrimento del bien común. Es menester evitar que esta corriente para “solucionar” conflictos se propague porque la consecuencia es convertir a la “victimología” en plaga nacional. De ese modo cualquiera tiene derecho a cortar calles, usurpar edificios públicos, y priorizar su problema individual en detrimento de los demás.
Siempre surgen circunstancias atenuantes: veamos, sin ir más lejos, el caso de General Villegas donde la menor abusada y filmada por mayores de edad termina presentada como la victimaria por haber incitado al mal.
Hay que tener cuidado con las llamadas “circunstancias atenuantes” porque pueden convertirse en circunstancias exculpatorias y hasta redentoras dejando que las minorías se adjudiquen derechos por el sólo hecho de sentirse diferentes.
La pregunta del millón: ¿Cómo evitar que esto suceda? Unicamente custodiando la independencia de poderes, y no dejando que el Estado maneje a su antojo y provecho el aparato jurídico sino, por el contrario logrando que éste obre como contralor y limitador de los excesos de los gobiernos que apañan ciertas manifestaciones hasta que éstas se convierten en un boomerang.
El problema también se centra en que el Estado rechaza cada vez más la culpa imponiendo modelos de indiscutida irresponsabilidad. Pascal Bruckner se pregunta y con razón: “¿Cómo aceptar el castigo o la sanción cuando ya nadie tiene sensación de infracción, y por qué practicar una virtud que todos ridiculizan?” La estrategia es hacer recaer la culpa sobre los demás, y en ese sentido es imposible discutir la habilidad que tiene el kirchnerismo.
De la noche a la mañana, apareció en escena como ajeno al conflicto que desató la pastera y se distanció del problema endilgando al Poder Judicial la solución al mismo. “Yo no fui” es el slogan que de ahora en más utilizará con más ahínco el oficialismo aún cuando para ser creíble deba entregar a sus delfines más sensibles.
De lo que se trata, en definitiva, es de imponer el llamado por tantos filósofos: “estatuto del oprimido”, y en ese contexto aparecer como víctima de corrientes insurrectas que sólo pueden ser detenidas por la justicia aún cuando ésta se halle bajo sospecha por su alto grado de dependencia.
Cabe aguardar, con escasa esperanza, que una renuncia tardía no convierta en héroe a quién fue cómplice de la desidia en materia de relaciones externas, y que un paso logrado como lo es la liberación del tránsito en los puentes que unen al Uruguay con la Argentina sea visto como solución de una autoridad que ha sido justamente quién propulsó durante más de tres años aquella medida.

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Lunes, Junio 14th, 2010
Por Gabriela Pousa
Sinonimia: Figura que consiste en usar intencionadamente voces sinónimas o de significación semejante, para amplificar o reforzar la expresión de un concepto.
Clima mundialista. Guste o no. Siempre hay opciones: un libro a mano, un canal que transmita algún documental o un CD que delite y transporte. En ese contexto hacer de la competencia deportiva un debate acerca del uso político que se le da, desde sus orígenes en 1930, no parece muy productivo. Y en el fondo esa polémica termina siendo funcional al kirchnerismo que pretende que cada partido ganado sea justamente algo más que 90 minutos de un entretenimiento masivo.
Cuando se han perdido más de seis años y desperdiciado oportunidades increíbles, un mes de tregua para la agenda política no debiera tener tanta trascendencia. A fin y a cabo, la agrupación del peronismo disidente, la negociación con Mauricio Macri que terminará jugando en esa selección si quiere tener alguna chance, la elección interna de los radicales y hasta las opciones de los Kirchner por aceitar el clientelismo que les de cierto aire, regresarán en apenas tres semanas, y la euforia del Mundial no podrá tapar nada.
En cuanto a lo deportivo, Argentina ya dio el primer paso. El gobierno no ha tenido participación alguna en ello, ni el gol del triunfo hizo que millones de ciudadanos creyeran en el índice inflacionario que ofreció el INDEC en medio de los preparativos. Si no hay discernimiento para separar el blanco del negro, la culpa dificilmente pueda ser atribuída únicamente a un Ejecutivo.
El fútbol, en definitiva, tienen limitado sus tiempos y sus efectos. Quiénes ayer fueron héroes pueden en menos de una hora terminar denostados, máxime en la Argentina donde las idolatrías son tan fútiles como efímeras. Un dato para tranquilidad de muchos: en 1986, Raúl Alfonsín salió al balcón con Maradona y la copa en alto, un año después perdía las elecciones legislativas, y antes de caducar su mandato debió dejar su cargo.
Sin embargo, hay algunas características que enmarcan el deporte que bien podrían ser contempladas incluso por aquellos que maldicen este evento por temor a que sea un nuevo lavaje de cerebro para los ciudadanos.
En primer lugar, es dable observar que en el juego de la pelota hay reglas y normas que no pueden dejarse de lado. Cualquier infracción a las mismas deriva en una amonestación que no viene secundada con teorías garantístas capaces de terminar erigiendo víctima a aquel que cometió –voluntariamente o no – el error. Por otra parte, el DT queda fuera del campo de juego. En política, en cambio, la intromisión del Estado o la autoridad en momentos impensados alterando todo el escenario no coopera a un buen resultado.
Ganar o perder no siempre depende de la habilidad y la pericia, hay un factor suerte que subyace de algún modo, y está en el equipo sacar provecho a ese “viento de cola” que hace menos pesada la pelota. Dificilmente se desperdicien ocasiones prometedoras. En contrapartida, el gobierno ha desperdiciado años de bonanza que el mercado internacional le dio a sua anchas.
Si los reglamentos deportivos existieran en la administración de un pueblo, se impedirían atropellos e insensateces como las que se suceden cotidianamente. Basta observar de qué manera en Sudafrica, los estadios no poseen rejas ni ganzúas que delimiten las tribunas. ¿Por qué acá no es factible que ello ocurra? Por la simple razón de que las penas o sanciones son consideradas represivas, tiránicas, y el respeto por la autoridad fue deshecho en pro de un falso concepto de democracia y libertad.
Allá, ni los barra bravas que la dirigencia enviara, y cuya evidencia no puede ser más clara, se atrevieron a moverse de su sitio, no cayó un solo papel a la cancha. Y es que la opción a una conducta reprochable es la cárcel, sin eufemismos y sin atenuantes.
En la primera contienda, la selección nacional obtuvo una victoria, no entraremos a dirimir si fue casual o demasiado ajustada, para eso están los especialistas. Previamente a ello periodistas deportivos, mobileros, etc. daban rienda suelta a sus tareas: “¿Quién o quiénes meterían los goles para Argentina?”. La pregunta fue hecha a sabiondos e ignorantes en la materia, casi un clásico de la previa.
Ahora bien, los nombres se repetían incansablemente: Lionel Messi, Carlos Tévez, Gonzalo Higuain y Ángel Di María eran los más mencionados. Posiblemente alguna lógica hubiera para que así sucediera. Están parados en puestos claves dentro del campo, han convertido innumerables tantos en otros campeonatos, etc., etc.
Sin embargo, el gol que le dio el triunfo a la selección argentina está vez lo marcó Gabriel Heinze, si no fue el jugador más discutido a la hora de que se entreguen las listas no estuvo lejos de ello. Ningún sondeo lo tuvo en cuenta, no estuvo en las opiniones de los hinchas, fue el jugador menos pensado. No figuraba en las encuestas…
En el 2011, a juzgar por como consideramos las elecciones los argentinos, se disputará el campeonato político. Hoy los nombres que se arriesgan son harto conocidos. Y quien sabe el gol lo termine marcando también el menos pensado… Detenernos ahora en sondeos de imagen e intención de voto es poco serio, y es más distractivo que el evento deportivo. No hay propuestas concretas a no ser que lo que se pretenda es poner fin a la dinastía kirchnerista.
Hoy por hoy, lo interesante pues sería admitir que no hay mucha idea de cómo se sacará el país adelante, y lo que se promete y está en marcha en todo caso, es un proceso de moderación y diálogo que atenúe los efectos macabros que ha de dejar esta etapa de democracia simulada. Lo demás es fantasía o predicciones con poca base científica.
Alternativas concretas no asoman a la vista, la foto del PJ disidente es una afrenta al concepto de renovación política que se agitara alguna vez en la Argentina. La seducción de una izquierda maniquea se pierde en utopías vencidas.
Este tránsito hacia una administración que puede no ser todo lo buena que se necesita pero será, sin lugar a dudas, menos perversa tiene todavía un sinfín de aristas desconocidas. Apresurarse a aventurar el desenlace es como querer definir hoy si la selección nacional llegará a la final del Mundial y, en ese caso, si el ahora héroe redentor de Gabriel Heinze durará más de una semana en su pedestal de barro.
La realidad es que los Kirchner están aún en su cargo, y lo más inteligente es prestarle atención a cada paso para no echar culpas a un deporte de aquello que puede suceder dentro de un año.

Alfonsín recibe a la selección nacional campeona del mundo en 1986
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Miércoles, Junio 9th, 2010
Por Gabriela Pousa
Exclusivo para Perspectivas Políticas.Info
Sin duda, la sociedad argentina es muy peculiar en sus modos y sus formas. Aquello que ayer la desvelara termina, en menos de 24 horas, pasando al olvido como si no hubiese existido. Los conflictos se superponen en una estrategia maniquea pergeñada por el gobierno aún cuando parezca que éste nada tiene que ver con ello.
Ningún tema es casual, tampoco los escándalos que lo salpican: hasta Ricardo Jaime es un instrumento del kirchnerismo “inmolado” para poder dar preminencia a fines más necesarios. Cómo si se tratara de un cambio de figuritas, en apariencia de una “limpieza”, un “hacer justicia” sin hacerla…
La llegada del Mundial de Fútbol que parece una salvación para un oficialismo jaqueado por la contradicción no es tampoco la panacea, y en definitiva aquellos que gustan del deporte tienen todo el derecho de disfrutar del evento, más allá del rédito o no rédito que pueda hacer de aquel el gobierno. Si el Ejecutivo se cree dueño de los goles que puedan acaecer durante el torneo, mayor será el golpe que se lleve cuando en las urnas los mismos no cuenten.
Perder o relegar hasta las pasiones más características de un pueblo que siempre ha sido futbolero no tiene sentido. Desear que la selección nacional pierda para que los Kirchner no manipulen las masas es un placebo. El remedio pasa por otro lado. No minimicemos la solución a un problema mayor. No nos auto subestimemos que para ello está la dirigencia que lo hace con habilidad indiscutida.
Nadie será más o menos kirchnerista por gritar un gol, ni el hecho de encender un televisor para ver un partido de Argentina hará que se multipliquen los votos el año próximo. Si acaso esa es la creencia que lleva a desdeñar una competencia deportiva, demos por muerta a la ciudadanía, démonos por muertos en vida. Los valores y el honor se miden por otras variables que nada tienen que ver con once jugadores corriendo detrás de una pelotita.
Perdimos tanto ya que ganar un Mundial no suma a la hora de hacer balances de ganancias y pérdidas como sociedad. Y si acaso aporta a la alegría colectiva posiblemente debamos aceptar que es una buena noticia. Ya vimos lo que ha sucedido con los festejos del Bicentenario: miles de argentinos festajando sanamente en las calles, avenidas y…, cuando empezaron a debatir quién se llevaba las loas de una fiesta cívica, las crónicas mostraron que nada había cambiado esencialmente en la Argentina.
Los sondeos de opinión que adjudican un clima mejor tras el 25 de Mayo son expresiones desesperadas, y lo que en verdad marcan, es la derrota de un Ejecutivo que no puede ofrecer más que espejitos de colores, carrozas y comparsa. Quevedo decía con indiscutida sabiduría que “puede medirse en cielo y la tierra pero jamás la mente humana”, y creer que recitales gratuitos y fuegos de artificio cambian un voto es subestimarnos como seres humanos. Al fin y al cabo, si eso sucediese la culpa no puede recaer únicamente en una administración de turno que ya dio muestras inequívocas de ineficaz y perversa.
Los argentinos oscilamos entre dos modelos sociales igualmente nefastos: el de los “mártires autoproclamados”, y el de los “infantes perpetuos”. Es decir, entre aquellos que se regodean de sus llagas, mostrándolas como trofeos; y esos otros que no maduran para no tener que asumir responsabilidades inherentes al proceso de crecimiento. En consecuencia, toma protagonismo el Estado benefactor que es acogido con beneplácito aunque, si bien se mira, se verá que sólo se beneficia a sí mismo aduciendo que nos está salvando.
Hoy por hoy, ser parte de un movimiento piquetero ofrece las “ventajas” de pertenecer a los desposeídos, razón por la cuál la limosna surge como reivindicación social cuando en rigor sólo es una cadena más que nos ata al clientelismo. Nos ofrecen un yugo y lo tomamos como si fuese un beneficio. La marginalidad pareciera que otorga una categoría superior, y es amparada por seudos movimientos anti-discriminación que hacen lobby en detrimento de la libertad del individuo.
Desde luego que la otra opción es hacerse cargo de la propia situación, pero ello acarrea deberes cívicos que carecen de prensa, y están devaluados frente al auge de los derechos humanos. La situación es compleja para el ciudadano, elegir entre dos modelos igualmente falsos anula el discernimiento, y nos condena a ser esclavos de un sistema macabro.
Si se acepta la madurez que da el pertenecer a un país con tantos golpes que es imposible considerar joven, por más que sólo haya cumplido doscientos años, entonces festejar un gol y disfrutar un Mundial no es más que eso: una coyuntura que permite divertirse sin que signifique idolatrar figuras cuyo nivel de decencia y moral son harto conocidas ya.
Si un partido ganado hace olvidar que los precios suben licuando los salarios, y que todos los días amanecemos con robos y asesinatos, la culpa no está ni en los directores técnicos, ni en los jugadores buenos o malos, y tampoco, aunque cueste aceptarlo, en un matrimonio que sin duda pretende vender lo negro como blanco. Simplificar no coopera a madurar.
La decisión es del pueblo, no del gobierno. El tema no es pues la manipulación que puede devenir de una pelota rodando en un estadio, sino la capacidad de asumirse ciudadano, y elevarse por encima de los mártires y los infantes que alimentan la faz más nefasta del Estado.
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Lunes, Junio 7th, 2010
Por Gabriela Pousa
“Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante,
sabio o chorro, generoso o estafador…” Enrique Santos Discépolo
Parece mentira, y lo más probable es que sea mentira. Lo cierto es que toda la trama que envuelve a ciertas causas de la “justicia” se asemejan increíblemente a aquellas viejas telenovelas donde se atacaba a la chica buena, y la mala disfrutaba su venganza. Claro que al final, la ecuación variaba, y el triunfo lo obtenían los protagonistas, que se amaban más allá de las condenas y obstáculos que se le interponían a lo largo de un sinfín de capítulos que, en rigor de verdad, hay que admitir, muchas veces cansaban.
En el contexto socio-político, el cansancio se está haciendo perceptible no tanto por lo largo de los procesos, las indefiniciones permanentes y la falta de originalidad para el libreto, sino sobre todo por lo fantasioso que suena el devenir de los acontecimientos, y ese acostumbramiento malsano al atropello y al maltrato.
Ayer, sin ir más lejos, jugábamos con mi sobrino menor, mientras de fondo, en la televisión pasaban flashes de un noticiero. Yo ni siquiera le había prestado atención cuando mi sobrino, sin levantar la vista del juego, me comenta: “¿Viste que nos escuchan todo lo que hablamos?”
Recien entonces caí en la cuenta que el avance televisivo había hecho mención a la causa de las escuchas en el marco del gobierno de la ciudad. Lo triste es que, para un chico con apenas 12 años recien cumplidos, la historia de los espías y los teléfonos es percibida con una naturalidad que horroriza o debiera horrorizarnos, si acaso los adultos mantenemos aún algún atisbo de madurez cívica y de sano juicio.
Así las cosas, las generaciones que han de sucedernos están creciendo en un ambiente viciado, creyendo que la conducta más conveniente es resignarse a aceptarlo, pues eso es lo que ven en quienes los rodeamos.
Ahora bien, comencemos por aceptar una premisa: no hay casualidades cuando se trata de causas judiciales politizadas, o mejor dicho de causas políticas “judicializadas”. Esa similitud con las ficciones televisivas está sin sutilezas, pergeñadas por mentes maniqueas. De ese modo, el sólo hecho de hablar de Justicia es una irreverencia.
Debería únicamente hacerse alusión a parodias o tragicomedias donde intervienen “magistrados” que han tirado por la borda no sólo cinco o seis años de carrera sino el juramento final, aboliendo de esa forma cualquier atisbo de ecuanimidad.
Los expedientes se transforman en libretos guionados donde aquello que se dijo no coincide jamás con lo que se ha actuado. El correveidile tiene más valor que la declaración del demandante o la del demandado. Las indagatorias llegan cuando la condena ya está puesta, y la presunción de inocencia queda abolida como la esclavitud en Norteamérica. Y con esto no estamos diciendo que no haya habido delito, sino que la manipulación política es tanta que ni siquiera queda claro si es justo o no que alguien sea juzgado.
Las pruebas terminan siendo obsoletas o a veces grotescas. Alcanza con la aparición de un “arrepentido” cualquiera, o un simple extra que irrumpa en escena denunciando, para que su recitado sea considerado válido e indiscutible para el letrado.
Lo que sigue es harto conocido, lo vemos a diario: jueces expuestos al show mediático como estrellas televisivas. Las luces de neón, los flashes, los micrófonos, y toda la parafernalia de la exposición pública le saca la mítica venda a la estatua para ponérsela a quién firma la sentencia.
El mayor error es creer que la única víctima es aquel que se sienta en el banquillo de los acusados, cuando en rigor de verdad, la sentencia cae como un tsunami sobre toda la sociedad: se ha perdido la decencia y con ella, la libertad.
Posiblemente es un solo individuo el que termina encarcelado pero las rejas se levantan, visibles o no, ante el grueso de los ciudadanos que siguen en su rutina, sin advertir que quizás hay una fecha en el calendario para erigirlos también a ellos, protagonistas kafkianos de una “Justicia” que hace mucho ya, se divorció de Ulpiano.
Jueces con más denuncias y sospechas que los procesados se hallan al frente de esas causas armadas, actuando con una impunidad que otorga cierta sensación de ser a perpetuidad. Pero lo perpetuo no tiene cabida en lo terrenal, menos todavía en la cíclica política argentina donde las lealtades son utopías, y los hombres mercancía.
El acto procesal de la recusación –tenga argumentación concreta o no -comienza a causar risa. La mancha a la honra no desvela por cuánto la honradez en esta Argentina no es más un valor con preeminencia, y el descrédito gratuito no recibe ni una disculpa pública ni un desagravio que soliviante siquiera la amargura de sentirse sospechado cuando se ha sido inocente desde el vamos.
Que en estos días, desde miembros de la Corte Suprema de Justicia hasta dirigentes de los más diversos frentes tengan que salir a definir cuál es el rol del Poder Judicial de la Nación habla a las claras de las desviaciones del sistema.
La dependencia que genera un Ejecutivo con ambición hegemónica de poder, frente a una oposición sumida en problemáticas internas e individualismos mezquinos, no permite que aflore un contralor que asegure el cumplimiento de las reglas de juego republicanas más básicas.
Por todo lo dicho, en muchos casos, la bajada del emblemático martillo hoy no significa nada. Y la gravedad que eso entraña aún no es percibida, con conciencia plena, por el grueso de la ciudadanía amenazada en lo más sagrado: la dignidad, la presunción de inocencia y la libertad como valor supremo en un Estado de derecho.

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Sábado, Junio 5th, 2010
Programa del jueves 03 de junio de 2010 en FM IDENTIDAD 92.1
Con la conducción de Gabriela Pousa.

Programa del jueves 03 de junio de 2010. Con la conducción de Gabriela Pousa. Entrevistas a Roberto Cachanosky y Mariel Fornoni, Directora de Managment & Fit. Análisis socio-político de coyuntura: Las rarezas de la sociedad argentina.

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Lunes, Mayo 31st, 2010
Por Gabriela Pousa
Previsible. Los Kirchner quieren el rédito político de la fiesta del Bicentenario. Ya circulan encuestas sosteniendo que “la gente se halla más feliz” tras los recitales en la avenida 9 de Julio, y los shows montados para ese fin. No es nueva la fórmula: “pan y circo” son expresiones que vienen acunándose en lo político desde tiempos inmemoriales. Muchas veces dio resultado.
«Panem et circenses»: La frase fue creada en el siglo I por el poeta romano Juvenal, y se encuentra en su Sátira X. Describía la costumbre de los emperadores romanos de regalar trigo y entradas para los juegos circenses como forma de mantener al pueblo distraído de la política. Cuentan las crónicas que Julio César mandaba distribuir trigo en forma gratuita a unos 200.000 beneficiarios. Tres siglos más tarde, Aureliano continuaría la costumbre repartiendo a 300.000 personas dos panes gratuitos por día.
Los Kirchner no han inventado nada. Tampoco puede juzgárseles en demasía por desear un triunfo mundialista para repetir la contienda. Son recetas harto conocidas, y cuando la realidad no coopera a mantener la alegría masiva, echar mano a ella es, por excelencia, la medida más demagógica y populista.
La política se ha reducido a episodios meramente emocionales tal como sostenía Giovanni Sartori al hablar de una sociedad teledirigida. En ese contexto, la televisión favorece -voluntariamente o no-, a la “emotivización”. Muestra sucesos conmovedores, nos involucra a todos en los festejos hayamos o no estado, o participado en ellos.
Los argentinos se apasionaron con los diferentes flashes del pasado fin de semana largo. Se apeló a términos indiscutidos: un pueblo unido, la fiesta de todos, etc. Nadie quiere quedar afuera. En una época en la cual la necesidad de pertenencia es magnánima, el manejo comunicacional de los acontecimientos conmemorativos fue decisivo.
El silencio sepulcral de la oposición mostró a las claras hasta qué punto, la manipulación de mensajes fue efectivo.
La palabra produce siempre menos conmoción que la imagen, y al día de hoy, las imágenes de los recitales y shows siguen propagándose por la mayoría de los canales. Nada es fortuito. En medio de fuegos artificiales, espejitos de colores y acróbatas nunca antes vistos, la pasión produce su sinergia y vence a la razón. Como sostiene Sartori “la política emotiva provocada por la imagen, solivianta y agrava los problemas sin proporcionar absolutamente ninguna solución. Los agrava.”
Pero el gobierno no atiende teorías, mucho menos foráneas y escritas. Se queda en la algarabía del momento creyendo que la misma se ha de estirar en espacio y tiempo. Para los comicios presidenciales falta, sin embargo, más de un año. ¿Cómo mantener el espíritu emotivo del pasado 25 de Mayo? En la búsqueda de esa respuesta se concentran quienes frecuentan Balcarce 50. Es la orden impartida.
Cómo aspiración, puede que sea genuina pero como realidad es practicamente una utopía. Sin duda, la metodología para conseguir efectos similares apunta a un aumento indiscriminado del gasto público, una posibilidad que puede durar, sin dañar a la ciudadanía en forma directa, lo que dura un castillo de arena.
Cuando McLuhan acuñó el concepto de “aldea global” para sostener que la televisión anula las distancias y tiene potencialidades globales olvidó que la mitad del planeta no tiene acceso a ella, lo que implica que existe un porcentaje de personas en una geografía que le es propia, y a la cual los destellos de la magia festiva no la tocan.
Lo mismo ocurre en Argentina: “pan y circo” no llegan a todos de igual forma, y en la mayoría de los casos, todo queda en la superficie, en la imagen del plasma comprado en cuotas. Y quizás en el “on/off” se esconda el enigma. El inefable botón no falta en ninguna televisión…
En el día a día, la realidad es otra. Las imágenes no las vierte una pantalla sino la pupila. La televisión reduce la vida a primeros planos: una casa, un grupo de fanáticos bailando al compás de su banda preferida, una calle, una avenida. No va más allá. Por ello, y sin ir más lejos, no se vió el pasado aniversario de la revolución la cantidad inusitada de argentinos durmiendo a la intemperie a lo largo de Paseo Colón, pocos metros apenas del epicentro del show.
Para pasar el tiempo es posible que los ciudadanos alberguemos esas causas como propias, festejemos un gol bien hecho, gocemos del circo del día, pero en cuanto esas causas lejanas y efímeras afectan el bolsillo, la propia vida y nos atacan en primera persona, regresa la defensa de “lo mío” y se desvanece la noción de “gran patria redentora”. La Patria pasa a ser otra cosa.
A lo sumo se conforma un microclima, un grupo con el cuál se comparte la realidad propia, pero se sale de la ficción colectiva y se entra en la cotidianeidad que nos roza.
La pregunta del millón es pues, ¿cómo harán los Kirchner para adentrarse en ese día a día, cuando la gente perciba que todo el pan y todo el circo no es gratuito sino que esta siendo pagado por nuestros bolsillos? ¿De qué manera mantener la ficción global en un país que para las elecciones ya habrá olvidado las luces de colores iluminando la Pirámide de Mayo?
Desde luego que las obstinaciones de Néstor Kirchner se viven como órdenes, y eso le da razón de ser a la creación de un multimedios propio, de una TV digital “para todos”, y de un reajuste de la señal de un engranaje comunicacional que no ha dejado de ser eficaz aunque haya dejado ya de ser un potencial peligro para la sociedad.

Nota www.economiaparatodos.com.ar
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Miércoles, Mayo 26th, 2010
Video/Narración de Lalo Mir
Original, creativa narración y compilado de imágenes que resumen el bicentenario de la Argentina. Relatado por el locutor Lalo Mir fue transmitido por el canal de cable TN, en el marco del programa “Palabras + Palabras -”, el pasado 26 de Mayo de 2010.

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Miércoles, Mayo 26th, 2010
Por Gabriela Pousa
Si la Argentina fue capaz de lograr una reapertura del teatro Colón como la vivida horas atrás, no todo esta perdido. Posiblemente se dirá que es apenas un gesto entre un millón de cosas sin hacer, y otras tantas deshechas a lo largo del camino, pero son los pequeños gestos los que marcan las grandes diferencias.
Y esta vez, las diferencias estuvieron bien delimitadas: la gente, el pueblo, dejó de lado la conducta de sus dirigentes y supo estar a la altura de las circunstancias. Ejemplos que es cierto, sin falsedades y lamentablemente, con el tiempo no suelen servir para un ápice.
Probablemente, la conciencia del festejo, los motivos no eran comunes a los miles de argentinos que se volcaron a las calles, y ese hecho solamente demostró en principio la necesidad de vivir, aunque más no sea un par de días, en un estado de paz y de alegría. Como fuera, el mensaje para la dirigencia es de una transparencia supina.
Queda, desde luego, el inefable interrogante dando vueltas: ¿sabrán los políticos hacer una lectura correcta del mismo? Las dudas sobrevuelan. Es difícil olvidar la jurisprudencia en la materia.
La ausencia de la Presidente en el Colón, el Tedeum en la Basílica de Luján, la apertura y cierre de los diferentes eventos puso de manifiesto que los Kirchner están empacados en tener su propio calendario, y más aún, su Argentina en exclusiva. Una geografía donde las cámaras no se distraigan de sus siluetas, donde la compra-venta de aplausos de resultados, y donde, en definitiva, sean los únicos protagonistas. A un costo desmedido lo vienen logrando.
No hay demasiada diferencia entre los Kirchner y el mediático Ricardo Fort: ambos necesitan del estrellato para sentirse vivos. Flashes, custodios, ostentación, y una trama de enredos y ficciones en torno a ellos que los posiciona en los programas de chimentos más que en los noticieros.
Nadie descifra con certeza qué es verdad y qué es mentira de lo que hacen y dicen día tras día. El menemismo quedó tan deslucido que ya los noventa resultan berretas, paupérrimos.
Lo cierto es que el Bicentenario marcó a las claras la Argentina real de la Argentina K, el país de la gente y el país virtual que no termina de imponerse por más esfuerzo y dinero que gasten los dirigentes. ¿Sabrá Cristina que quienes colmaron la avenida 9 de Julio no son votos sino humanos? Tratar de confundirse debe ser la tarea más ardua que encara en estos días. La algarabía es efímera, pasajera, furtiva.
De acá a un año, para la gran mayoría, el bicentenario será apenas un recuerdo, la emoción quizás de haber visto al cantante favorito en vivo. La patriada cívica se desvance rápido frente a la especulación política.
Si de algo ha dado muestras fehacientes el oficialismo es de su impericia para mantener la unión que se vió a simple vista en cada esquina durantes estos últimos días. Apagadas las luces de la gran fiesta, la lógica prevé un regreso a las calles como botines de guerra.
Aún cuando la fecha patria logro abrirse camino entre las miserias cotidianas, no fue posible ocultar la decadencia de unas Fuerzas Armadas destruidas por la desidia y por una inexplicable venganza.
El miedo esta vez no lo sintió el que piensa distinto, el disidente, sino el propio Ejecutivo ausente a la hora de mantener la frente alta al ver pasar los restos de lo que fuera un Ejército, una Marina, una Armada. Si acaso no fue temor y fue vergüenza aquello que motivó la ausencia, habría al menos una señal de coherencia y conciencia…
La sociedad, en contrapartida, aplaudió espontánea los uniformes que le dieron, ni más ni menos que razón de ser y vida a esto que llamamos Patria. El ejemplo no siempre viene de arriba. Lo triste es que la enseñanza dificilmente moficique nada. Son muchos los años de observar que para el oficialismo, la confrontación es su concepción política por antonomasia.
Que los ciudadanos hayan festejado con hidalguía una fecha de trascendencia es un buen síntoma, pero no habilita a esperar cambios de una dirigencia que no supo estar a la altura de los acontecimientos, ni demostrar, aunque sea para la “gilada”, que una imagen vale más que mil palabras. Y no hablamos, precisamente, de la del Che Guevara colgada al lado de la del Libertador de la Patria.

Nota www.economiaparatodos.com.ar
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Viernes, Mayo 21st, 2010
Programa del jueves 20 de mayo de 2010 en FM IDENTIDAD 92.1
Con la conducción de Gabriela Pousa.
Entrevistas a Ernesto Kritz (director de SEL - Sociedad de Estudios Laborales) y José Luis Espert (economista).
Audio Programa de Radio del 20 de Mayo de 2010: Los conflictos salariales y la crisis económica mundial en relación con la Argentina.

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